La movilidad vinculada al trabajo sigue siendo uno de los principales focos de riesgo laboral en España, hasta el punto de que casi uno de cada tres profesionales ha sufrido algún accidente relacionado con sus desplazamientos. Según el II Informe de Seguridad Vial Laboral en España, elaborado y presentado por el Real Automóvil Club de España y la Fundación RACE, el 29% de los trabajadores ha tenido un siniestro in itinere y el 21% durante la jornada laboral. Unos porcentajes que ponen de relieve el peso de la movilidad en la siniestralidad laboral.
El impacto es especialmente relevante para los autónomos y los pequeños negocios, que presentan niveles de riesgo similares o incluso superiores, pero con menos herramientas preventivas. El 29% de los trabajadores por cuenta propia ha sufrido un accidente in itinere y el 23% durante su actividad profesional; mientras que el 70% reconoce no haber recibido ningún tipo de formación en seguridad vial laboral, un déficit que agrava su exposición al riesgo.
Ante este escenario, las autoescuelas reclaman un mayor protagonismo en la prevención de los accidentes laborales de tráfico. El sector defiende que la formación vial especializada sigue siendo la gran asignatura pendiente, especialmente ahora que los planes de movilidad segura y sostenible comienzan a desplegarse y afectan también a autónomos y micropymes.
- La movilidad laboral sigue concentrando una parte relevante de los accidentes laborales
- Las autoescuelas reclaman planes de movilidad segura
- Un momento normativo clave para la formación vial
- Un déficit formativo que sigue pasando factura
La movilidad laboral sigue concentrando una parte relevante de los accidentes laborales
Los desplazamientos asociados al trabajo continúan siendo uno de los principales focos de accidentes laborales, tanto dentro de la jornada como en los trayectos de ida y vuelta. Entre los trabajadores por cuenta ajena, el 29% ha sufrido un siniestro in itinere y el 21% durante la jornada laboral, unas cifras que se mantienen elevadas pese a los avances normativos de los últimos años.
La falta de formación práctica explica en parte esta persistencia del riesgo. Solo el 14% de los asalariados ha recibido formación específica para afrontar situaciones de peligro al volante, y apenas el 27% afirma que su empresa cuenta con normas claras sobre uso del móvil, mantenimiento o conducción segura en el ámbito laboral.
En los autónomos, la situación es aún más delicada por la ausencia de estructuras preventivas estables. Aunque su nivel de siniestralidad es similar al de los asalariados, siete de cada diez no ha recibido formación vial, lo que los deja más expuestos a accidentes, bajas y pérdidas económicas.
Las autoescuelas reclaman planes de movilidad segura
Los planes de movilidad segura y sostenible se perfilan como una de las principales herramientas para reducir estos riesgos. Permiten analizar trayectos, ordenar desplazamientos y establecer medidas preventivas, con el objetivo de reducir accidentes y costes indirectos para negocios y profesionales.

Por eso, las autoescuelas reclaman ser incorporadas como agentes clave en el diseño y ejecución de estos planes. Su experiencia en formación práctica y su implantación territorial les permiten adaptar los contenidos a cada tipo de actividad profesional, desde repartidores y comerciales hasta técnicos y profesionales que se desplazan a diario.
Para los pequeños negocios, contar con formación impartida por autoescuelas supone una vía directa para cumplir con las nuevas exigencias preventivas. Además de mejorar la seguridad, puede ayudar a reducir bajas laborales y problemas organizativos derivados de los accidentes de tráfico.
Un momento normativo clave para la formación vial
La aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible refuerza la integración de la movilidad laboral dentro de las políticas públicas de prevención. Este marco normativo coincide con la declaración de 2026 como Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo, un contexto institucional que impulsa medidas preventivas más ambiciosas.
Para las autoescuelas, este escenario abre una oportunidad para ampliar su papel más allá de la obtención del permiso de conducir. El sector defiende que la formación continua en conducción segura debe formar parte de la prevención de riesgos laborales, especialmente en actividades con alta dependencia del vehículo.
Desde el punto de vista económico, esta integración permitiría profesionalizar la prevención en un ámbito que genera elevados costes ocultos. Cada accidente supone pérdidas de ingresos, interrupciones de actividad y gastos adicionales, un impacto especialmente duro para autónomos y micropymes.
Un déficit formativo que sigue pasando factura
Pese a los avances regulatorios, los datos muestran que la movilidad laboral sigue siendo un punto débil del sistema preventivo. La combinación de alta siniestralidad y baja formación explica por qué los accidentes de tráfico mantienen un peso relevante en las estadísticas laborales.
Entre los autónomos, esta situación se ve agravada por la dificultad para acceder a formación adaptada a su realidad. Muchos asumen el riesgo como parte inevitable de su actividad, sin herramientas suficientes para reducirlo, ni apoyo específico.
Las autoescuelas insisten en que la solución pasa por integrar la formación vial especializada en la prevención cotidiana de los negocios. La seguridad en los desplazamientos laborales se consolida así como un factor económico clave para la viabilidad de miles de autónomos y pequeños negocios en España.





