Manuel Hernández comenzó su carrera en las renovables cuando apenas ocupaban un papel testimonial en el mix energético español. Dos décadas después, el sector ha madurado enormemente y se ha consolidado como una pieza clave de la economía.

El auge actual no es fruto del azar: la abundancia de recursos naturales como el sol y el viento, las decisiones de inversión de años anteriores, y el impulso europeo hacia la independencia energética han sido claves en este crecimiento.

¿Las renovables abaratan el precio de la luz?

La respuesta es sí… con matices. Aunque producir energía verde tiene un coste marginal muy bajo, el precio final que pagan los consumidores incluye otros factores como impuestos, peajes y costes regulados. Para que el ahorro se refleje en la factura, es imprescindible que el sistema evolucione y se adapte.

Además, la volatilidad de precios es un obstáculo para los inversores. La clave no es tanto que los precios sean bajos, sino que sean estables y predecibles.

Una transición energética con altibajos

España ha hecho bien muchas cosas: ha reducido su dependencia energética, ha desarrollado un ecosistema competitivo y ha escalado en capacidad instalada. Pero el camino no ha sido lineal. Cambios regulatorios y vaivenes políticos han generado incertidumbre, aunque también han hecho al sector más resiliente.

Hoy, el reto ya no es instalar más megavatios, sino integrar mejor la energía renovable en el sistema, reforzar redes, mejorar el almacenamiento y garantizar una planificación a largo plazo.

Energía, innovación y… sociedad

Hernández subraya una verdad poco visible: el éxito de un proyecto renovable no depende solo de la tecnología. La aceptación social y la conexión con las comunidades locales son factores decisivos. “La transición energética no se impone, se construye”, afirma.

También destaca la necesidad de innovar más allá de lo técnico: en regulación, almacenamiento, retribución por disponibilidad y diseño de mercados más eficientes.

El marco europeo y los desafíos de 2026

Europa tiene clara su estrategia: descarbonizar, acelerar las renovables y reducir la dependencia externa. Pero la falta de ejecución homogénea entre países y la lentitud administrativa siguen siendo un freno.

De cara al futuro, los desafíos son claros: adaptar el sistema eléctrico a una nueva realidad tecnológica, garantizar un marco regulatorio estable y acelerar los permisos. Todo esto con un objetivo común: lograr un crecimiento sostenible y socialmente justo.

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