En 2025, los precios en España cerraron con una subida media del 2,9%, y las previsiones más recientes de Funcas apuntan a que la inflación se mantendrá por encima del 2% durante todos los meses de este año.

Sin embargo, el dato agregado oculta una realidad muy distinta para muchos pequeños negocios. Los economistas advierten de que los suministros, bienes y servicios que utilizan con mayor intensidad autónomos y pymes están registrando incrementos muy superiores a la media, con un impacto directo sobre sus costes de funcionamiento y sus márgenes.

Además, esta coyuntura no parte de cero, sino que se produce tras varios años consecutivos de subidas, por lo que los nuevos incrementos se aplicarán sobre una inflación acumulada del 22,9% en los últimos cinco años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

  1. Los suministros suben muy por encima del IPC y presionan a los negocios
  2. Tras cinco años de subidas, los precios ya son difíciles de asumir para los autónomos
  3. El IPC se traslada a alquileres, salarios y financiación de los pequeños negocios
  4. La incertidumbre global podría subir más los precios, aunque no tanto como en el pasado

Los suministros suben muy por encima del IPC y presionan a los negocios

Los días en los que la presión inflacionaria superaba los dos dígitos parecen lejanos, ahora que análisis como el realizado por Funcas estiman que el Índice de Precios al Consumo (IPC) “se mantendrá con altibajos, por encima del 2% todos los meses de 2026”.

Sin embargo, Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas (CGE), analizó estos datos para este medio y señaló que, si bien el 2% es el nivel que el Banco Central Europeo (BCE) considera compatible con la normalidad económica, “cuando los bienes y servicios que utilizan los pequeños negocios suben por encima de ese porcentaje, lo que ocurre es que se presionan los costes y se estrechan los márgenes”.

De hecho, aunque el IPC general cerró el pasado diciembre con una variación anual del 2,9%, el desglose por componentes concretos muestra, según los expertos de Funcas, “la aceleración de la inflación en los componentes más volátiles: alimentos no elaborados y productos energéticos”. Se trata de dos partidas con un peso directo en los costes de funcionamiento de muchos pequeños negocios, que subieron muy por encima de la media.

Entre estas partidas se encuentran la electricidad, el gas y otros combustibles, con una subida del 8,7%; el suministro de agua y otros servicios relacionados con la vivienda, con un aumento del 5,5%; los servicios de transporte, que repuntaron un 9,1%; y los seguros, con un incremento del 8,8%.

Salvador Marín explicó que “lo peor que le puede ocurrir a un autónomo o a un pequeño empresario es tener presión simultánea sobre los costes de energía, materias primas y salarios”, ya que esa combinación estrecha los márgenes y dificulta mantener precios competitivos.

En el caso de la hostelería, el encarecimiento de los alimentos contrasta con una subida menor de los precios finales. En 2025, por ejemplo, las bebidas no alcohólicas aumentaron un 6,4%, mientras que la restauración lo hizo un 4,3%, lo que apunta a que parte del incremento de los insumos no se ha trasladado completamente al consumidor.

Según el economista, “es muy difícil trasladar todos esos precios al cliente final”, lo que provoca que los márgenes se reduzcan incluso cuando el volumen de actividad se mantiene.

Variación del IPC entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025. (Fuente: INE).
Variación del IPC entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025 (Fuente: INE).

Tras cinco años de subidas, los precios ya son difíciles de asumir para los autónomos

Más allá de la evolución de un solo año, el impacto real para los negocios se explica por el efecto acumulado de varios ejercicios consecutivos de inflación.

Según el INE, los precios han aumentado un 22,9% entre 2020 y 2025. Esto significa que la inflación prevista para 2026 se aplicará sobre una base de precios ya muy elevada, consolidando un nivel de costes estructuralmente más alto para la mayoría de actividades, aunque no se repitan picos como el de julio de 2022, cuando el IPC llegó a ser del 10,8%.

En este sentido, Marín subrayó que el problema no es tanto el aumento de precios puntual, sino que “ese incremento se suma a un salto de precios muy grande en los últimos cinco años, que está siendo muy difícil de absorber para los pequeños negocios”.

De nuevo, el efecto acumulado es especialmente visible en partidas que forman parte del funcionamiento diario de muchos negocios. En los últimos años, los alimentos y bebidas no alcohólicas han subido un 36,6%, la vivienda un 25,9% y el transporte un 22%.

Además, hay que tener en cuenta que la inflación no solo afecta al autónomo en su faceta de empresario, sino también como ciudadano. Incluso en aquellos casos en los que el negocio logra mantener niveles similares de beneficio, el aumento sostenido de los precios socava el poder adquisitivo personal de los profesionales, de modo que con los mismos ingresos se pueden adquirir y disfrutar menos bienes y servicios que hace cinco años.

La inflación implica una pérdida de poder adquisitivo para los autónomos
La inflación implica una pérdida de poder adquisitivo para los autónomos.

El IPC se traslada a alquileres, salarios y financiación de los pequeños negocios

Otro factor a tener en cuenta, según los economistas, es que la inflación actúa como referencia para la actualización de múltiples costes estructurales de los negocios, lo que amplifica su impacto en pymes y autónomos.

En el caso del precio de los alquileres, muchos contratos de locales comerciales se revisan anualmente en función de lo acordado entre ambas partes, pero suele estar vinculado al IPC general. De esta forma, la actualización del precio que pagan los autónomos por el alquiler de un establecimiento utiliza esta referencia, que se aplica sobre rentas ya encarecidas por las subidas de los años anteriores. Al tratarse de un coste fijo, su aumento tiene un efecto directo y permanente sobre la cuenta de resultados del negocio, como explicó el experto.

Tampoco hay que olvidar que buena parte de los convenios vinculan el incremento anual del salario al IPC, lo que también puede añadir un aumento indirecto de costes laborales para los autónomos con empleados.

Es por ello que el director del Servicio de Estudios hizo hincapié en que además de tener que trasladar estas subidas a los salarios, “cada trabajador que se contrata lleva un coste importante en cotizaciones e impuestos que el trabajador no ve, pero que la empresa sí paga”, lo que condiciona las decisiones de contratación, especialmente en actividades con márgenes ajustados.

Por último, una inflación persistente puede mantener los tipos de interés en niveles elevados durante más tiempo. Además, los expertos de Funcas advierten de que este entorno prolonga un escenario de financiación más exigente para empresas y autónomos.

Para Marín, en estas condiciones “muchos autónomos no se atreven a acceder al crédito o directamente no pueden hacerlo”, lo que frena inversiones en maquinaria, digitalización, ampliación de instalaciones o contratación.

La incertidumbre global podría subir más los precios, aunque no tanto como en el pasado

Al escenario inflacionario se suma un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y cambios en las cadenas de suministro.

Sin embargo, aquí Marín quiso resaltar que parte del repunte de precios de los últimos años estuvo relacionado con la ruptura del transporte de mercancías a escala global, aunque “ahora el mercado lo está gestionando mejor, porque las empresas y los países han buscado proveedores más cercanos y cadenas de suministro más cortas”.

Aun así, advirtió de que la evolución futura sigue sujeta a factores externos difíciles de anticipar, como los aranceles o nuevos episodios de inestabilidad, lo que introduce más incertidumbre en las decisiones empresariales a medio plazo.

Ante este panorama, Marín consideró que deberían explorarse medidas para “normalizar la economía” y quizá usar los fondos europeos para facilitar la adaptación de pymes y autónomos a este nuevo nivel de precios.