- ¿A partir de qué cantidad de ingresos conviene plantearse pasar a sociedad?
- Otras cuestiones que también realizan los autónomos para saber si constituir una sociedad
Muchos trabajadores por cuenta propia enfrentan una duda cuando se deciden a emprender: darse de alta como autónomo persona física o constituir una empresa. Esta cuestión va a depender de diferentes factores, e incluso es posible que durante el trayecto de la actividad por cuenta propia, el autónomo deba pasar de una figura a otra.
Este es el caso cuando se generan grandes ingresos y los trabajadores por cuenta propia deciden montar una sociedad para reducir la carga fiscal o cuando se quiere limitar el riesgo sobre el patrimonio personal.
No se trata de una decisión aislada: desde 2021, tres de cada cuatro nuevos trabajadores por cuenta propia que se dan de alta son societarios. De hecho, cada año aumenta el número de autónomos societarios frente al resto de figuras, una tendencia que demuestra la necesidad del colectivo de obtener mayor seguridad y minimizar riesgos al emprender.
Pero, ¿a partir de qué cantidad de ingresos es recomendable que un autónomo pase a societario? ¿Hay otros aspectos que también habría que tener en cuenta al tomar esta decisión? Dos expertas en derecho tributario y fiscalidad aclaran todas estas dudas.
¿A partir de qué nivel de ingresos debería pasar un autónomo a SL?
Según explicó a este medio Ángela Cal, Business Director de la asesoría fiscal y legal Talenom en Galicia y Asturias, no hay una cifra única, pero empieza a tener sentido estudiarlo cuando el beneficio neto anual recurrente se sitúa por encima de los 40.000 o 50.000 euros.
La clave no estaría solo en la cantidad que se percibe, sino en qué se hace con ese beneficio. “Si el autónomo necesita retirar casi todo para vivir, la ventaja fiscal de crear una sociedad se reduce mucho, ya que tendrá que llevar todo este rendimiento a la Renta. En cambio, si puede reinvertir parte en el negocio, planificar su retribución o dejar beneficios en la empresa, la sociedad empieza a ser una alternativa interesante”.
En este caso, es fundamental conocer cómo tributan los ingresos del socio en una sociedad. El trabajador por cuenta propia no cobra todos los ingresos como autónomo, sino que puede estructurarse de la siguiente forma:
- Dividendos.
- El socio sigue siendo un trabajador por cuenta propia (bajo contrato mercantil), no por cuenta ajena. Por tanto, una de las vías para que los ingresos de la sociedad lleguen al socio de alguna forma es mediante dividendos. Tributan en Renta, pero por la base del ahorro al ser considerados rendimientos del capital mobiliario, por lo que se pagan impuestos a tipos más bajos que los tramos altos de la base general del Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas (IRPF).
- Beneficio que se queda en la empresa.
- Tributa solo en el Impuesto sobre Sociedades, con tipos menores que en Renta.
- No pasa al IRPF hasta que se reparte vía dividendos a los socios.
- Nómina como socio trabajador o emisión de facturas a la sociedad en los casos de socios profesionales.
- Es un gasto deducible para la empresa.
- Tributa en el IRPF del socio.
La sociedad puede ser más ventajosa cuando parte de los beneficios se quedan en la empresa
“A partir de ahí, hay que tener en cuenta hasta qué punto es más ventajoso montar la sociedad mediante la planificación fiscal: ajustar cuánto se cobra cada año, si es posible reinvertir en crecimiento, y evitar que todo el beneficio salte a los tramos más altos del IRPF haciendo que deje de ser rentable o se vuelva difícil mantener la sociedad”. Como añadió Cal, la sociedad es más beneficiosa fiscalmente cuando el socio no necesita llevarse todo el beneficio a casa cada año.
Otra experta en derecho tributario, Sandra Hernanz, destacó que, en el caso del autónomo persona física, tributan todos sus ingresos por la base general del IRPF. De esta forma, si alcanza un nivel importante de ingresos, hay que tener en cuenta que los tramos superiores tributan al 37%, 45% y 47%. “Si el trabajador por cuenta propia alcanza un volumen de ingresos que le hace alcanzar en Renta cada ejercicio tipos superiores al 30%, ya sería recomendable pasar a sociedad”.
