La generación Z representará el 25% de la población mundial en 2030. Ya no es el “futuro”: es el presente. Está en el mercado laboral, toma decisiones de consumo y exige a las marcas algo más que funcionalidad.
Sin embargo, muchas empresas siguen sin entender cómo conectar con ellos. Para arrojar luz sobre esta realidad, en el podcast NO LIMITS | Historias de Negocios de Diario AyE hablamos con Álvaro Justribó, fundador de Mazinn, una consultora generacional especializada en ayudar a las organizaciones a interpretar, entender y conectar con la cultura de las nuevas generaciones.
Mazinn: datos, comunidad y estrategia para entender a la Gen Z
Mazinn nació hace casi una década en el entorno universitario, cuando Justribó y su socio detectaron un problema claro: las organizaciones tenían dificultades para entender a los jóvenes y nadie estaba abordando ese reto de forma especializada.
Hoy, la consultora se apoya en un modelo diferencial basado en tres pilares:
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Datos propios, generados a través de una comunidad de más de 20.000 jóvenes en España.
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Un equipo 100% Gen Z, que trabaja desde dentro de la generación.
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Una metodología estratégica propia, que combina investigación cualitativa y cuantitativa con planes de acción medibles.
“No nos quedamos en decir cómo son los jóvenes, sino en qué tiene que hacer la marca para conectar con ellos”, explica Justribó.
La generación del “más” y de las contradicciones
Uno de los grandes errores que cometen las empresas es simplificar a la generación Z. Según el fundador de Mazinn, es la generación “del más”: más estímulos, más ruido, más cambio y más polarización.
También es la generación de los “versus”. Jóvenes que quieren identidad propia, pero también pertenecer a un grupo. Que buscan sostenibilidad, pero no siempre están dispuestos a pagar más por ella. Que valoran lo artesanal, pero exigen inmediatez.
Para las marcas, esto supone un reto enorme: entender que el joven puede moverse en ambos extremos y que no se trata de cambiarle, sino de acompañarle en esa complejidad.
No se puede conectar con todos los Z a la vez
Uno de los conceptos clave que defiende Mazinn es la clasterización. No existe “la” generación Z como un bloque homogéneo. Dentro de ella hay comunidades, estilos de vida, aspiraciones y realidades económicas muy distintas.
Por eso, el primer paso no es “hablarle a los jóvenes”, sino identificar con qué segmento concreto puede conectar una marca y desde qué ángulo. Intentar gustar a todos, advierte Justribó, es el camino más rápido hacia la irrelevancia.
Talento joven: salario, feedback y micro avances
En el ámbito empresarial, Mazinn también trabaja la conexión con el talento joven. Y aquí desmontan otro mito: el salario sí importa, y mucho.
Pero junto al salario aparece una nueva exigencia: feedback constante y evolución profesional visible. La generación Z, acostumbrada a estímulos continuos en el entorno digital, espera micro avances, hitos frecuentes y sensación de progreso constante en su carrera profesional.
Las empresas que mantengan modelos rígidos de evaluación anual pueden quedarse atrás frente a organizaciones más ágiles y adaptativas.
El caso IKEA: de notoriedad a relevancia
Uno de los ejemplos más claros del trabajo de Mazinn es su colaboración con IKEA. Aunque la marca tenía una altísima notoriedad entre los jóvenes, estaba perdiendo relevancia emocional.
La clave estuvo en cambiar el enfoque: dejar de hablar solo de “vivienda” para hablar de “hogar”, y conectar con las “primeras veces” que marcan la vida de los jóvenes —la primera mudanza, el primer piso compartido, el primer empleo—.
El resultado: IKEA ha logrado mejorar su posicionamiento en estudios de relevancia entre la generación Z, demostrando que escuchar al joven y adaptar la estrategia funciona.
¿Está infravalorada la generación Z?
A nivel social, Justribó cree que existe mucho ruido y desconocimiento alrededor de los Z. Es una generación que vivió la pandemia en un momento clave de construcción personal y que ahora busca recuperar experiencias perdidas.
Además, lejos de ser poco comprometida, muestra altos niveles de implicación cuando percibe impacto directo y tangible. “No es que no quieran involucrarse, es que necesitan ver la acción y la evidencia”, señala.
Los retos de Mazinn en 2026
De cara al futuro, Mazinn se marca tres grandes objetivos:
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Consolidar su equipo y fortalecer su cultura interna.
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Desarrollar una herramienta tecnológica que permita a los clientes interactuar con su base de conocimiento.
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Seguir ampliando y diversificando su comunidad de jóvenes para aumentar la representatividad de sus estudios.
Porque, como resume su fundador, entender a la generación Z ya no es opcional para las empresas: es una cuestión de supervivencia.
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