Las bajas por salud mental se han convertido en la segunda causa de incapacidad temporal en España. Hasta el punto de que los procesos vinculados con el ámbito psicológico han aumentado un 490% en los últimos siete años, según los análisis más recientes del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST).
Este incremento de procesos vinculados a ansiedad, depresión o estrés afecta a cientos de miles de profesionales. De hecho, las bajas relacionadas con estos trastornos costaron 3.177 millones de euros a las empresas en 2024, según estimaciones de las mutuas colaboradoras de la Seguridad Social. Un gasto que incluye prestaciones, complementos y cotizaciones, y que ha aumentado más de un 22% respecto al año anterior.
El impacto es especialmente relevante para autónomos y pequeños negocios, que dependen de plantillas reducidas. La ausencia de un empleado durante semanas obliga a reorganizar turnos y tareas.
El debate se ha intensificado tras las dudas expresadas por la patronal sobre el origen laboral de estos problemas, mientras mutuas y sindicatos apuntan a un aumento sostenido de casos. Este escenario obliga a los pequeños negocios a comprender qué factores explican este aumento y qué medidas pueden adoptar para gestionarlo.
- Las bajas por salud mental afectan más a algunos sectores de autónomos
- Los expertos recomiendan a las pymes prevenir los riesgos en su plantilla
- Estrategias de bienestar emocional y detección temprana en las empresas
Las bajas por salud mental afectan más a algunos sectores de autónomos
Según explicó a este diario Denis Losada Varela, técnico de PRL de la Unidad Técnica de Investigación del Centro Nacional de Nuevas Tecnologías del INSST, no hablamos de algo nuevo: la EPA de 2020 ya reflejaba una exposición significativa a riesgos psicosociales. “Un 32% de la población trabajadora está expuesta a presión de tiempo o sobrecarga de trabajo”, un factor que influye directamente en la estabilidad emocional en el empleo.
El experto subrayó que el trato con clientes es otro elemento determinante en la aparición de malestar. “El 16% de las personas ocupadas se enfrenta a trato difícil con clientes, pacientes o usuarios”, una situación especialmente frecuente en los servicios con contacto directo, que incrementa la tensión acumulada en la jornada.
Las actividades más expuestas incluyen transporte y almacenamiento, finanzas y seguros, comercio, etcétera. Entornos donde coinciden ritmos intensos, alta exigencia e interacción continua con usuarios.
Losada recuerda que la salud mental “es multicausal y tiene diversos determinantes”, aunque las organizaciones pueden contribuir a reducir el impacto sobre el personal.
Qué sectores son los más vulnerables
El INSST identifica características comunes en los sectores más afectados. La sobrecarga, la temporalidad, la responsabilidad emocional o la falta de autonomía conforman un entorno proclive a desarrollar malestar.
Estas condiciones aparecen con frecuencia en actividades donde operan pequeños negocios y plantillas reducidas. “Las actividades con mayor incidencia son aquellas con elevada carga de trabajo, presión temporal o trato difícil con usuarios”, explicó el técnico del organismo.

El análisis de patologías notificadas revela mayor concentración de casos en profesiones con alta demanda emocional. Losada destacó que se registraron más situaciones entre “conductores de autobuses, conductores de camiones, profesionales con tareas de atención al público…”, todos ellos sometidos a niveles persistentes de exigencia.
A ello se suma la exposición a situaciones de violencia externa, especialmente en puestos de atención al público. “Se notificaron 2.755 accidentes clasificados como daño psicológico debido a agresiones y amenazas”, un fenómeno que intensifica la vulnerabilidad emocional de ciertas profesiones.
Los expertos recomiendan a las pymes prevenir los riesgos en su plantilla
Para Losada, la prevención de riesgos psicosociales en pymes es uno de los retos fundamentales. “La gestión de los riesgos psicosociales es uno de los principales retos para las pymes y autónomos empleadores”, en parte por la limitación de recursos disponibles y por la dificultad de reorganizar funciones.

El INSST dispone de herramientas específicas para facilitar este proceso sin grandes inversiones. El técnico recuerda que poseen “una metodología específica para pequeñas empresas y la herramienta Prevención10”, diseñada para identificar factores de riesgo tempranos.
La anticipación juega un papel decisivo para evitar bajas prolongadas. “La prioridad debe ser actuar con anterioridad a que se produzcan los daños que derivan en una baja”, señaló Losada, lo que implica detectar señales de malestar y adaptar temporalmente las tareas cuando sea posible.
También resulta relevante evitar desequilibrios en la carga de trabajo. En equipos pequeños, la acumulación de responsabilidades en una sola persona puede incrementar el desgaste psicológico y generar tensiones difíciles de sostener.
Estrategias de bienestar emocional y detección temprana en las empresas
El primer paso para abordar el problema, según el experto del INSST, es cumplir la obligación de evaluar los riesgos psicosociales. “Es un punto de partida ineludible, ya que se trata de una medida que permite implementar acciones preventivas reales”.
A esta base normativa deben sumarse estrategias de bienestar emocional que faciliten la comunicación interna. Losada explica que las empresas pueden detectar posibles problemas “a través de la identificación de dificultades y de signos de angustia o cambios de comportamiento”, una práctica que ayuda a intervenir antes de que el daño progrese.
Pequeños ajustes también generan mejoras significativas en el clima laboral. El experto recuerda que “las personas empleadoras pueden contribuir al bienestar mental mediante acciones sencillas y poco costosas”, como fomentar la participación en decisiones o revisar horarios, medidas que reducen tensiones innecesarias.
Losada concluyó que una gestión adecuada produce beneficios tangibles para la organización. “Una adecuada gestión psicosocial contribuye a reducir el absentismo y las tasas de incapacidad temporal”, además de mejorar la motivación y el desempeño de los equipos.





