El 42% de las pymes españolas reconoce que los ciberataques han generado altos niveles de estrés entre sus empleados y, en el 39% de los casos, han provocado un aumento de las bajas por enfermedad. Son datos del Informe de Ciberpreparación 2025, de Hiscox, que evidencian que estos incidentes digitales ya no solo afectan a la cuenta de resultados, sino también a la salud de los equipos y a la continuidad del negocio.

A estas cifras se suma que el 32% de las empresas identifica situaciones de agotamiento laboral tras sufrir un ciberataque y que hasta el 73% detecta consecuencias negativas como tensión interna o deterioro del clima laboral. Este conjunto de indicadores apunta a un impacto directo sobre la productividad y la operativa diaria de los pequeños negocios, que deben asumir tanto el golpe técnico como el desgaste de sus equipos.

Este fenómeno no es ajeno a los autónomos, que en muchos casos gestionan en solitario su actividad y concentran en sus dispositivos tanto la operativa del negocio como información personal sensible. “Cuando un usuario pierde el acceso a una de sus cuentas o sospecha que alguien más puede entrar en ella, la sensación es muy similar a perder una cartera o las llaves de casa”, explicó Josep Albors, director de investigación y concienciación de ESET España, quien advierte de que esa pérdida de control es uno de los principales detonantes del estrés digital.

  1. El impacto de los ciberataques va más allá del dinero y afecta directamente a la salud de los equipos
  2. El estrés digital crece con la hiperconectividad y la exposición a ciberfraudes
  3. Hábitos básicos de ciberseguridad para reducir riesgos y tensión en el negocio

El impacto de los ciberataques va más allá del dinero y afecta directamente a la salud de los equipos

Más allá del impacto económico que puede comprometer la viabilidad de un negocio, los ciberataques están teniendo un efecto directo sobre la salud mental de los equipos, un aspecto que hasta ahora había quedado en un segundo plano dentro de la gestión empresarial. La presión por resolver el incidente, la incertidumbre sobre el alcance del daño y la posible pérdida de datos o clientes generan un entorno de alta tensión que se prolonga en el tiempo.

Ante esta situación, muchas pymes se enfrentan a una doble carga: por un lado, la necesidad de recuperar su operativa y, por otro, la de recuperar equipos que han visto alterada su rutina y su confianza en las herramientas digitales. El aumento de las bajas por enfermedad, que afecta ya a casi cuatro de cada diez negocios tras un ataque, refleja que no se trata de una percepción subjetiva, sino de un problema con consecuencias reales sobre la actividad.

Además, el impacto no se limita al momento del ataque, sino que puede extenderse durante semanas o meses, afectando a la motivación, la productividad y la cohesión interna. En algunos casos, las empresas reconocen haber detectado entornos de trabajo marcados por la desconfianza o la tensión, lo que añade una nueva capa de dificultad a la gestión del negocio.

Aun así, algunos datos apuntan a que la gestión adecuada de estos incidentes puede reforzar los vínculos dentro de la organización, ya que el 44% de las pymes percibe un aumento de la lealtad tras un ataque y el 43% detecta una mayor camaradería entre sus empleados. En términos globales, el 69% de las empresas identifica algún tipo de refuerzo en las relaciones internas cuando la crisis se gestiona correctamente.

El estrés digital crece con la hiperconectividad y la exposición a ciberfraudes

El estrés asociado a la ciberseguridad no solo aparece tras un ataque, sino que también se alimenta del uso intensivo de la tecnología en el día a día, sobre todo en entornos donde la actividad depende de múltiples plataformas, cuentas y canales de comunicación. Alertas de inicio de sesión sospechosas, intentos de fraude o accesos no autorizados forman parte ya de la rutina de muchos profesionales.

El coste oculto de los ciberataques a las pymes: estrés de la plantilla, bajas laborales y pérdida de control digital
El coste oculto de los ciberataques a las pymes: estrés de la plantilla, bajas laborales y pérdida de control digital.

Según diversos estudios, el 41% de los profesionales reconoce sufrir estrés o ansiedad debido al exceso de notificaciones y comunicaciones digitales, mientras que el 63% considera que la tecnología ha afectado negativamente a su vida en el último año. Este contexto refuerza la idea de que la ciberseguridad no es solo una cuestión técnica, sino también un factor que incide directamente en el bienestar y en la capacidad de concentración.

Para los autónomos, esta presión se multiplica, ya que cualquier incidente puede paralizar su actividad o poner en riesgo su relación con clientes y proveedores. La falta de recursos o de apoyo especializado hace que muchos asuman en solitario la gestión de estos problemas, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad.

En este sentido, los expertos insisten en la importancia de adoptar medidas básicas que permitan reducir tanto el riesgo de sufrir un ataque como el impacto emocional asociado. “Cuando un usuario sospecha que ha sufrido un incidente de ciberseguridad, lo más importante es actuar con rapidez y mantener la calma”, señaló Albors, quien subraya que la reacción en los primeros momentos puede marcar la diferencia entre un problema puntual y uno de mayor alcance.

Hábitos básicos de ciberseguridad para reducir riesgos y tensión en el negocio

Entre las recomendaciones más habituales se encuentra evitar la reutilización de contraseñas y utilizar gestores que permitan crear claves robustas sin depender de la memoria, una práctica especialmente relevante en negocios que manejan múltiples cuentas. También se considera fundamental activar el doble factor de autenticación en servicios clave como el correo electrónico o la banca online.

Otra de las medidas clave pasa por desconfiar de mensajes alarmantes o urgentes, una de las estrategias más habituales en los intentos de fraude, así como mantener dispositivos y aplicaciones actualizados para evitar vulnerabilidades conocidas. Revisar las sesiones activas y cerrar aquellas que no se reconozcan es otra práctica que puede ayudar a detectar accesos indebidos.

La realización de copias de seguridad periódicas y la verificación de que pueden recuperarse correctamente es igualmente esencial para minimizar el impacto de un incidente. En especial cuando se habla de negocios que dependen de la información digital para su operativa diaria. A ello se suma la revisión de permisos concedidos a aplicaciones y el refuerzo de la seguridad del router, que actúa como puerta de entrada a la red.

Por último, los expertos recomiendan definir un plan de actuación claro en caso de incidente, que incluya desde el cambio inmediato de contraseñas hasta la revisión de movimientos bancarios o la notificación a los servicios correspondientes, con el objetivo de reducir tanto el daño económico como el impacto emocional sobre el negocio.