Cada vez más autónomos y pymes utilizan sistemas de control como el fichaje con huella, la geolocalización de empleados o herramientas automatizadas para controlar su rendimiento. Muchas veces, sin saber que pueden estar incumpliendo la normativa laboral y de protección de datos. El problema no es el uso en sí de estas tecnologías, sino cómo se implantan y si cumplen los requisitos legales exigidos, algo que ya está generando sanciones elevadas, conflictos laborales y decisiones judiciales en contra de las empresas.

Estas herramientas se han popularizado precisamente para cumplir obligaciones legales, como el registro horario. Sin embargo, pueden acabar generando el efecto contrario si no se utilizan correctamente. “Un sistema que se compra para cumplir una norma puede hacernos incumplir otra”, advirtió Natalia Otero Fernández, CEO y abogada del bufete Fórmula Legal. Quien subrayó que la sensación “de inseguridad jurídica que genera este terreno es real y cotidiana”.

A esto se suma que el control empresarial tiene límites claros que muchos negocios desconocen o aplican de forma incorrecta. Lo que puede derivar en sanciones económicas o incluso en la nulidad de decisiones como despidos. “Esa facultad o poder controlar no es ilimitado”, recordó Víctor Salso, manager del Área Laboral del bufete RSM. Este experto insiste en que cualquier medida de control debe respetar la intimidad, la protección de datos y el derecho a la desconexión digital de los trabajadores.

  1. Estos sistemas solo pueden recoger los datos imprescindibles y durante un tiempo concreto
  2. Las claves legales que deben cumplir las pymes antes de implantar sistemas de vigilancia
  3. Qué puede pasar si un autónomo usa mal los sistemas para vigilar a su plantilla
  4. Sanciones, despidos anulados y costes que pueden arruinar un negocio
  5. Una mala decisión tecnológica puede volverse en contra del propio autónomo

Estos sistemas solo pueden recoger los datos imprescindibles y durante un tiempo concreto

El uso de sistemas de geolocalización o fichaje digital puede ser perfectamente legal. Eso sí, siempre que se limite a la actividad laboral y tenga una finalidad justificada; como la organización de rutas o la seguridad. Sin embargo, el problema surge cuando ese control se extiende más allá de lo necesario o se aplica sin informar correctamente al trabajador, algo que ocurre con más frecuencia de la que parece.

“No se puede seguir rastreándolo cuando ficha la salida”, explicó Otero Fernández. Esta abogada recuerda que el principio de minimización obliga a recoger únicamente los datos imprescindibles y durante el tiempo estrictamente necesario. En esa misma línea, Salso señaló que ha de limitarse “al tiempo de trabajo o jornada laboral, lo que implica que el control no puede invadir la esfera personal del empleado”, ni por lo tanto prolongarse fuera del horario establecido.

El fichaje con elementos biométricos es uno de los ejemplos más conflictivos, porque combina una aparente eficacia con un alto riesgo legal. “La huella dactilar es un dato de categoría especial… y su uso para fichar exige una justificación reforzada que, en la práctica, es casi imposible de sostener”, advirtió la abogada. Quien insiste en que existen alternativas menos intrusivas que deberían priorizarse.

Además, el hecho de que una herramienta funcione o sea habitual no la convierte automáticamente en válida desde el punto de vista jurídico. “Legal no es sinónimo de seguro, y lo que hoy se tolera puede ser una sanción mañana”, resumió Otero Fernández. Esta experta destaca la rapidez con la que están evolucionando tanto la normativa como los criterios de los tribunales.

Las claves legales que deben cumplir las pymes antes de implantar sistemas de vigilancia

Antes de implantar cualquier sistema de control, los autónomos y pymes deben cumplir una serie de requisitos que van más allá de instalar un software o un dispositivo. El primero de ellos es superar el denominado test de proporcionalidad, una exigencia jurídica que obliga a justificar que la medida es adecuada, necesaria y equilibrada.

