1. Las pymes siguen pagando tipos efectivos más altos que las grandes empresas, a pesar de las rebajas fiscales
  2. Muchos incentivos fiscales son difícilmente accesibles para los autónomos y pequeñas empresas

El esfuerzo fiscal de las pequeñas empresas en España sigue siendo  superior al de las grandes corporaciones, según los últimos informes de Gestha, el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda.

Mientras que una pyme que no pertenece a un grupo empresarial tributa, en general, por encima del 20%, los grandes grupos empresariales logran reducir su tributación efectiva hasta cifras cercanas al 10% o 12%, gracias a deducciones, incentivos fiscales y planificación estratégica. Esta diferencia, según Gestha, puede alcanzar hasta 14 puntos porcentuales, evidenciando una brecha estructural que penaliza a los pequeños negocios.

Según José María Mollinedo, portavoz del sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, aunque las pymes y autónomos cuentan con tipos nominales más bajos desde el año 2024, su capacidad de aplicar deducciones es limitada en comparación con la que tienen las grandes empresas. Eso hace que, al final de cada ejercicio, terminen pagando -proporcionalmente- mucho más que las grandes empresas.

Las pymes siguen pagando tipos efectivos más altos que las grandes empresas, a pesar de las rebajas fiscales

Antes del año 2024, el tipo nominal aplicable a todas las empresas era prácticamente uniforme, alrededor del 25% en el Impuesto sobre Sociedades, según datos del Ministerio de Hacienda.

Hasta ese momento no existía la diferenciación por tamaño empresarial que posteriormente se introdujo para favorecer a pequeñas y medianas empresas, que son más del 99% del tejido empresarial de nuestro país. Sin embargo, la realidad práctica para los pequeños negocios siempre ha sido distinta, porque mientras que las grandes corporaciones pueden aplicar deducciones por I+D+i, amortizaciones aceleradas y compensación de pérdidas, los autónomos y micropymes carecen de muchas de estas ventajas.

Ahora bien, a partir de 2025, la Ley del Impuesto sobre Sociedades introdujo un tipo nominal reducido para pymes y micropymes. En concreto, para las empresas con beneficios de hasta 300.000 euros, el tipo nominal pasó al 23%, mientras que para micropymes con beneficios inferiores a los 50.000 euros se estableció un porcentaje del 15%. La intención de esta medida era, lógicamente, aliviar la presión fiscal sobre los negocios más pequeños y permitir que reinviertan parte de sus beneficios en continuar con su crecimiento. Sin embargo, lo cierto es que estas reducciones nominales no se trasladan completamente a la tributación efectiva, y este es el verdadero problema.

El problema se agrava con los autónomos, que superan fácilmente el 25% en IRPF

Si hablamos de autónomos y no de pequeñas sociedades, la brecha puede ser todavía mayor. Según Gestha, los trabajadores por cuenta propia que tribuna por IRPF y no por Sociedades, soportan un tipo medio efectivo que puede superar fácilmente el 23 o 24% para rendimiento netos en torno a los 30.000 euros anuales. Poniendo el contraste también con esto, los grandes grupos empresariales de nuestro país, aplicando deducciones fiscales por inversión en innovación tecnológica, incentivos a la internacionalización y amortizaciones aceleradas, reducen su tipo efectivo hasta el 10 o 12%.

Así, el portavoz de Gestha subrayó que estas cifras no sólo representan un coste económico evidente, sino también un desafío para su competitividad. Las pymes y también los autónomos destinan una proporción mayor de sus beneficios a Hacienda, lo que limita su capacidad de reinversión, contratación y expansión. Mientras tanto, las grandes empresas logran optimizar su fiscalidad y consolidar más ventajas estratégicas.

Según Gestha, son muy desiguales los tipos efectivos entre las sociedades que pertenecen o no a un grupo empresarial, del 8% y del 2,8% respectivamente
Las pymes y autónomos pagan hasta 14 puntos más de tipo efectivo que las grandes empresas en España

Muchos incentivos fiscales son difícilmente accesibles para los autónomos y pequeñas empresas

El impacto de esta brecha fiscal se refleja en la capacidad de los pequeños empresarios para sostener sus negocios. Aquellos con ingresos medios deben planificar cuidadosamente sus gastos y, en muchos casos, priorizar el pago de impuestos sobre otras inversiones necesarias para crecer.

En la práctica, teniendo en cuenta el Informe Anual de Recaudación Tributaria elaborado por la Agencia Tributaria en 2024, las microempresas pagaron de media un 14,8% de su beneficio, las pymes un 18,8% y las grandes empresas (con más de 250 empleados) pagaron un tipo efectivo medio de 6,6% en algunos segmentos, aunque la media general les situó cerca del 10,9%.

Y así, la diferencia entre tipo nominal y tipo efectivo evidencia este gran problema: que mientras que el tipo nominal de las pymes se ha reducido, el tipo efectivo no ha disminuido en la misma proporción. Porque existe una limitada aplicabilidad de incentivos fiscales, que requieren inversiones o estructuras que los pequeños autónomos simplemente no pueden asumir. 

Con la modificación del Impuesto sobre Sociedades aprobada en el marco de la normativa tributaria reciente y aplicable desde 2025, se buscó introducir un tipo nominal reducido para pymes y micropymes, pero la diferencia con el tipo efectivo real de las grandes empresas se mantiene.

Además, según los expertos, hay otro punto a tener en cuenta que es la percepción de justicia fiscal entre los pequeños empresarios. La mayoría sienten que su esfuerzo es desproporcionado y que no es posible generar empleo ni actividad económica estable con este tipo de condiciones. Organizaciones como Cepyme llevan años pidiendo revisar el tipo efectivo y equilibrarlo, simplificando además el acceso a deducciones y beneficios y garantizando la progresividad del sistema, para que no penalice a los negocios más pequeños.