- Aumenta la creación de startups pero la mayoría ni si quiera llegan a facturar
- Estos son los errores que frenan la consolidación de las ‘startups’ españolas
- El ecosistema financia la creación de ‘startups’, pero falla al impulsar su crecimiento
- Muchas ‘startups‘ se estancan al pasar de equipos pequeños a empresas estructuradas
- El crecimiento basado en valoraciones no siempre se traduce en ingresos reales
- Pocos ‘exits’ y ciclos más largos dificultan la madurez del ecosistema
- El estigma del fracaso lastra la segunda oportunidad de los emprendedores
- El ecosistema financia la creación de ‘startups’, pero falla al impulsar su crecimiento
- El objetivo es que cada vez más ‘startups‘ lleguen a ser empresas viables
España vive un momento dulce en su ecosistema emprendedor. Tras la aprobación de la Ley de Startups en 2022, la inversión en empresas emergentes ha crecido, el talento innovador gana reconocimiento internacional y nuestro país suma, año tras año, más proyectos innovadores.
De hecho, la mayor red europea de incubadoras se encuentra en España y un reciente estudio elaborado por la OBS Business School recoge que el sector startup ha alcanzado una valoración agregada de 110.000 millones de euros, el doble que en 2020.
Sin embargo, detrás de estas cifras optimistas el informe señala una paradoja: el país crea empresas emergentes al ritmo europeo, pero le cuesta mucho más convertirlas en empresas consolidadas.
“Siempre que hay valoraciones muy altas parece que todo va bien, pero son solo indicadores de valoración; lo importante es cuándo se materializan esas inversiones”, explicó a este medio Marc Bara, consultor y profesor de la OBS Business School.
Aumenta la creación de startups pero la mayoría ni si quiera llegan a facturar
Los datos del estudio muestran un crecimiento evidente del sector en el que más de 5.000 startups activas generan cerca de 29.000 empleos directos y atraen cada vez más inversión internacional.
Pero el análisis también apuntan a cifras que invitan a matizar el entusiasmo. Así, hasta el 69% de las empresas emergentes que cierran lo hacen sin haber generado ingresos relevantes, lo que refleja la dificultad para transformar proyectos innovadores en negocios viables a medio y largo plazo.
“Hay números que preocupan. Muchas startups no llegan a facturar o a tener ingresos significativos”, advirtió el experto.
De esta forma, de los 110.000 millones de valoración del ecosistema, apenas unos 5.000 millones se han convertido en salidas reales para inversores (menos del 5%), un porcentaje inferior al observado en otros países europeos ya que Bara recordó que en otros países supera el 6% e, incluso, llega al 12%.
Una diferencia que se traduce según este analista en que, si bien España es fuerte creando muchas startups, su principal debilidad reside en la dificultad de consolidarlas como empresas.
Estos son los errores que frenan la consolidación de las ‘startups’ españolas
Marc Bara reconoció que “estamos mejorando y vamos en buena dirección”, pero al mismo tiempo advirtió de que también “tenemos que ser más analíticos y no autoengañarnos” para identificar las dificultades que frenan la consolidación de las startups.
El ecosistema financia la creación de ‘startups’, pero falla al impulsar su crecimiento
Uno de los problemas estructurales más evidentes es el desequilibrio en la financiación. Según el estudio, el 68% de la inversión se concentra en las fases más iniciales del desarrollo empresarial –cuando las empresas emergentes están validando todavía su idea o dando sus primeros pasos– conocidas en el sector como pre-seed y seed.
Esto facilita la creación de nuevos proyectos, pero deja un vacío cuando llega el momento de escalar, es decir, cuando la empresa ya ha demostrado que su modelo funciona y necesita crecer, internacionalizarse o construir estructuras más complejas.
“Sí hay dinero para fases iniciales, pero entre la Serie A y la Serie B hay un agujero”, explicó Bara, en referencia a las rondas de financiación destinadas a impulsar el crecimiento de empresas que ya cuentan con clientes y buscan consolidarse. “Sin capital paciente para escalar, muchas empresas prometedoras se quedan sin gasolina”, añadió.
