- La declaración de IVA depende de si el agente de IA actúa o no como intermediario
- El debate que surge con las compras realizadas por agentes de IA
- En qué casos una IA tendría responsabilidades fiscales
- El impacto práctico para autónomos y pequeños negocios
- Más competencia y cambios en la forma de comprar por internet
Los últimos movimientos de las grandes compañías apuntan a una decidida apuesta por el uso de los agentes de inteligencia artificial para el comercio electrónico. Como el Banco Santander, con el anuncio la semana pasada del desarrollo de una herramienta digital para facilitar que las tiendas online admitan los pagos que realicen dichos sistemas.
No obstante, la intervención de estos programas en el proceso de compra plantea ciertas dudas desde la perspectiva fiscal que afectarían a los autónomos y pequeños negocios al cargo del ecommerce en cuestión.
En concreto, y aunque la operación que pueda realizar uno de estos agentes de IA seguiría siendo una compraventa entre un cliente y un vendedor, algunos expertos advierten de que el papel que adopten las plataformas tecnológicas podría alterar quién asume determinadas obligaciones tributarias, especialmente en lo que respecta al IVA.
Además, si el sistema que gestiona la operación comete errores al calcular el impuesto o al aplicar el tipo correspondiente, también podría abrirse el debate sobre quién debe responder ante Hacienda: si dicha responsabilidad recaería en el pequeño ecommerce que vende el producto o en la plataforma tecnológica que intermedia en la transacción.
La declaración de IVA depende de si el agente de IA actúa o no como intermediario
Por ahora, la mayoría de especialistas considera que el uso de estos asistentes no cambia la lógica fiscal de una compra online, porque el consumidor sigue siendo el destinatario final de la operación y el comercio continúa siendo quien repercute el impuesto.
“En principio, no debería producirse ningún cambio ya que el comprador sigue siendo una persona, con independencia de que compre el producto por sí misma o lo automatice mediante una IA”, explicó a este diario Raquel Jurado Ibáñez, técnica del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas.
Sin embargo, el desarrollo de sistemas capaces de negociar precios, gestionar pagos o centralizar pedidos ha abierto un debate en el ámbito jurídico sobre si los agentes podrían acabar desempeñando un papel similar al de los marketplaces; esto es, como Amazon, obligado a recaudar el IVA para ciertos casos. Es lo que la Agencia Tributaria denomina “suministradores presuntos”.
Una posibilidad que afecta sobre todo al pequeño comercio que vende a través de internet, para el que cualquier modificación en la estructura fiscal de las operaciones puede afectar a su forma de facturar o declarar impuestos.
El debate que surge con las compras realizadas por agentes de IA
El punto de partida del debate está en una cuestión jurídica básica, si un algoritmo puede ser considerado sujeto de obligaciones fiscales o si actúa únicamente como una herramienta tecnológica del consumidor.
Para José Mateo Ruescas, socio del despacho Marín y Mateo Abogados, la respuesta es clara desde el punto de vista del derecho tributario: “Un agente de IA ni tiene personalidad jurídica, ni puede ser sujeto pasivo”, señala.
Esto implica que, en la mayoría de los casos, la compra seguirá interpretándose como una operación realizada por el cliente humano, aunque utilice un sistema automatizado para localizar el producto o ejecutar el pedido.
El propio Mateo Ruescas explica que, desde una perspectiva jurídico-fiscal, el algoritmo actúa como “un mero intermediario técnico o un mandatario automatizado”; es decir, un instrumento que ejecuta las instrucciones del usuario sin alterar la relación comercial entre comprador y vendedor.

Ese encaje jurídico hace que, en principio, el funcionamiento del IVA no cambie para los comercios electrónicos, incluidos los gestionados por autónomos. En este sentido, Jurado recuerda que el sujeto pasivo del IVA, “es decir, el encargado de repercutir el impuesto, es el empresario o profesional que vende el producto, con independencia del medio utilizado por el consumidor para efectuar la compra”.
En qué casos una IA tendría responsabilidades fiscales
El debate aparece cuando la tecnología deja de limitarse a ejecutar órdenes del cliente y empieza a intervenir de forma activa en la transacción. En ese caso, algunos juristas consideran que determinados sistemas autónomos podrían acercarse a la figura del “suministrador presunto”, prevista en la normativa europea del IVA para plataformas digitales.
Este concepto ya se utiliza en ciertos casos para, como se ha mencionado, obligar a marketplaces y plataformas de intermediación a recaudar el impuesto en lugar del vendedor, con el objetivo de garantizar el control fiscal de operaciones transfronterizas o de importaciones de bajo valor.
Según Mateo Ruescas, el criterio clave para determinar si un agente de IA puede asumir ese papel está relacionado con el grado de control que ejerza sobre la operación: “Si la plataforma que desarrolla el agente gestiona el pago, establece las condiciones de la compra o negocia activamente a través del algoritmo, podría ser considerada suministrador presunto”, aclara.
En ese supuesto, la plataforma tecnológica pasaría a tener la obligación de calcular, repercutir e ingresar el IVA correspondiente, lo que supondría un cambio relevante en la cadena de la operación. “La responsabilidad se desplaza hacia la plataforma a medida que aumenta su control e intervención en la transacción”, resumió el abogado.
El impacto práctico para autónomos y pequeños negocios
Aunque el debate todavía es teórico y la normativa actual no contempla expresamente el comercio realizado por agentes de inteligencia artificial, algunos expertos apuntan a posibles efectos indirectos para los pequeños negocios que venden por internet. Uno de ellos tiene que ver con la identificación del comprador y la gestión de los datos necesarios para emitir facturas correctamente.

A este respecto, Mateo Ruescas advierte de que la interacción directa con un algoritmo puede dificultar la verificación de la identidad del cliente final, algo que resulta esencial para cumplir con las obligaciones fiscales y contables de cualquier negocio digital. En su opinión, el tratamiento de los datos deberá ser muy estricto, dado que será más difícil identificar de forma fehaciente al cliente final.
Otro posible efecto estaría relacionado con la creciente automatización de las transacciones y la necesidad de adaptar los sistemas de facturación y gestión de pedidos. El propio abogado apunta que las plataformas de comercio y los programas de gestión podrían tener que integrarse con los protocolos técnicos utilizados por estos agentes para procesar operaciones y emitir facturas de forma automática conforme a la normativa tributaria.
Más competencia y cambios en la forma de comprar por internet
Más allá del debate estrictamente fiscal, algunos expertos consideran que el uso generalizado de estos asistentes podría tener consecuencias económicas relevantes en el comercio electrónico. Raquel Jurado apunta que el principal efecto podría ser un aumento de la presión para los vendedores.
“Quizá el mercado sea más competitivo, ya que los consumidores dispondrán de una herramienta que les permitirá localizar el producto más barato”, explicó a este medio la experta del Consejo General de Economistas. Y es que, la capacidad de los agentes de inteligencia artificial para analizar miles de ofertas en cuestión de segundos podría favorecer la transparencia de precios y acelerar la competencia entre tiendas online.
Ese es el escenario previsto, y que supone cambiar la forma en que los consumidores buscan productos en internet. En lugar de navegar por diferentes páginas web, podrían delegar esa tarea en sistemas automatizados capaces de comparar precios, condiciones de envío o valoraciones de otros compradores. Además de ejecutar la compra automáticamente cuando se cumplan determinados criterios.





