1. El cambio podría evitar bajas o prolongaciones innecesarias en algunos puestos
  2. Los sectores donde este cambio podría tener más impacto
  3. Autónomos y pymes deberán revisar cómo describen los puestos de trabajo de sus empleados

Muchos autónomos y pymes podrían empezar a notar un cambio en la forma en la que se conceden algunas bajas laborales. Los médicos ya no tendrán que basarse únicamente en la descripción que haga el trabajador de su empleo para decidir si una enfermedad o lesión le impide trabajar. En varias comunidades autónomas han entrado en vigor nuevos sistemas de intercambio de información que les permitirán conocer con mayor precisión cuál es su puesto real, qué funciones desempeña y qué exigencias físicas o funcionales implica.

La finalidad es que la valoración médica se ajuste mejor a la realidad de cada empleo. Una misma dolencia puede tener consecuencias muy distintas según las tareas que desempeñe el trabajador. Tal y como explicaron desde el Consejo General de Graduados Sociales, «conocer con mayor precisión las funciones reales del trabajador puede resultar especialmente útil para determinar si una determinada patología incapacita realmente para el desempeño del puesto y durante cuánto tiempo».

Los graduados sociales también incidieron en la importancia de que la descripción de los puestos de trabajo elaborada por autónomos y pymes se ajuste fielmente a la realidad. Según advirtieron, si las funciones se detallan de forma inexacta o imprecisa, «podrían prolongarse procesos que quizá admitirían una reincorporación segura», y viceversa.

Todo ello se produce en un momento en el que la incapacidad temporal se ha convertido en una de las principales preocupaciones para la Seguridad Social. Un reciente informe de la AIReF señaló que estas prestaciones ya suponen un coste anual de 16.500 millones de euros y representan el segundo mayor gasto del sistema, sólo por detrás de las pensiones. El organismo detectó además una debilidad estructural en la gestión de las bajas: quien toma la decisión clínica es el médico de atención primaria, mientras que el coste económico recae sobre el INSS, por lo que recomienda reforzar el intercambio de información, la coordinación y la supervisión de los procesos.

En esta misma línea, desde el Consejo General de Graduados Sociales defendieron la necesidad de reforzar la plantilla de médicos del INSS y dotar de más recursos al organismo para «poder seguir mejor las bajas de las personas trabajadoras desde el inicio de la misma, para que un proceso de incapacidad temporal no se alargue por el mero hecho de no tener un control sobre si la dolencia está recuperada o no».

El cambio podría evitar bajas o prolongaciones innecesarias en algunos puestos

Una de las principales novedades de los convenios que ya se están desplegando en varias comunidades autónomas es que los médicos dispondrán de toda la información sobre el trabajo real que desempeña cada empleado antes de decidir si procede una baja médica o si ésta debe mantenerse durante más tiempo.

Hasta ahora, para valorar una incapacidad temporal, el facultativo se apoyaba fundamentalmente en el reconocimiento médico y en la información que le facilitaba el propio trabajador sobre sus funciones habituales. Con estos nuevos sistemas de intercambio de datos, podrá conocer también información objetiva sobre la ocupación y las funciones concretas del puesto desempeñado, lo que permitirá ajustar mejor la decisión a las exigencias reales del puesto.

Según explicaron desde el Consejo General de Graduados Sociales, «la valoración médica podrá acercarse más a la realidad del puesto de trabajo concreto», ya que «una misma patología puede tener consecuencias muy distintas según las funciones efectivamente desempeñadas por el trabajador». Por ello, disponer de una descripción más precisa de las funciones reales del empleado puede resultar determinante para valorar si una dolencia le incapacita realmente para desarrollar su actividad habitual.

La misma enfermedad puede justificar una baja en unos trabajos y no en otros

Los expertos pusieron algunos ejemplos prácticos. «Una tendinitis de hombro puede justificar claramente la baja en una camarera de pisos, un mecánico o un operario de almacén, pero quizá no en un puesto administrativo si puede trabajar sin esfuerzos físicos relevantes». Del mismo modo, «una afonía puede impedir trabajar a un profesor, comercial telefónico o recepcionista, pero no necesariamente a quien realiza tareas internas sin uso intensivo de la voz».