Si el autónomo pone en marcha la sociedad y es una empresa de reciente creación, tributa al 15% los tres primeros años, y, si no lo es, las micropymes tributan actualmente al 21% por los primeros 50.000 euros y al 22% por los ingresos entre esta cantidad y el millón de euros.
Si facturan más de un millón y menos de diez, al 24%. De todos modos, los tipos se volverán a reducir para el Impuesto de Sociedades de 2026 y el de 2027. Adicionalmente, Hernanz también aclaró que hay que diferenciar entre la persona física y la jurídica, sabiendo que existen una serie de requisitos que hay que cumplir para justificar la puesta en marcha de una sociedad.
Cuando un emprendedor crea una sociedad, es la empresa la que se lleva los ingresos, no el autónomo. Ahora bien, según recuerdan las expertos, no todos los emprendedores pueden convertirse en SL. Esto suele ocurrir cuando el negocio es personal y no se nutre la actividad de los medios necesarios, como empleados e infraestructura suficiente.
Otros factores a tener en cuenta para pasar de autónomo a SL
¿Es recomendable pasar a SL si se contratan a empleados?
Incorporar trabajadores puede ser otro aspecto que haga al autónomo plantearse la opción de pasar a sociedad. En opinión de ambas expertas, no es obligatorio crear una sociedad para contratar. Eso sí, apuntan que a medida que se incorpora equipo, la Sociedad Limitada (SL) es la alternativa indicada.
Según explicaron las expertas, «la fórmula societaria facilita la organización del crecimiento y transmite más estabilidad y estructura a trabajadores y clientes. Además, ayuda a separar la figura personal del empresario del proyecto empresarial”.
Aunque sigue siendo viable mantenerse como autónomo, lo cierto es que los empleados aumentan el riesgo laboral y la responsabilidad del empresario. En este contexto, la SL ayuda a delimitar riesgos, aunque no blinde al 100%.

Protección del patrimonio personal
En cuanto a la protección del patrimonio, cabe recordar que muchos trabajadores por cuenta propia prefieren constituir una empresa porque ofrece una mayor protección de las pertenencias en caso de deudas. El autónomo responde con todo su patrimonio, mientras que en la sociedad se limita al importe del capital social.
Esto es especialmente relevante cuando el emprendedor cuenta con un patrimonio importante. La responsabilidad en caso de la empresa se limita al capital aportado (con matices para el administrador), y, aunque no es un escudo absoluto, sí es una capa de protección relevante.
¿Es más recomendable ser societario por los incentivos fiscales?
Para Ángela Cal, más que por los incentivos, la ventaja real está en la capacidad de planificación: en que es posible elegir el sueldo (dentro de unos límites), y decidir cuánto se deja en la empresa, cuándo se reparten dividendos y cómo se reinvierte el beneficio. “La SL es una estructura para gestionar mejor el crecimiento del negocio y planificar una mejor optimización fiscal”.
Otras ventajas de pasar la SL
Aunque no se alcance el umbral de 40.000 o 50.000 euros de beneficio, «hay casos en los que conviene crear una sociedad antes por motivos estratégicos o de protección”, según apuntó Cal.
Esto sucede, en primer lugar, cuando hay un riesgo legal de la actividad. Por ejemplo, en el caso de empresas que tengan riesgo de reclamaciones (consultoría tecnológica, gestión de datos, reformas, servicios técnicos, contratos con penalizaciones económicas). “En algunos sectores, la forma societaria es un requisito práctico para operar con determinados clientes. La SL contribuye a acotar el impacto de un problema legal o económico sobre el patrimonio personal”.
A su vez, resaltó que es habitual que grandes empresas y administraciones prefieran contratar con sociedades. Además, las licitaciones, acuerdos marco y proyectos corporativos suelen requerir SL y muchas convocatorias de ayudas y programas de crecimiento presentan una mayor orientación a empresas que a autónomos.
También explicó que la sociedad tiene ventajas por encontrar un acceso más fácil a financiación bancaria e inversión, una imagen de mayor profesionalización, o más facilidad para alcanzar acuerdos con partners y proveedores. También de cara a clientes internacionales, puesto que ”la SL es una figura más comprensible fuera de España”.