Este déficit limita la capacidad de las startups para internacionalizarse, contratar talento o construir estructuras operativas más complejas.

Muchas ‘startups‘ se estancan al pasar de equipos pequeños a empresas estructuradas
El segundo gran obstáculo aparece cuando las startups intentan pasar de equipos pequeños a empresas más estructuradas.
“El valle de la muerte está en llegar a cinco o diez personas y ahí te estancas”, afirmó el experto. A partir de ese punto, el crecimiento deja de depender solo de la innovación y exige procesos internos, gestión profesionalizada y una estrategia empresarial clara.
Muchas compañías intentan aumentar ventas sin haber construido esa base organizativa. “Vender más sin estructura es crecer para morir; es como inflar un globo en una caja de zapatos”, resumió de forma muy ilustrativa Bara.
El crecimiento basado en valoraciones no siempre se traduce en ingresos reales
El hecho de que una gran parte de startups no llegue a facturar apunta también a que el rápido aumento de valoraciones no siempre se traduce en ingresos reales o liquidez operativa, según el análisis de este experto.
Así, aunque en España hay talento y proyectos innovadores, muchas startups dependen en exceso de rondas de inversión en lugar de ingresos recurrentes, lo que aumenta su vulnerabilidad.
Por esta razón el informe se pregunta si “estamos creando valor real o solo valoraciones que aún no se han traducido en liquidez operativa” para subrayar que el verdadero reto del ecosistema no es únicamente vender más, sino construir estructuras empresariales capaces de sostener ese crecimiento a largo plazo.
Para el experto, cuando el crecimiento se apoya principalmente en expectativas futuras o rondas de financiación, la consolidación empresarial puede retrasarse, lo que explica por qué una parte significativa de startups no logra transformar su potencial inicial en negocios plenamente operativos.
Pocos ‘exits’ y ciclos más largos dificultan la madurez del ecosistema
Otra de las particularidades que ha encontrado este estudio es que el ecosistema español muestra una “elevada concentración en las salidas exitosas”, es decir, operaciones en las que los inversores recuperan su dinero mediante la venta de la empresa o la entrada de nuevos compradores.
En este sentido, Marc Bara apuntó que solo tres compañías (Hotelbeds, vLex y Wallapop) representan el 92% del valor generado durante todo 2025.
Además, estas empresas se fundaron hace más de una década, lo que revela que “los inversores tienen que tener mucha paciencia; hablamos de ciclos de diez o quince años”, en palabras del profesor de la OBS Business School. Es decir, el tiempo necesario para transformar una startup en una empresa consolidada y rentable suele ser largo.
En ecosistemas más maduros, muchos exits relevantes se producen entre seis y diez años desde la creación, lo que permite reinvertir capital antes y acelerar la aparición de nuevas compañías. En cambio, cuando los ciclos se alargan, como ocurre con mayor frecuencia en España, el capital tarda más en volver al mercado y el crecimiento del ecosistema se ralentiza.
El estigma del fracaso lastra la segunda oportunidad de los emprendedores
Otro elemento diferencial es el papel del fracaso empresarial ya que “el 50% de los emprendedores que tienen éxito son emprendedores en serie”, según el informe.
Sin embargo, en España todavía existe cierto estigma social y financiero hacia quienes cierran una empresa, según lamentó Bara por lo que consideró que deberíamos poner el foco en el aprendizaje en lugar de la idea de fracaso.
Para corregir esta situación, el experto consideró que “el sistema debería facilitar que esos emprendedores vuelvan a intentarlo rápidamente”.
El objetivo es que cada vez más ‘startups‘ lleguen a ser empresas viables
El análisis apunta a un importante crecimiento del ecosistema startup español y refleja avances en talento, inversión y regulación. Sin embargo, según el estudio, el reto actual no se centra tanto en aumentar el número de proyectos como en mejorar su capacidad para escalar y consolidarse como empresas viables.
Por su parte, Marc Bara insistió en que es necesario “analizar con mayor profundidad dónde están los cuellos de botella” para que más startups logren dar el salto hacia compañías consolidadas dentro del tejido productivo.




