- Casi un 80% del coste asociado al exceso de peso se traduce en pérdidas laborales
- Las pymes miden las consecuencias de la obesidad, pero no las causas
- Pequeñas mejoras en el peso reducen los costes y aumentan la productividad
La obesidad ya supone un coste potencial de 292.363 millones de euros en España; el equivalente a cerca del 8% del PIB si se tiene en cuenta su impacto global. Y una parte muy relevante de esa factura acaba repercutiendo directamente en la actividad de autónomos y pymes en forma de bajas, absentismo laboral y pérdida de productividad.
En un encuentro organizado por el Observatorio de Bienestar Organizacional (OBBIO), y a partir de un informe elaborado por los laboratorios Lilly España y la Fundación Weber, varios expertos advirtieron además de que no actuar frente a este problema sale más caro que intervenir: el 15,2% de los trabajadores vive con obesidad, mientras que el 39,8% presenta sobrepeso.
Para pequeños negocios con plantillas reducidas o con un fuerte peso del propio autónomo en la operativa diaria, el dato más relevante es que cerca del 80% del coste asociado a la obesidad se traduce en pérdidas laborales, ya sea por incapacidad temporal, menor rendimiento o dificultades para mantener el ritmo de trabajo. Ese impacto no se limita a la salud física, sino que alcanza a la organización diaria, al descanso, a la concentración y a la capacidad real de sostener la actividad, sobre todo en sectores donde cada jornada cuenta.
OBBIO reunió en Madrid a perfiles médicos y empresariales para analizar un problema que a menudo se interpreta como una cuestión individual, cuando en realidad tiene una dimensión económica y laboral muy concreta. La directora de Data y Tecnología de la Fundación Weber, Elena García García, resumió esa idea: “La obesidad debe tratarse como una prioridad de salud pública” y que el enfoque debe ser integral, incorporando tanto el ámbito sanitario como el empresarial.
Casi un 80% del coste asociado al exceso de peso se traduce en pérdidas laborales
Según los datos expuestos durante la jornada, incluso si se consideran únicamente las principales comorbilidades –esto es, padecer varios problemas de salud al mismo tiempo– que vienen asociadas a esta enfermedad, el coste se situaría en torno al 3% del PIB, una cifra que refleja la magnitud de un problema que afecta a millones de trabajadores y, por extensión, a la estructura productiva.
Durante la presentación del informe, los expertos destacaron los costes indirectos, que son los que más afectan al día a día de las empresas y que en muchos casos pasan desapercibidos. Pérdidas de productividad, dificultades para mantener la concentración, mayor accidentabilidad o menor capacidad física son algunas de las consecuencias que terminan impactando en la cuenta de resultados de autónomos y pymes.
Elena García García explicó que el estudio no se limita a analizar los costes sanitarios directos, sino que incorpora elementos como el presentismo, el absentismo o la incapacidad laboral, que tienen un peso creciente en la economía. En este sentido, subrayó que, además “de lo que cuesta tratar la enfermedad, debe tenerse en cuenta todo lo que ocurre alrededor en términos de productividad, calidad de vida y funcionamiento de las organizaciones”.
A ese impacto económico se suma una dimensión social y emocional que también tiene consecuencias en el ámbito laboral. Según los datos compartidos, el 96% de las personas con obesidad sufre algún grado de afectación emocional, mientras que el 66% percibe discriminación en procesos de selección o en el acceso a nuevos puestos, lo que limita sus oportunidades profesionales y condiciona su desarrollo dentro de las empresas.
La Dra. Ana Segura Grau, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, insistió en que “la obesidad no es solo una enfermedad, sino un conjunto de problemas que afectan a la vida personal, familiar y laboral de los pacientes”. Y destacó que incluso pequeñas reducciones de peso pueden traducirse en mejoras significativas en movilidad, calidad de vida y rendimiento en el trabajo.
Las pymes miden las consecuencias de la obesidad, pero no las causas
Desde el ámbito empresarial, los expertos coincidieron en que muchas organizaciones ya son conscientes del impacto de la obesidad en términos de bajas y rendimiento, pero todavía no profundizan lo suficiente en sus causas. Mayte Martínez Villacorta, socia directora de Wonest, señaló que las empresas “miden el absentismo y los datos de salud, pero eso refleja las consecuencias, no el origen del problema”.

En este sentido, apuntó que factores como el estrés, la falta de descanso, el entorno familiar o los hábitos de vida tienen un papel determinante en el desarrollo de la obesidad y en su cronificación. “Todo eso impacta directamente en el rendimiento, en la concentración y en la disponibilidad real de la persona”, explicó, al tiempo que defendió la necesidad de diseñar programas más integrales y conectados entre sí.
La doctora Daniela Silva, especialista en Medicina Interna, también subrayó que el abordaje tradicional basado únicamente en la alimentación o el ejercicio es insuficiente, ya que la obesidad responde a factores mucho más complejos. “No es una simple ecuación de calorías, es una enfermedad multifactorial que requiere un enfoque transversal”, afirmó. E insistió en la importancia de combinar educación, apoyo psicológico, actividad física y acceso a tratamientos adecuados.
En el entorno laboral, estas medidas se traducen en acciones concretas como fomentar pausas activas, facilitar opciones de alimentación saludable o promover una cultura organizativa que reduzca el estigma. Según explicó Silva, “las intervenciones más eficaces son aquellas que combinan distintos aspectos y se mantienen en el tiempo”. Algo especialmente relevante en negocios pequeños, en los que cualquier mejora en la salud de la plantilla tiene un impacto inmediato.
Pequeñas mejoras en el peso reducen los costes y aumentan la productividad
Uno de los aspectos más relevantes del informe es que incluso reducciones moderadas de peso pueden generar beneficios económicos significativos. Según los datos expuestos, una pérdida de entre el 5% y el 10% del peso corporal puede suponer ahorros relevantes en costes sanitarios y laborales, al reducir la incidencia de enfermedades asociadas y mejorar la capacidad funcional de las personas.
Ignacio Rojo, representante de Lilly España, destacó que “las personas con obesidad que consiguen reducir su peso entre un 5% y un 10% generan ahorros de unos 2.700 euros, y si la pérdida es mayor, esos ahorros pueden alcanzar los 9.000 euros”, cifras que reflejan el impacto directo que tiene la mejora de la salud en el sistema y en las empresas.
Además de los costes, los expertos señalaron que la mejora en la calidad de vida tiene un efecto directo sobre la productividad y la implicación de los trabajadores. La doctora Ana Segura Grau explicó que con pequeñas reducciones de peso “vemos mejoras muy importantes en movilidad, en energía y en capacidad para trabajar”. Lo que refuerza la idea de que intervenir a tiempo no solo reduce costes, sino que mejora el funcionamiento de los negocios.
La prevención, por tanto, se convierte en un elemento clave tanto para el sistema sanitario como para las pymes. Según los expertos, actuar antes de que aparezcan las complicaciones permite evitar costes mucho mayores a medio y largo plazo, algo especialmente relevante para autónomos y pymes que cuentan con menos margen para absorber el impacto de una baja o de una caída de rendimiento.





