La presión fiscal no deja de crecer en los países desarrollados, y España se ha situado de nuevo por encima de la media de la OCDE, con una ratio del 36,7% del PIB, frente al 34,1% del conjunto de países occidentales. El dato procede del informe Revenue Statistics 2025, presentado recientemente, y refleja un incremento de tres décimas respecto al año anterior, impulsado principalmente por el aumento de la recaudación ligada al empleo y a los salarios.

Para los autónomos con empleados y los pequeños negocios, este repunte no es una cuestión abstracta de macroeconomía, sino un fenómeno que se traduce en mayores costes laborales y fiscales en el día a día. La OCDE constata además que más de un tercio de toda la recaudación en España procede ya de las cotizaciones sociales; una proporción muy superior a la media de los países desarrollados.

Ese peso creciente de las cotizaciones y de los impuestos ligados al trabajo, explica buena parte de la percepción, extendida entre pymes y autónomos, de que la presión fiscal no deja de aumentar. Así lo explican dos expertos, que analizaron el informe para este diario, desde la óptica del pequeño negocio.

  1. Los impuestos que pagan las pymes españolas crecen más rápido que nuestra economía
  2. Una presión fiscal media-alta con efectos concentrados
  3. Un tercio de toda la recaudación fiscal viene de las cotizaciones 
  4. La burocracia y no deflactar el IRPF también aumenta la presión fiscal
  5. Las pymes españolas hacen más esfuerzo fiscal que en la mayoría de países

Los impuestos que pagan las pymes españolas crecen más rápido que nuestra economía

La técnica del servicio de estudios del Consejo General de Economistas, Raquel Jurado Ibáñez, subrayó que la primera clave es entender correctamente el concepto de presión fiscal. “Es el porcentaje que representan todos los impuestos y cotizaciones sociales recaudados por el Estado en relación con el Producto Interior Bruto del país, no lo que paga cada empresa o cada persona de forma individual”.

Según Jurado, el dato del 36,7% del PIB “no significa necesariamente que se hayan creado nuevos impuestos o que hayan subido de forma generalizada los tipos impositivos”, sino que refleja que los ingresos tributarios han crecido a mayor ritmo que la economía. “En España, una parte muy relevante de los impuestos, especialmente el IRPF y las cotizaciones sociales, está directamente vinculada al empleo y a los salarios”, explica.

Esto implica que cuando se crean más puestos de trabajo y suben las remuneraciones, la recaudación aumenta de forma casi automática. “Incluso aunque la actividad económica avance de manera más moderada, la recaudación crece porque se aplica sobre bases nominales más altas, especialmente en contextos de inflación”, añadió la experta.

Una presión fiscal media-alta con efectos concentrados

Desde una perspectiva más académica, el doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School, Juan Carlos Higueras, destacó que España se sitúa en una posición intermedia-alta dentro de la OCDE. “Está por encima de la media, pero por debajo de los países con Estados del bienestar más extensos, como Francia o los países nórdicos”, señala.

A su juicio, esto tiene una implicación clara para el debate fiscal. “El margen para seguir subiendo impuestos, con el argumento de que estamos muy por debajo de Europa, es hoy mucho más limitado que hace 10 o 15 años”, apuntó Higueras.

Raquel Jurado Ibáñez es técnica del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas
Raquel Jurado Ibáñez es técnica del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas.

Sin embargo, ambos expertos coinciden en que el verdadero problema para las pymes no es tanto la cifra global, como la forma en la que se distribuye la recaudación. “Una parte muy relevante de los ingresos públicos proviene de figuras que afectan directamente al pequeño negocio, como las cotizaciones sociales, el IRPF sobre el trabajo y el IVA”.

Un tercio de toda la recaudación fiscal viene de las cotizaciones 

El informe de la OCDE muestra que las cotizaciones sociales representan el 34,7% de toda la recaudación en España, frente a una media del 25,5% en el conjunto de la organización. Esta diferencia tiene consecuencias directas para los autónomos con empleados.

“En la práctica, esto implica que una parte muy relevante del esfuerzo fiscal se concentra en el factor trabajo”, señaló Raquel Jurado. “Para los autónomos y pequeños empleadores, contratar no significa solo pagar un salario, sino asumir un coste adicional elevado en cotizaciones, lo que desincentiva la creación de empleo estable y limita la capacidad de crecer”.

Juan Carlos Higueras coincide en este diagnóstico y va un paso más allá. “La estructura fiscal encarece el coste total de la empresa por cada trabajador, lo que dificulta contratar o subir salarios y obliga a ser muy prudente a la hora de convertir contratos temporales en indefinidos”, explicó.

Según el economista, este efecto es especialmente acusado en sectores intensivos en mano de obra. “Hostelería, comercio, servicios personales o pequeñas industrias operan con márgenes ajustados, y cualquier aumento del coste laboral tiene un impacto directo en su viabilidad”.

La burocracia y no deflactar el IRPF también aumenta la presión fiscal

La OCDE apunta que el aumento de la recaudación en 2024 se explica más por el crecimiento del empleo y de los salarios que por la creación de nuevas figuras impositivas. Sin embargo, esta explicación no siempre convence a los pequeños negocios.

Juan Carlos Higueras es doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School
Juan Carlos Higueras es doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School.

“Desde la perspectiva de la pyme, el crecimiento de las bases imponibles se traduce en pagos más altos de cotizaciones, retenciones e IVA, sin que necesariamente haya un aumento proporcional del beneficio”, explicó Jurado.

A ello se suma, según Higueras, una acumulación de factores que refuerzan esa percepción. “Hay pequeñas modificaciones normativas, incrementos del salario mínimo, cambios en cotizaciones y un aumento de las obligaciones administrativas que encarecen el cumplimiento fiscal”.

El economista introduce además un elemento clave: la progresividad en frío. “Al no actualizarse adecuadamente las bases imponibles con la inflación, muchos autónomos pasan a tramos superiores, lo que reduce su poder adquisitivo y su capacidad de ahorro; aunque no hayan mejorado realmente su situación económica”, afirmó.

Las pymes españolas hacen más esfuerzo fiscal que en la mayoría de países

Uno de los conceptos que más peso tiene en el análisis de Higueras es la diferencia entre presión fiscal y esfuerzo fiscal. “Lo que nota una pyme no es el 36,7% agregado, sino que, cuando convierte un euro de facturación en nómina, beneficio o reinversión, se van sumando IVA, cotizaciones, IRPF y Sociedades”.

En su opinión, medir solo la presión fiscal oculta parte del problema. “Si analizamos el esfuerzo fiscal, es decir, el sacrificio que supone pagar impuestos en relación con el nivel de renta, España se sitúa entre los países con mayor carga real para pequeñas empresas y ciudadanos en general”, sostiene.

El informe de la OCDE advierte de que el envejecimiento de la población y el aumento del gasto en pensiones seguirán presionando los ingresos públicos en los próximos años. Y para Raquel Jurado, esta realidad limita claramente el margen de maniobra. “Una parte cada vez mayor del gasto público está vinculada a las pensiones y tiende a crecer con la estructura demográfica”, explica.