España presume de corredores ferroviarios y de grandes proyectos de movilidad sostenible, pero sus carreteras –las arterias por donde circula la gran mayoría de mercancías– viven hoy su peor momento en décadas.
Así lo constata la auditoria que ha elaborado la Asociación Española de la Carretera (AEC), que cifra en más de 13.400 millones de euros el déficit acumulado para conservar la red viaria del país .
Mientras tanto, los transportistas autónomos, que ya soportan la presión fiscal más alta de la historia reciente, ven cómo su herramienta de trabajo, la carretera, se degrada a un ritmo del 8% anual. Y son ellos quienes pagan la factura: más desgaste de vehículos, más averías, más consumo de combustible y más horas al volante para recorrer los mismos kilómetros.
- Un tercio de la red viaria necesita ser reconstruida
- El mal estado de las carreteras genera más costes para los transportistas
- Los autónomos de transporte pagan más impuestos pero no se invierten en infraestructuras
- La conservación de las carreteras requiere una intervención inmediata
Un tercio de la red viaria necesita ser reconstruida
Según el estudio de la AEC, más de la mitad de la red de carreteras española presenta deterioros graves o muy graves. Concretamente, 34.000 kilómetros (un tercio de toda la red) requieren una reconstrucción urgente, actuaciones que deberían ejecutarse en menos de un año para evitar riesgos mayores.
A esto se suman otros 20.000 kilómetros que necesitan obras de reparación en un plazo máximo de cuatro años. Afectan tanto a las carreteras convencionales como a las vías de alta de capacidad.
Y aunque Aragón, Castilla-La Mancha y Galicia son las las regiones con las carreteras peor conservadas, el resto de comunidades también muestran un avanzado desgaste hasta el punto de que el 52% de la red presenta desperfectos de gravedad.
La Asociación Española de la Carretera lleva 40 años años auditando el mantenimiento vial mediante un procedimiento de inspección visual pero en esta ocasión ha realizado, por primera vez, una “evaluación digital mediante captación dinámica de imágenes y procesado con inteligencia artificial”, que le ha permitido detectar daños con una «muy alta resolución».
El resultado es visible para cualquier conductor, pero especialmente para quienes viven de la carretera. José Carlos Jato, secretario técnico de Fetransa, explicó a este medio de primera mano lo que se encuentra cuando está al volante de su camión.
“La situación se ha degradado de una manera exagerada en los últimos cinco años. Hay tramos que están directamente intransitables, como la A-6 entre Benavente y A Coruña, o la autovía de la Plata hacia Andalucía. Se parchean, pero a los 10 minutos vuelven a estar igual” .

El mal estado de las carreteras genera más costes para los transportistas
Este deterioro repercute de forma directa en la rentabilidad de los autónomos del transporte. Con carreteras llenas de baches, grietas o asfalto descarnado, la velocidad media cae. En este sentido López Jato denunció que con el mal estado del firme no pueden circular a la velocidad óptima y “eso significa más tiempo y más gasto”.
Los datos del informe respaldan esta experiencia: circular por una carretera en mal estado aumenta el consumo de combustible hasta un 12%, lo que se traduce, solo en los desplazamientos de julio y agosto, en un sobrecoste superior a los 270 millones de euros para todos los conductores. Para un autónomo del transporte, esta factura es doble: más gasóleo y más facturas de taller.
“Tenemos muchísimo desgaste de mecánicas y ruedas. Nos cuesta más mantener el camión y al final pagamos dos veces: impuestos altos y más averías”, denunció Jato.
El desgaste de las carreteras también tiene un impacto directo en la competitividad de las pymes de transporte y de toda la economía. Los retrasos encarecen el coste de mover mercancías y, en última instancia, encarecen los productos en destino.
Según la AEC, el incremento de costes por el mal estado de la red eleva hasta un 10% el precio final del transporte de mercancías.
Esto, sumado a los desafíos tecnológicos, normativos y medioambientales que deben asumir los transportistas, dibuja un escenario insostenible. Desde Fetransa denunciaron que mientras se exigen camiones y normativas del siglo XXI, las carreteras parecen cada vez más propias de siglos pasados o países más atrasados.

Los autónomos de transporte pagan más impuestos pero no se invierten en infraestructuras
Esta situación contrasta con la presión fiscal que soporta el sector. Los autónomos del transporte pagan impuestos especiales de hidrocarburos, tasas y peajes –cuando existen–, pero no ven reflejado ese esfuerzo en unas infraestructuras dignas que garanticen su seguridad.
La Asociación Española de la Carretera recuerda que, sólo eliminando exenciones como la del impuesto de hidrocarburos a otros modos de transporte (marítimo, aéreo y ferroviario), se generarían 4.091 millones de euros adicionales cada año, suficientes para revertir el déficit de conservación en poco más de tres años .
Como solución, la AEC propone crear un fondo de conservación de carreteras que debería financiarse a través de los presupuestos públicos, fondos europeos, estrategias de colaboración público-privada y sistemas de tarificación por uso. Aunque el Gobierno planteó la implantación de un sistema de peajes –una de las condiciones impuestas por Bruselas para acceder a fondos europeos– decidió aparcar este proyecto.
Para el secretario técnico de Fetransa, la cuestión no está tanto en el pago como en el destino que se le da a los impuestos y recordó que hubo un tiempo en que “se habló de una tasa de 100 o 150 euros al año por camión para conservar las carreteras. Nos parecía razonable si servía para mantenerlas, porque hoy gastamos más que eso solo en ruedas y reparaciones. Pero el problema es que lo que pagamos no se invierte en las carreteras”.
El deterioro de las carreteras tampoco se soluciona desviando tráfico al tren, como apuntan algunas estrategias gubernamentales. “El ferrocarril no es la panacea. Aunque se potencie la intermodalidad, la carretera seguirá siendo imprescindible para llegar a la mayoría de destinos. No hay alternativa viable: la carretera hay que mantenerla sí o sí”, advirtió López Jato .
La conservación de las carreteras requiere una intervención inmediata
Cada año que pasa sin inversiones suficientes, la factura para reconstruir las carreteras se multiplica. Un problema que parece tan olvidado como el mantenimiento de la propia red viaria.
Mientras tanto, los transportistas autónomos, que ya pagan más que nunca, exigen que sus impuestos se inviertan en estas infraestructuras porque detrás de cada kilómetro en mal estado hay sobrecostes, siniestros y tiempo perdido que paga toda la economía.





