La avalancha de nuevas obligaciones legales y técnicas está provocando un cambio silencioso en la forma en que muchas pymes y micropymes españolas cumplen con la normativa: cada vez recurren más a profesionales autónomos, con experiencia directiva, para trabajar por proyectos concretos.
No se trata de ampliar plantillas ni de cubrir vacantes estructurales, sino de incorporar durante unos meses conocimiento especializado para adaptarse a exigencias normativas, implantar sistemas obligatorios o gestionar situaciones críticas sin asumir estructura fija.
La demanda de estos perfiles ha crecido un 16% en el último año, según datos recientes del sector, impulsada por normativas como la directiva europea NIS2, el refuerzo del compliance legal europeo o la presión para digitalizar procesos clave. Son autónomos con trayectorias largas, muchos de ellos con pasado directivo, que hoy facturan por encargo y se han convertido en una solución recurrente para empresas que no pueden contratar a empleados con ese conocimiento a jornada completa.
Aunque este fenómeno se detectó primero en medianas empresas, empieza a trasladarse también a pequeños negocios y micropymes, sobre todo a aquellos integrados en cadenas de valor exigentes o que operan en sectores regulados. Cumplir determinadas normas o requisitos técnicos se ha convertido en una condición para seguir operando, y no siempre existe capacidad interna para hacerlo con recursos propios.
- La presión normativa empuja a las pymes a buscar profesionales expertos
- Las pymes buscan el asesoramiento de autónomos con trayectoria directiva
- Los cargos más demandados por la nueva regulación
- Tecnología, operaciones y sostenibilidad son los sectores más demandados
La presión normativa empuja a las pymes a buscar profesionales expertos
El endurecimiento del marco regulatorio es uno de los principales detonantes de esta tendencia. La entrada en vigor de la directiva NIS2 ha obligado a muchas empresas a reforzar sus sistemas de ciberseguridad y a definir responsables claros en esta materia. Algo que en la práctica exige conocimientos técnicos y capacidad de gestión que no siempre están disponibles dentro de la organización.
A esta norma se suman otras obligaciones crecientes en materia de compliance legal, igualdad, sostenibilidad o información no financiera. Ámbitos que requieren perfiles especializados, pero que no justifican la creación de puestos permanentes. Para muchas pymes, la solución pasa por incorporar a un autónomo con experiencia que diseñe e implante los sistemas necesarios y se retire una vez cumplido el objetivo.
Las imposiciones tecnológicas también juegan un papel clave. Migraciones obligatorias de software, implantación de nuevos sistemas de gestión o cambios exigidos por fabricantes y matrices internacionales están generando una demanda creciente de profesionales capaces de liderar proyectos complejos sin necesidad de quedarse en plantilla.
Las pymes buscan el asesoramiento de autónomos con trayectoria directiva
El perfil que más encaja en esta demanda es el de profesionales autónomos sénior, habitualmente entre los 45 y los 60 años, con una trayectoria larga en puestos de responsabilidad y que han optado por seguir desarrollando su actividad por cuenta propia. No buscan reincorporarse como asalariados ni compatibilizar pensión y salario, sino vender su experiencia de forma independiente y por proyectos concretos.
Teresa Pipó, directora de Setesca Talent, explicó a este medio que muchas pymes “se enfrentan a obligaciones normativas o proyectos impuestos para los que no tienen capacidad directiva interna suficiente, ni sentido económico para crear un puesto estable”. En ese contexto, añadió, “recurrir a profesionales autónomos por proyecto permite cumplir esos requisitos sin inflar la estructura y con plazos muy ajustados”.

Este tipo de colaboración se caracteriza por objetivos claros y una duración limitada. El profesional entra con un encargo muy definido, asume responsabilidades ejecutivas durante un periodo concreto y se desvincula una vez completada la misión, algo que encaja especialmente bien con la lógica del trabajo autónomo.
Los cargos más demandados por la nueva regulación
La ciberseguridad es, con diferencia, el ámbito donde más se está notando esta demanda. La figura del responsable de seguridad de la información externo se ha convertido en una de las más solicitadas tras la entrada en vigor de NIS2, ya que muchas empresas necesitan definir estrategias, protocolos y responsabilidades sin contar con un puesto específico en plantilla.
También crece la demanda de expertos en compliance y control normativo, sobre todo en negocios que han crecido rápido o que operan en sectores regulados. Son profesionales que diseñan sistemas de control interno, canales de denuncias o protocolos de prevención y que, una vez implantados, dejan paso a la gestión interna.
En el área financiera, los directores financieros externos trabajan por encargo en procesos de reestructuración, refinanciación, crecimiento acelerado o integración tras adquisiciones. La exigencia de mayor control del gasto y de un reporting más riguroso ha convertido a estos autónomos en figuras clave durante periodos concretos.
Tecnología, operaciones y sostenibilidad son los sectores más demandados
La transformación digital es otro de los grandes motores de esta tendencia. Las empresas buscan responsables de tecnología o de transformación digital que lideren migraciones de sistemas, implanten nuevos programas de gestión o coordinen proveedores externos. No se trata de perfiles técnicos puros, sino de profesionales con capacidad de liderazgo y visión de negocio.
En operaciones, también aumenta la demanda de directores externos que entran para reorganizar procesos, mejorar la eficiencia o gestionar integraciones tras fusiones. Son encargos intensivos en experiencia y toma de decisiones, pero limitados en el tiempo.
A estos perfiles se suman responsables de sostenibilidad y ESG por proyecto, cada vez más necesarios para cumplir obligaciones de información no financiera, así como expertos en protección de datos que revisan y rediseñan protocolos para evitar sanciones y riesgos legales.
El fenómeno no se limita a áreas técnicas. También hay demanda de autónomos con experiencia comercial y de desarrollo de negocio, que entran durante unos meses para reorganizar equipos de ventas, abrir nuevos canales o profesionalizar procesos comerciales en empresas que afrontan cambios estratégicos.
Costes, tarifas y barreras culturales
Uno de los principales frenos a este tipo de colaboración sigue siendo el coste percibido. Las tarifas diarias varían en función de la especialización y la responsabilidad asumida, con rangos habituales entre 300 y 600 euros al día en muchos casos, aunque los perfiles más especializados pueden situarse por encima.
Según Pipó, “sigue existiendo la percepción de que estos profesionales son caros, cuando en realidad se trata de inversiones muy concretas para reducir riesgos legales, técnicos u operativos”. A su juicio, “comparado con el coste de una sanción, un retraso crítico o un proyecto fallido, el impacto económico suele ser claramente inferior”.
A medida que aumentan las exigencias regulatorias y técnicas, esta fórmula empieza a normalizarse también entre pymes y pequeños negocios que, sin contar con grandes estructuras, se ven obligados a cumplir las mismas normas que empresas de mayor tamaño. Para muchos autónomos con experiencia directiva, este contexto está abriendo un mercado en el que su conocimiento se ha convertido en un activo especialmente valioso.





