La Comisión Europea ha decidido llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) por no haber adaptado a tiempo su legislación a la normativa comunitaria que actualiza los umbrales que determinan el tamaño de las empresas. Una reforma clave para las pymes que debía haberse traspuesto antes de que terminara 2024 y que permitiría reducir de forma significativa sus obligaciones contables, administrativas y de información financiera.

Según un comunicado emitido por el Ejecutivo comunitario, España incumple la Directiva Delegada (UE) 2023/2775, que obliga a los Estados miembros a ajustar los límites que definen a las empresas medianas, pequeñas y micro, teniendo en cuenta la inflación acumulada desde 2013. Al no hacerlo, miles de negocios siguen soportando exigencias propias de empresas de mayor tamaño, con el consiguiente sobrecoste económico y burocrático.

Aunque el Gobierno español aprobó recientemente un anteproyecto de ley para modificar algunos de estos umbrales, Bruselas considera que la medida llega tarde y, además, no cumple plenamente con el contenido ni el alcance exigido por la directiva. Por ese motivo, la Comisión ha iniciado el procedimiento sancionador que puede acabar en condena judicial y, eventualmente, en multas económicas.

  1. La directiva reduciría las obligaciones contables para miles de pequeñas empresas
  2. España debería haber traspuesto la directiva para ajustar la definición de pyme en 2024
  3. Sin nuevos umbrales, miles de pymes quedan sometidas a obligaciones para estructuras mayores

La directiva reduciría las obligaciones contables para miles de pequeñas empresas

La norma europea que está en el centro del conflicto busca algo muy concreto: adaptar la definición de tamaño empresarial a la realidad económica actual. Los umbrales vigentes para clasificar a las empresas (facturación, balance y número de empleados) llevaban más de una década sin actualizarse, pese a una inflación acumulada superior al 30%.

La Directiva Delegada (UE) 2023/2775 incrementa estos límites aproximadamente un 25%, lo que permitiría que muchas empresas que hoy son consideradas pequeñas o medianas pasen a encuadrarse en categorías inferiores. El efecto práctico es inmediato: menos obligaciones contables, menos exigencias de información financiera y menores costes de cumplimiento normativo.

Entre los principales cambios que introduce la directiva destacan:

  • El aumento de los umbrales de facturación y balance para microempresas y pequeñas empresas.
  • La posibilidad de que más sociedades puedan formular cuentas abreviadas.
  • La reducción del número de empresas obligadas a elaborar estados financieros complejos.
  • Menores exigencias de información no financiera y de reporte detallado.
Foto del exterior del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Foto del exterior del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Para las pymes, esto se traduce en menos gastos en asesoría contable, menos tiempo dedicado a trámites administrativos y una gestión financiera más sencilla. Según estimaciones del sector, el ahorro anual puede situarse en varios miles de euros por empresa, especialmente en negocios pequeños con estructuras muy ajustadas.

Desde Bruselas se insiste en que la finalidad de la directiva no es meramente técnica, sino económica: mejorar la competitividad de las pymes europeas, liberar recursos productivos y evitar que la inflación “expulse” artificialmente a empresas de un régimen más favorable.

España debería haber traspuesto la directiva para ajustar la definición de pyme en 2024

La Comisión Europea recuerda que el plazo para incorporar esta directiva al ordenamiento jurídico nacional expiró el 31 de diciembre de 2024. A pesar de ello, España no ha aprobado ninguna norma con rango de ley que garantice su plena aplicación.

Es cierto que el Gobierno anunció recientemente un anteproyecto de ley para modificar algunos de los criterios de clasificación empresarial. Sin embargo, este texto todavía no ha sido aprobado por las Cortes Generales y, por tanto, no tiene efectos jurídicos reales sobre las empresas.

Además, Bruselas considera que el planteamiento español es parcial e insuficiente. Según el análisis de expertos jurídicos consultados, el anteproyecto se limita a ajustar determinados umbrales, pero no reproduce de forma completa el esquema previsto en la directiva europea ni garantiza una reducción efectiva de todas las cargas contables asociadas al tamaño empresarial.

Otro punto clave es que la Comisión no acepta que los Estados miembros cumplan sus obligaciones mediante normas provisionales o proyectos en tramitación. Para Bruselas, solo cuenta la legislación vigente y plenamente aplicable, y en ese terreno España sigue incumpliendo.

Por este motivo, la Comisión ha decidido dar el siguiente paso en el procedimiento de infracción y llevar el caso ante el TJUE. Si el tribunal falla en contra de España, el país podría enfrentarse no solo a la obligación de trasponer la directiva de forma inmediata, sino también a sanciones económicas si persiste el incumplimiento.

Desde el punto de vista de las pymes, el retraso tiene un impacto directo: siguen soportando costes y obligaciones que la normativa europea considera desproporcionadas y obsoletas. Un escenario que, según advierten los expertos, reduce la competitividad del tejido empresarial español frente a otros países que sí han aplicado ya la directiva.

Sin nuevos umbrales, miles de pymes quedan sometidas a obligaciones para estructuras mayores

El trasfondo del conflicto es claro. Si los umbrales no se actualizan con la inflación, cada año más empresas crecen solo en términos nominales y pasan a estar sometidas a obligaciones pensadas para estructuras mucho mayores. Europa quiere evitar ese efecto arrastre. España, de momento, no ha llegado a tiempo.

Mientras tanto, miles de pymes siguen a la espera de una reforma que, sobre el papel, ya debería estar en vigor y que podría aliviar de forma inmediata su carga contable y administrativa.