La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, aseguró esta semana que el nuevo sistema de control horario digital obligatorio para empresas y autónomos con empleados se encuentra ya en su fase final. Y que el Gobierno sigue adelante con su aprobación, pese a las diferencias internas con otros ministerios. La norma obligará a implantar un registro de jornada digital, objetivo y accesible en tiempo real para la Inspección de Trabajo, lo que supondrá nuevos costes y mayores obligaciones para miles de pequeños negocios.
Según reconoció la propia ministra, el Ejecutivo decidió desligar este decreto de la fallida reducción de la jornada laboral, que no logró apoyo parlamentario, para poder así sacarlo adelante de forma independiente en 2026. De este modo, Trabajo evita una reforma del Estatuto de los Trabajadores y apuesta por un Real Decreto específico, más sencillo desde el punto de vista normativo, pero con un impacto directo en la gestión diaria de pymes y autónomos empleadores.
El anuncio reabre un debate que ya generó una fuerte contestación empresarial durante su fase de audiencia pública: la obligación de usar sistemas digitales homologados, no manipulables y conectados con la Inspección, frente a los actuales registros en papel o herramientas internas. Un cambio que, según alertan organizaciones empresariales, implicará más costes, más vigilancia y menos margen de flexibilidad para los pequeños negocios.
- Díaz dice que el nuevo control horario está a punto “de culminarse” pese a la reticencia de Economía
- Una inversión en nuevas aplicaciones para la mayoría de pymes
- Los cambios que podrían entrar en vigor en 2026 con el nuevo control horario digital
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Díaz dice que el nuevo control horario está a punto “de culminarse” pese a la reticencia de Economía
La ministra de Trabajo afirmó que el nuevo control horario digital “se está culminando”, confirmando así que el Gobierno no ha renunciado a una de las reformas laborales más polémicas de la legislatura. Díaz defendió que el objetivo es reforzar el cumplimiento de la jornada laboral y combatir las horas extra no pagadas, una de las prioridades históricas de su departamento.
Estas declaraciones llegan en un contexto de tensión dentro del propio Gobierno, ya que el Ministerio de Economía ha mostrado reticencias al alcance de la norma, especialmente por su impacto sobre las pymes. Sin embargo, Trabajo ha optado por seguir adelante, convencido de que el decreto puede aprobarse sin necesidad de pasar por el Parlamento si se articula como desarrollo reglamentario de la normativa vigente.
El origen de esta medida se remonta a la obligación de registro horario introducida en 2019, que exigía a las empresas llevar un control diario de la jornada. Desde entonces, Trabajo ha considerado insuficiente su aplicación práctica, al entender que muchos registros son fácilmente manipulables o carecen de fiabilidad real.
Una inversión en nuevas aplicaciones para la mayoría de pymes
Por ello, el nuevo decreto busca dar un salto cualitativo: pasar de un registro “formal” a un sistema digital estandarizado, con trazabilidad completa, conservación obligatoria de los datos y acceso inmediato para la Inspección de Trabajo, sin necesidad de requerimiento previo.

Para las pymes y autónomos con empleados, esto supone un cambio estructural en la gestión laboral. Ya no bastará con hojas firmadas o aplicaciones internas básicas, sino que deberán contratar o adaptar herramientas tecnológicas específicas, con el consiguiente coste económico y organizativo.
Además, el hecho de que la norma se tramite al margen de la reducción de jornada ha generado inquietud entre los empresarios, que temen que el control horario se convierta en una herramienta de fiscalización permanente, incluso sin cambios previos en el marco laboral general.
Los cambios que podrían entrar en vigor en 2026 con el nuevo control horario digital
Si finalmente se aprueba el Real Decreto en los términos planteados por el Ministerio de Trabajo, el nuevo control horario digital incorporará una serie de cambios clave que afectarán de lleno a pymes y autónomos empleadores.
El primero es la obligatoriedad de un registro digital, eliminando en la práctica el papel y los sistemas manuales. El fichaje deberá realizarse a través de medios electrónicos que garanticen la autenticidad del dato, la identificación del trabajador y la imposibilidad de manipulación posterior.
En segundo lugar, el sistema deberá ser objetivo, fiable y accesible en tiempo real. Esto implica que la Inspección de Trabajo podrá consultar los registros de jornada de forma inmediata, incluso a distancia, sin necesidad de visitar físicamente el centro de trabajo o solicitar previamente la documentación.
Otro cambio relevante es la conservación obligatoria de los datos durante al menos cuatro años, en formato digital, garantizando su integridad. Las empresas deberán poder acreditar no solo las horas trabajadas, sino también las pausas, interrupciones y posibles modificaciones, con un historial completo de registros.
El nuevo registro incluirá la jornada real y efectiva
El decreto también prevé que el registro incluya la jornada real y efectiva, no solo el horario teórico. Esto afectará especialmente a sectores con flexibilidad horaria, trabajo a turnos o actividad irregular, donde los autónomos deberán extremar el control para evitar sanciones.
Además, el sistema deberá ser interoperable, es decir, compatible con los requisitos técnicos que establezca la Administración. Aunque Trabajo no ha detallado aún un proveedor único, sí ha dejado claro que no cualquier herramienta servirá, lo que obligará a muchas pymes a invertir en soluciones específicas.
Por último, el incumplimiento de estas obligaciones podrá acarrear sanciones económicas, al considerarse una infracción en materia laboral. Un riesgo que preocupa especialmente a los pequeños negocios, que ya soportan una elevada carga administrativa y temen un aumento de la presión inspectora.





