Crear empleo en España se ha convertido en una tarea cada vez más costosa para autónomos y pequeños negocios. En la última década, los costes laborales no salariales –fundamentalmente cotizaciones sociales– han aumentado cerca de un 28%, según los datos del último informe de la Fundación Civismo. Una cifra que está por encima del aumento de los salarios.

Según recoge este estudio, el encarecimiento responde a la acumulación de varios factores como las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), el aumento de las bases de cotización, la introducción de nuevos recargos como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional y el impacto de la inflación.

“Los costes laborales han subido mucho y están desincentivando la creación de puestos de trabajo, especialmente entre las pymes”,  explicó Albert Guivernau, director de la Fundación Civismo en una conversación con este medio.

  1. Factores que han encarecido los costes laborales de las pymes en la última década
  2. Más de una cuarta parte de lo que paga el empleador no llega al trabajador
  3. Los costes salariales suben más que la productividad
  4. Autónomos y pymes no tienen capacidad para absorber los sobrecostes salariales
  5. Las cuotas sociales estarían restando competitividad a las pequeñas empresas

Factores que han encarecido los costes laborales de las pymes en la última década

El informe, elaborado por el Centro de Análisis de la Sostenibilidad del Modelo Económico (CASME), pone el foco en el periodo 2015-2025 y describe un proceso gradual de encarecimiento del empleo, más que un aumento abrupto derivado de una única medida.

Según señaló Guivernau, «en estos diez años se han introducido mecanismos como el de equidad intergeneracional, se han incrementado las cotizaciones por ley y, además, la subida de salarios eleva automáticamente las cotizaciones asociadas” .

Tras una primera etapa posterior a la crisis financiera marcada por la contención salarial y una relativa estabilidad de los costes laborales, el punto de inflexión se produce a partir de 2018. Según recogen los expertos de Civismo, fue ese año cuando se empezaron a encadenar las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Estos incrementos tuvieron un efecto directo sobre las bases mínimas de cotización, que se han elevado un 75% entre 2015 y 2025.

El informe subraya que este aumento no vino acompañado de una subida equivalente de los tipos formales, sino de un cambio progresivo en las bases sobre las que se calculan las cotizaciones. En paralelo, la base máxima creció un 34% en el mismo periodo, elevando también el coste de los trabajadores con salarios más altos.

A partir de 2021, los analistas de la Fundación identifican también el impacto de la inflación, que incrementó de facto la presión fiscal sobre el trabajo en un contexto de deflactación limitada de impuestos. 

A este escenario se sumó, en los últimos años, la introducción del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), un recargo permanente sobre las cotizaciones que en 2025 ya alcanza el 0,8%.

Todo este recorrido lleva a los expertos a concluir que el encarecimiento de contratar no responde a una medida aislada, sino a la acumulación de factores normativos y macroeconómicos que, en conjunto, han hecho que “el coste final para los negocios sea claramente mayor”, en palabras de Guivernau.

Evolución de las bases de cotización de los empleados
Evolución de las bases de cotización de los empleados (Fuente: Fundación Civismo).

Más de una cuarta parte de lo que paga el empleador no llega al trabajador

Los datos analizados por Civismo muestran esta evolución. En el segundo trimestre de 2025, el coste laboral medio por trabajador se situó en 3.256 euros al mes, de los cuales 2.416 euros corresponden al salario y 840 euros a otros costes, principalmente cotizaciones sociales.

“Lo que observamos es que han crecido más los costes no salariales que los salariales”, resumió el director de Civismo, al analizar unos datos que reflejan que más de una cuarta parte del coste total de un empleado no llega finalmente a su nómina.

En la Fundación han calculado que, mientras el salario ha aumentado alrededor de un 22% desde 2015, los costes no salariales lo han hecho cerca de un 28%.

Un desequilibrio que, a juicio de Guivernau, “el pequeño empresario soporta con pérdida de productividad y de competitividad”.

Los costes salariales suben más que la productividad

El informe advierte de que este encarecimiento del empleo no ha ido acompañado de una mejora similar en productividad. Según sus estimaciones, entre 2015 y 2025 la productividad por hora trabajada apenas ha crecido un 1,7% anual, mientras que los costes laborales unitarios lo han hecho a un ritmo cercano al 2,5%.

Esta divergencia ha generado una pérdida acumulada de competitividad de más de ocho puntos frente a la media de la eurozona, una brecha que afecta especialmente a las pequeñas empresas, con menos margen para absorber sobrecostes.

“En los últimos diez años, los costes salariales y los derivados del salario han subido unos ocho puntos más que la productividad”, advirtió el economista. “Cuando los costes crecen más rápido que la productividad, se pierde competitividad, y eso se acaba notando en cierres de negocios y pérdida de autónomos”, insistió.

Tipos y bases de cotización vigentes en 2025. (Fuente: Fundación Civismo)
Tipos y bases de cotización vigentes en 2025 (Fuente: Fundación Civismo).

Autónomos y pymes no tienen capacidad para absorber los sobrecostes salariales

El autónomo paga cada vez más cotizaciones y costes, pero muchas veces no puede trasladar esa subida de precios al consumidor porque las familias no tienen capacidad para asumirla”, reflexionó Guivernau. “Al final, ese aumento de costes se lo come el propio autónomo o la pyme”.

De acuerdo con el informe de la Fundación Civismo, son estas pequeñas empresas las más expuestas a una combinación de cotizaciones crecientes, productividad estancada y menor capacidad financiera para absorber sobrecostes.

El resultado es que se acumulan “desincentivos muy claros para contratar y también para dar el salto del autoempleo a tener una pequeña plantilla”, valoró Guivernau. Una situación que, según recoge el estudio, afecta de forma especial a las pymes, que representan más del 95 % del tejido productivo y concentran buena parte del empleo asalariado en España.

Las cuotas sociales estarían restando competitividad a las pequeñas empresas 

Para comparar la situación con lo que ocurre en nuestro entorno, la Fundación Civismo alerta de que los negocios españoles soportan una cuña fiscal sobre el trabajo del 40,6%, un indicador que mide la diferencia entre lo que paga la empresa por un trabajador y lo que este recibe finalmente en su salario neto. 

Se trata de una de las cifras más elevadas de la OCDE, cuya media se sitúa en el 34,9%, pese a que España presenta salarios y niveles de productividad inferiores a los de buena parte de su entorno europeo.

En este sentido Guivernau recordó que existen economías comparables que han seguido un camino distinto. “Países como Irlanda partían hace tres décadas de una situación similar a la española y hoy tienen un PIB per capita muy superior, gracias a un mayor crecimiento de la productividad y del empleo”, señaló el economista, frente a una economía española que ha avanzado mucho menos en términos de renta por habitante.

“El riesgo es volver cronifico un modelo en el que el empleo formal se encarece cada año sin que mejore el retorno económico”, resumió Guivernau. “En ese contexto, crear empleo se convierte más en un ejercicio de resistencia que de crecimiento”.

El informe concluye que, mientras no se corrija la brecha entre costes laborales y productividad, autónomos y pymes seguirán siendo quienes carguen con el mayor peso del sistema, en un mercado laboral cada vez más exigente para los pequeños negocios.