La siniestralidad del seguro agrario creció un 15% en 2025 y alcanzó los 804 millones de euros en indemnizaciones; una de las cifras más altas de los últimos 45 años, y segunda solo tras la sequía excepcional de 2023. Lo que ha tenido un efecto directo en agricultores y ganaderos autónomos, que aseguran su explotación para no quedarse sin ingresos tras un siniestro. El salto coincide con un récord de contratación del seguro agrario.
Solo los fenómenos tormentosos explicaron buena parte de la factura: las tormentas concentraron más de 530 millones de euros en daños por pedrisco, lluvia persistente o torrencial, inundación y viento, y afectaron a más de un millón de hectáreas aseguradas. Por encima incluso del máximo de 2018, situado en 858.000 hectáreas. En el conjunto del año se gestionaron 113.000 siniestros agrícolas sobre 1,46 millones de hectáreas, además de daños en instalaciones.
Para un pequeño negocio agrario, la cifra no es solo un agregado contable, sino la traducción de campañas perdidas y de tesorerías tensas cuando el daño llega en plena recolección o en momentos clave de venta. El aumento de la siniestralidad implica mayores desembolsos para el sistema, pero también confirma que la póliza es, en muchos casos, la diferencia entre seguir produciendo o parar durante meses.
- Tormentas casi diarias y récord de superficie afectada para los agricultores
- Más siniestros también en ganadería y retirada de animales
Tormentas casi diarias y récord de superficie afectada para los agricultores
La meteorología de 2025 arrancó con borrascas intensas en marzo, con precipitaciones tres veces superiores a lo normal en ese mes, y dejó suelos saturados que agravaron los daños posteriores en parcelas y caminos rurales. La primavera y el verano fueron muy inestables, con episodios constantes de granizo y dos danas en junio y julio.
Entre el 6 de febrero y el 6 de agosto, todos los días se registraron daños por tormenta en algún punto del país, un patrón que convierte el riesgo en rutina para quien vive de una cosecha y debe reorganizar cuadrillas y fechas de corte. Junio fue el mes más duro, con más de medio millón de hectáreas siniestradas en solo treinta días.
Después, agosto cambió el guion con una intensa y prolongada ola de calor y una anomalía cálida, que elevó el estrés hídrico y favoreció incendios forestales de gran gravedad. En paralelo, el calor extremo también dañó producciones sensibles, elevó el coste de riego y multiplicó las bajas de rendimiento.
El final del año alternó periodos secos con nuevas borrascas y un temporal atípico en la última semana, con lluvias torrenciales e inundaciones en invierno que dañaron cultivos e instalaciones, además de mangas marinas y rachas de viento. Incluso reapareció el pedrisco, un riesgo poco habitual en esa estación y difícil de prever en la gestión diaria.

Más siniestros también en ganadería y retirada de animales
La presión no se limitó a los cultivos, porque Agroseguro tramitó 103.000 siniestros pecuarios y 1,45 millones de servicios de retirada y destrucción de animales muertos en explotaciones, una actividad que requiere logística diaria y encarece el coste del manejo. Para ganaderos autónomos, la cobertura evita que un episodio sanitario o climático se traduzca en un golpe inmediato de caja.
Por producciones, las indemnizaciones sin gastos para productores de frutales alcanzaron 164 millones de euros en 2025 –un 80% más que el año anterior–, por los daños de la actividad tormentosa en primavera y verano. En especial, en las zonas más castigadas por granizo. Después se situaron los herbáceos con 128 millones, los cítricos con 86 millones, las hortalizas con 73 millones y el viñedo con 72 millones.
En los seguros pecuarios, las indemnizaciones pecuarias subieron un 11% y alcanzaron 173 millones de euros, con 58 millones destinados a explotaciones de vacuno y 11 millones en granjas de aves, sobre todo por siniestros de gripe aviar. El seguro de retirada y destrucción de animales muertos concentró 96 millones, una partida que pesa en negocios familiares y que evita costes extraordinarios cuando la mortalidad repunta.
El balance de 2025 constata efectos intensos de la meteorología y explica la evolución de la contratación, porque el seguro agrario se presenta como la mejor herramienta de protección de explotaciones agropecuarias cuando el golpe llega de forma repetida y afecta a la producción comercializable. Con más de un millón de hectáreas afectadas por tormentas y 1,46 millones de hectáreas siniestradas en total, la indemnización se convierte en un componente central de la cuenta anual de muchos autónomos.





