- El SMI que pagan las pymes subiría, como mínimo, entre el 3 y el 3,5% que marca el IPC
- Díaz arranca los trámites para prohibir a autónomos y pymes usar los pluses del trabajador para subir el SMI
- Trabajo prepara otros cambios que podrían elevar todavía más el coste del SMI
- Una actualización automática del SMI reduciría el margen de negociación
El Ministerio de Trabajo ya ha puesto fecha a la próxima negociación del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). El secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, confirmó que el Gobierno abrirá después del verano el proceso para determinar la cuantía que deberán pagar los autónomos como mínimo a sus trabajadores en 2027.
El Ejecutivo descarta, eso sí, una revisión extraordinaria del SMI durante lo que queda de este año, pese a la petición de UGT ante el repunte de la inflación. Pérez Rey aseguró que los precios tendrán que ser uno de los elementos que se tengan en cuenta en la próxima negociación.
La cuestión tendrá un impacto directo en miles de autónomos y pequeños negocios que tienen trabajadores contratados, que volverán a afrontar un incremento de sus costes laborales a partir de enero si el Gobierno eleva nuevamente el salario mínimo.
El SMI se encuentra actualmente en 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, después de que el Gobierno aprobara para 2026 una subida del 3,1%, equivalente a 37 euros más al mes y 518 euros al año por trabajador. Y este año, teniendo en cuenta los últimos datos de inflación, es probable que el incremento vaya a estar como mínimo entre el 3 y el 3,5%.
La negociación de 2027 llegará, además, después de tres años consecutivos de subidas del SMI sin el respaldo de CEOE y Cepyme si finalmente la patronal vuelve a quedar fuera del acuerdo. En 2024, el incremento del 5% fue rechazado por las organizaciones empresariales; en 2025, Gobierno y sindicatos pactaron un alza del 4,4% sin CEOE y Cepyme y, para 2026, el aumento del 3,1% volvió a aprobarse únicamente con CCOO y UGT.
El SMI que pagan las pymes subiría, como mínimo, entre el 3 y el 3,5% que marca el IPC
El punto de partida de la negociación será la evolución de los precios. El IPC anual alcanzó el 3,6% en julio, cuatro décimas más que en junio, mientras que la inflación subyacente se situó en el 3%. Por tanto, aunque todavía quedan varios meses para cerrar la cifra definitiva, la inflación registrada actualmente permite anticipar que una subida cercana al 3,5%-3,6% podría convertirse en uno de los puntos de referencia iniciales.
Díaz arranca los trámites para prohibir a autónomos y pymes usar los pluses del trabajador para subir el SMI
Esto no significa que el Gobierno vaya a subir necesariamente el SMI en ese porcentaje. La cuantía definitiva todavía no está decidida y dependerá de la negociación y del resto de variables que contempla el Estatuto de los Trabajadores. De hecho, Pérez Rey ya ha señalado que la evolución de los precios tendrá que ser tenida en cuenta en el próximo proceso de negociación.
No obstante, los sindicatos reclamarán previsiblemente un incremento superior al IPC, como han venido haciendo hasta ahora. Su posición tradicional ha sido que el SMI no debe limitarse a mantener el poder adquisitivo, sino que debe seguir avanzando hacia el objetivo de representar el 60% del salario medio, además de tener en cuenta la evolución de los salarios y de los productos básicos.
Para los autónomos con empleados, la cuestión no es menor. Cada subida del SMI incrementa el suelo salarial que deben garantizar a sus trabajadores y puede repercutir también sobre las cotizaciones sociales asociadas a esas nóminas. En 2026, el salto desde los 1.184 euros hasta los 1.221 euros supuso 37 euros más de salario mensual en 14 pagas por trabajador. Eso sin contar las cotizaciones.

El SMI ya ha subido un 66% desde 2018
La nueva negociación se producirá después de una escalada muy significativa del salario mínimo. Desde 2018, el SMI ha pasado de 735 a 1.221 euros mensuales en 14 pagas, lo que supone un incremento acumulado del 66%. Solo en 2026 aumentó un 3,1%.
Los autónomos llevan varios años encadenando subidas del salario mínimo y otros costes laborales.
El problema para los pequeños negocios es que el SMI constituye únicamente una parte del coste de tener un trabajador. A la retribución mínima hay que añadir las cotizaciones empresariales y el resto de costes asociados al empleo. Por ello, una subida del salario mínimo no se limita al importe que aparece en la nómina, sino que eleva el coste laboral que debe asumir el empleador.
La propia patronal ha advertido reiteradamente de este efecto. Cepyme calificó la subida del 3,1% aprobada para 2026 como perjudicial para la supervivencia de las pequeñas empresas, mientras que la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) ha señalado que el coste de contratar a una persona con el SMI puede situarse alrededor de los 1.900 euros mensuales para la empresa.
La CEOE y Cepyme habían planteado para 2026 una subida de hasta el 1,5%, muy por debajo de la finalmente aprobada. La diferencia entre las posiciones anticipa que la negociación de 2027 volverá a ser complicada si sindicatos y Gobierno defienden una subida vinculada a la inflación y la patronal reclama limitar el impacto sobre las empresas.
Trabajo prepara otros cambios que podrían elevar todavía más el coste del SMI
La negociación de la cuantía no será el único frente que deberán seguir los autónomos. Trabajo mantiene pendiente una reforma de las reglas de compensación y absorción de complementos salariales vinculada a la transposición de la directiva europea sobre salarios mínimos.
El Ministerio ya inició en febrero los trámites para modificar estas reglas y planteó que determinados complementos no puedan utilizarse para absorber las futuras subidas del SMI. La medida fue precisamente uno de los puntos pactados entre Trabajo y los sindicatos para acompañar el incremento de 2026 y contó con la oposición de CEOE.
La diferencia es importante para los pequeños negocios. Actualmente, con carácter general y dependiendo de la estructura salarial y del convenio aplicable, puede operar la compensación y absorción cuando la retribución total del trabajador ya alcanza el mínimo legal. Si se limita esta posibilidad, determinados empleadores tendrían que incrementar no solo el salario mínimo, sino también mantener determinados complementos por encima de él.
La propia normativa del SMI para 2026 establece que al salario mínimo se adicionarán, cuando corresponda, los complementos salariales previstos en convenios y contratos, mientras que Trabajo ya está desarrollando una regulación específica sobre la forma en que estos conceptos podrán computarse.
Una actualización automática del SMI reduciría el margen de negociación
A estas reformas se suma otro debate que puede volver a aparecer en los próximos meses: establecer un mecanismo más estable de actualización del SMI, de forma que su evolución quede vinculada a determinados indicadores y no dependa cada año de una negociación política y social específica.
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Aquí conviene distinguir entre lo que ya está aprobado y lo que continúa siendo una posibilidad. No existe actualmente una norma que establezca una subida automática del SMI cada año sin negociación. El Estatuto de los Trabajadores sí establece el mandato de fijarlo anualmente y obliga a tener en cuenta determinados factores, entre ellos el IPC, la productividad y la participación del trabajo en la renta nacional.
Precisamente por ello, una eventual reforma que introdujera una fórmula automática podría tener consecuencias relevantes para los autónomos: si el SMI quedara vinculado de forma directa a la evolución de los precios o de los salarios, los empleadores tendrían menos margen para afrontar cada año el incremento de los costes laborales.





