Las pymes españolas afrontan una paradoja cada vez más costosa: España se sitúa entre los países europeos en los que más trabajadores perciben medidas para prevenir el estrés, pero también entre aquellos en los que la presión laboral es mayor.
El Barómetro del Talento de ManpowerGroup habla de que un 54,9% de las personas ocupadas considera que en su empresa existen planes frente a la ansiedad, mientras que el 64% de los profesionales asegura soportar niveles elevados de estrés y el 68% afirma haber sufrido recientemente una situación de sobrecarga laboral.
El problema tiene una traducción directa en las cuentas y en la organización de los negocios con empleados, sobre todo cuando las bajas se prolongan o resulta difícil sustituir a la plantilla. En 2025, el absentismo alcanzó el 7,6% de las horas pactadas, un máximo histórico, y su impacto económico ascendió a 59.109 millones de euros, según el XV Informe Adecco sobre Absentismo Laboral.
Además, la salud mental está ganando peso dentro de las incapacidades temporales, lo que convierte la prevención de los riesgos psicosociales en una cuestión cada vez más importante para autónomos empleadores y pymes. Los trastornos mentales son ya la segunda causa de baja por número de episodios y la primera por duración media, después de haber aumentado un 111% en cinco años.
- El estrés crece pese a que más de la mitad de los empleados percibe medidas preventivas
- Los trastornos mentales son ya la primera causa de baja por duración media
El estrés crece pese a que más de la mitad de los empleados percibe medidas preventivas
España ocupa el séptimo puesto europeo por percepción de sistemas empresariales destinados a prevenir el estrés laboral, según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo. Ese resultado contrasta con el Barómetro del Talento de ManpowerGroup, según el cual sólo el 34% de los profesionales españoles afirma trabajar prácticamente sin estrés.
La comparación internacional refuerza esa contradicción, ya que un informe de Gallup sitúa a Grecia, Malta, Italia y España entre los países en los que los trabajadores declaran mayores niveles de estrés. Las naciones con una elevada presión laboral aparecen también por encima de la media europea en implantación de medidas para prevenirla.
Las diferencias son igualmente importantes según la actividad económica, y algunos sectores con gran presencia de pequeñas empresas figuran entre los que más medidas preventivas declaran. En construcción, gestión de residuos y suministro de agua y electricidad, el porcentaje alcanza el 66,9%; en agricultura, silvicultura y pesca llega al 62,7%, el mismo nivel que en sanidad y trabajo social.
Los trastornos mentales son ya la primera causa de baja por duración media
En comercio, transporte, hostelería y ocio, actividades donde abundan autónomos y pequeñas empresas con trabajadores a su cargo, el porcentaje de empleados que perciben medidas para prevenir el estrés baja al 57,8%. La media de todos los sectores se sitúa en el 54,9%, mientras que la Administración pública queda muy por debajo, con un 29,8%.

El absentismo ha aumentado un 43% desde la pandemia y su coste equivale aproximadamente al 7% del PIB, según las cifras recogidas en el análisis. Por territorios, Cataluña soportó en 2025 un impacto estimado de 11.557 millones de euros, seguida de Madrid, con 10.290 millones, y Andalucía, con 7.410 millones.
También existen diferencias muy marcadas por sectores en el coste económico de las ausencias laborales. Los servicios concentraron 45.096,1 millones de euros en 2025, un 13,12% más que el año anterior; la industria alcanzó 11.087,9 millones, un 16,21% más, y la construcción llegó a 2.924,6 millones, un 11,04% más.
El debate alcanza además a la consideración jurídica de determinadas dolencias vinculadas al trabajo. El Congreso ha instado al Gobierno a revisar el listado de enfermedades profesionales para estudiar la incorporación de patologías como la ansiedad o la depresión, lo que facilitaría establecer su relación con la actividad laboral y permitiría que las mutuas gestionaran más procesos de salud mental.
La eventual incorporación de estas patologías al listado de enfermedades profesionales modificaría, sin embargo, la forma de gestionar parte de estas bajas.