Autónomos y pymes deberán prestar más atención a la descripción de los puestos de trabajo de sus empleados
Autónomos y pymes deberán prestar más atención a la descripción de los puestos de trabajo de sus empleados.

Por ello, este cambio podría contribuir a que algunas incapacidades temporales se ajusten más a la realidad de cada puesto de trabajo. En determinados casos, podría reforzar la necesidad de conceder una incapacidad temporal cuando las exigencias físicas o funcionales del empleo lo justifiquen claramente. En otros, podría facilitar que se valore la posibilidad de continuar trabajando con determinadas limitaciones o favorecer reincorporaciones más ajustadas cuando la dolencia ya no impida desempeñar las funciones habituales.

No obstante, desde el Consejo General de Graduados Sociales insistieron en que «el objetivo no debería ser simplemente reducir la duración de las bajas, sino mejorar la calidad de las decisiones». En este sentido, recordaron que «una reincorporación prematura puede generar recaídas, nuevos procesos de incapacidad e incluso riesgos para la propia empresa».

Los sectores donde este cambio podría tener más impacto

Aunque la nueva información podrá utilizarse en cualquier actividad, su efecto podría ser especialmente relevante en sectores donde las exigencias físicas, posturales o funcionales del puesto tienen una influencia directa sobre la capacidad de trabajar. Según la valoración de los Graduados Sociales, «este es el caso de la hostelería, la construcción, el transporte, la logística, la limpieza o determinadas actividades industriales», donde aspectos como la manipulación de cargas, los movimientos repetitivos, las posturas forzadas o la movilidad constante forman parte habitual de la jornada laboral.

Según recordaron desde el Consejo, son además actividades en las que la incapacidad temporal tiene una especial incidencia. Sólo en la hostelería se registraron durante 2024 más de 585.000 procesos de incapacidad temporal por contingencias comunes, con una duración media de 46,6 días, superior a la media nacional. En estos ámbitos, conocer con mayor precisión las funciones reales del trabajador puede ayudar tanto a justificar mejor determinadas bajas cuando las limitaciones físicas impiden desarrollar la actividad habitual como a evitar que se mantengan procesos que no se corresponden con las exigencias reales del puesto.

Autónomos y pymes deberán revisar cómo describen los puestos de trabajo de sus empleados

La puesta en marcha de estos sistemas de intercambio de información también puede tener consecuencias prácticas para autónomos y pymes. Si los médicos van a disponer de más datos sobre la actividad laboral de cada trabajador, la descripción de los puestos de trabajo cobrará una importancia creciente. Según explicaron desde el Consejo General de Graduados Sociales, muchas pequeñas empresas no han prestado tradicionalmente suficiente atención a esta cuestión, a pesar de su relevancia en ámbitos como las relaciones laborales o la gestión de las incapacidades temporales.

Los expertos recomiendan que los negocios revisen si sus puestos están correctamente definidos e incluyen aspectos como las funciones reales desempeñadas, los esfuerzos físicos exigidos, los turnos, la movilidad necesaria, la atención al público, el uso de herramientas o maquinaria, la autonomía del trabajador y los riesgos específicos asociados a cada actividad. Cuanto más fiel sea esa descripción a la realidad diaria del puesto, más fácil será que la valoración médica se ajuste a las circunstancias concretas de cada caso.

Desde el Consejo General de Graduados Sociales advirtieron de que «una descripción genérica o incorrecta puede perjudicar tanto a la empresa como al trabajador». En este sentido, señalaron que «si se infravaloran las exigencias del puesto, una baja necesaria podría cuestionarse. Si se exageran o no se actualizan las funciones, podrían prolongarse procesos que quizá admitirían una reincorporación segura».