El emprendimiento no sólo actúa como motor económico o vía de creación de empresas, como se pensaba hasta ahora, sino que también tiene un impacto directo en la reducción de brechas sociales. Sobre todo en lo relativo a género, bienestar y autoconfianza. Todo ello queda reflejado en el último Informe GUESSS (e las siglas Global University Entrepreneurial Spirit Students’Survey), presentado con motivo del Día Mundial del Emprendimiento y elaborado en España con el impulso de Reale Seguros y el Observatorio del Emprendimiento en España.
Los datos de este estudio son contundentes: las mujeres estudiantes que son ya emprendedoras activas alcanzan un bienestar medio percibido de 5,06 puntos sobre 7, el nivel más alto de todos los grupos analizados en el estudio. Ahora bien, esta puntuación no sólo es idéntica a la de los hombres emprendedores activos, sino que supera significativamente el 4,84 registrado por las universitarias que no emprenden.
- Las mujeres que emprenden un negocio igualan a los hombres en bienestar autopercibido
- El acceso al emprendimiento sigue siendo desigual entre mujeres y hombre
Las mujeres que emprenden un negocio igualan a los hombres en bienestar autopercibido
El informe confirma, de hecho, que la experiencia emprendedora tiene un impacto directo en el bienestar subjetivo, especialmente entre las mujeres encuestadas. Porque la realidad de liderar un proyecto propio mientras se cursan estudios universitarios se asocia con mayores niveles de satisfacción personal, de autoestima y de percepción de control sobre el futuro profesional, algo especialmente importante en una etapa así de vulnerable.
Pero además del bienestar, el emprendimiento actúa como factor igualador de género en términos de resiliencia. Las mujeres emprendedoras activas obtienen una puntuación media de 5,72, muy próxima al 5,75 de los hombres emprendedores y claramente superior al 5,28 de las estudiantes que no se encuentran en ningún proyecto de emprendimiento.
Por eso, estos resultados refuerzan la idea de que el emprendimiento no sólo es una salida profesional, sino también un espacio de crecimiento personal y emocional, donde las mujeres desarrollan una mayor capacidad de adaptación, de afrontamiento positivo y confianza en sus propias habilidades.

El acceso al emprendimiento sigue siendo desigual entre mujeres y hombres
Así las cosas, pese a los efectos positivos de los que habla el informe, también se alerta de que existen todavía importantes brechas de género en vocación y acceso al emprendimiento. En concreto, sólo el 29,7% de las universitarias españolas ha recibido formación emprendedora, frente al 34,8% de los hombres, y en ambos casos, los porcentajes han ido descendiendo paulatinamente desde el año 2021.
Y todavía hay más: en el momento de realizarse el estudio, el 17,5% de los estudiantes universitarios encuestados estaba involucrado en una actividad emprendedora naciente, pero los hombres casi duplicaban a las mujeres (24,5% frente al 13,2%). La diferencia se repite entre emprendedores activos (10,8% de hombres frente a 5,9% de mujeres) y en quienes están intentando crear una empresa desde cero.
Además, la brecha se amplía a la hora de mirar al futuro: sólo el 9,6% de las universitarias mujeres planea emprender al terminar la carrera universitaria, frente al 16,9% de los hombres. A cinco años vista, para ser más específicos, la intención emprendedora alcanza el 19,2% de las mujeres, mientras que entre los hombres sube hasta el 28,8%.
Según Ana Fernández Laviada, presidenta del Observatorio del Emprendimiento de España, este informe es una hoja de ruta esencial para la comunidad académica y las instituciones, que deben focalizarse en la necesidad de superar estereotipos y de reforzar la confianza de las mujeres en sus capacidades empresariales.





