- Los agricultores autónomos del cereal denuncian que los precios no cubren los costes de producción
- Las organizaciones agrarias alertan del riesgo de cierre de explotaciones
La tensión vuelve al campo cerealista. Las principales organizaciones agrarias de Castilla y León han convocado una protesta conjunta el próximo 20 de mayo para denunciar la crisis de rentabilidad que atraviesan miles de autónomos agricultores dedicados al cereal; después de varias campañas marcadas por la caída de los precios en origen y el incremento de los costes de producción.
El malestar afecta especialmente a autónomos y pequeñas explotaciones familiares, que aseguran estar vendiendo por debajo de costes mientras siguen soportando gastos elevados en fertilizantes, gasóleo, maquinaria o financiación.
La movilización, anunciada por organizaciones como Asaja, reclama medidas urgentes para frenar el deterioro económico del sector y evitar el cierre de explotaciones agrícolas en numerosas zonas rurales. Los convocantes aseguran que los precios actuales del cereal “no cubren ni de lejos” los costes asumidos por los productores, pese a que muchos agricultores encadenan inversiones y créditos desde las últimas campañas de sequía.
Las protestas tendrán lugar en distintos puntos de Castilla y León y buscan también llamar la atención sobre el impacto que esta situación puede tener sobre la economía rural y los pequeños negocios vinculados al campo. Cooperativas, talleres agrícolas, comercios de suministros o empresas de transporte dependen en buena medida de la actividad cerealista en una comunidad donde el cultivo de trigo, cebada o maíz sigue siendo uno de los pilares económicos de muchas comarcas.
Los agricultores autónomos del cereal denuncian que los precios no cubren los costes de producción
En las últimas semanas, el precio de algunos cereales ha seguido cayendo en los mercados mayoristas, mientras los agricultores denuncian que muchos gastos apenas han retrocedido respecto a los máximos alcanzados tras la guerra de Ucrania. Las organizaciones agrarias sostienen que esa combinación está llevando a numerosas explotaciones a trabajar prácticamente sin margen o incluso con pérdidas.
En Asaje explican que la situación es especialmente grave para las explotaciones más pequeñas y menos capitalizadas, que tienen menos capacidad para soportar campañas prolongadas con bajos ingresos. Además, advierten de que muchos profesionales siguen arrastrando las consecuencias de la sequía sufrida en ejercicios anteriores, que obligó a refinanciar inversiones o asumir nuevos préstamos.
El sector también considera insuficiente la evolución de las ayudas y medidas aprobadas hasta ahora para aliviar la situación. Las organizaciones agrarias insisten en que el problema no responde únicamente a una mala campaña concreta, sino a una pérdida continuada de rentabilidad que amenaza la viabilidad futura de muchas explotaciones familiares.
La convocatoria del 20 de mayo busca precisamente trasladar una imagen de unidad entre las distintas organizaciones agrarias en un momento especialmente delicado para el cereal. Los convocantes consideran que la protesta debe servir para presionar tanto a las administraciones públicas como a la cadena alimentaria ante una situación que, aseguran, “no puede sostenerse ya por más tiempo”.

Las organizaciones agrarias alertan del riesgo de cierre de explotaciones
Otro de los argumentos que más preocupa al sector es el posible abandono de actividad por parte de agricultores autónomos próximos a la jubilación o con explotaciones de menor tamaño. En algunas provincias de Castilla y León, las organizaciones aseguran que cada vez resulta más difícil garantizar el relevo generacional en el campo si la actividad deja de ser rentable.
La situación afecta además a otras actividades económicas vinculadas al cereal. Empresas de maquinaria agrícola, negocios de repuestos, talleres o cooperativas dependen directamente del nivel de inversión y actividad de las explotaciones agrícolas, por lo que una reducción de la rentabilidad termina repercutiendo sobre buena parte de la economía rural.
Los convocantes de las protestas sostienen que el cereal atraviesa una “situación límite” y recuerdan que Castilla y León concentra una parte muy importante de la producción nacional. El sector insiste en que, sin medidas que permitan recuperar márgenes económicos razonables, muchas explotaciones podrían reducir superficie cultivada o abandonar determinados cultivos en próximas campañas.
Las organizaciones agrarias también relacionan la crisis actual con la volatilidad de los mercados internacionales y el aumento de las importaciones procedentes de terceros países. Aunque reconocen que el precio del cereal depende en buena medida del contexto global, consideran que los agricultores españoles están soportando mayores exigencias regulatorias y costes más elevados que otros productores internacionales.