Natalia Otero es CEO y abogada del bufete Fórmula Legal.
Natalia Otero es CEO y abogada del bufete Fórmula Legal.

“Ha de realizarse, y superarse esta prueba”, explica Salso. Para él, la empresa debe demostrar “que no existe otra alternativa menos invasiva para lograr el mismo objetivo”. Esta exigencia es clave, porque “muchas sanciones se producen precisamente por no haber evaluado si el sistema elegido era realmente necesario”.

A esto se suma la obligación de informar previamente a los trabajadores, explicando qué datos se recogen, con qué finalidad y durante cuánto tiempo se conservarán. Además, los fallos en el registro diario de jornada pueden acarrear multas de 751 a 7.500 euros por infracciones graves, lo que convierte este punto en uno de los más vigilados por la Inspección de Trabajo.

“Un sencillo folio, con lenguaje comprensible, puede ahorrar al autónomo o a la pyme muchos disgustos”, apuntó Otero Fernández. Para ella, la falta de información es uno de los errores más habituales entre pequeños negocios.

Qué puede pasar si un autónomo usa mal los sistemas para vigilar a sus empleados

Otro aspecto fundamental es la evaluación de impacto cuando el tratamiento de datos implica un riesgo elevado, como ocurre con la biometría o la monitorización sistemática. “No es un formulario de trámite: es un análisis documentado de los riesgos”, advirtió la abogada, al subrayar que la Agencia Española de Protección de Datos está sancionando cuando se omite este paso.

Víctor Salso, manager del Área Laboral del bufete RSM
Víctor Salso es manager del Área Laboral del bufete RSM.

Confiar en el consentimiento del trabajador puede ser un error grave, ya que no siempre se considera válido en el ámbito laboral. “Este permiso está viciado por la dependencia económica del trabajador”, recordó Otero Fernández, lo que obliga a buscar otras bases legales más sólidas para justificar el tratamiento de datos.

Por su parte, Salso insistió en que ha de cumplirse “con el deber de información previo específico”, y que la empresa “debe poder acreditar que ha informado correctamente, tanto a los trabajadores como a sus representantes”. Esta obligación no es formal, sino esencial para que el sistema pueda considerarse legítimo en caso de conflicto.

Sanciones, despidos anulados y costes que pueden arruinar un negocio

Las consecuencias de utilizar mal estas herramientas pueden ser muy graves y afectar a distintos ámbitos al mismo tiempo, desde sanciones económicas hasta problemas judiciales. En el plano administrativo, las multas pueden alcanzar cifras muy elevadas, especialmente cuando se vulnera la normativa de protección de datos.

Autónomos y pymes se arriesgan a multas de miles de euros por usar mal la tecnología el control de empleados.
Autónomos y pymes se arriesgan a multas de miles de euros por usar mal la tecnología el control de empleados.

“Para una pyme, cualquiera de estas cuantías no es una multa: es una sentencia de muerte económica”, advierte Otero Fernández, que recuerda que ya existen sanciones de cientos de miles de euros por el uso indebido de sistemas biométricos. A esto se añaden otras infracciones, como la falta de registro de jornada, que también conllevan multas relevantes.

En el ámbito laboral, el principal riesgo es que un despido se base en pruebas obtenidas de forma ilícita, lo que puede invalidar toda la decisión empresarial. “La imposibilidad de utilizar la información o datos recabados a efectos probatorios” puede derivar en que el despido sea declarado improcedente, explica Salso, con el consiguiente coste económico para la empresa.

Una mala decisión tecnológica puede volverse en contra del propio autónomo

Además, esa nulidad puede arrastrar otras consecuencias, como indemnizaciones adicionales o la obligación de readmitir al trabajador. “La declaración de improcedencia… de medidas disciplinarias” es una de las consecuencias más habituales cuando el control se ha realizado vulnerando derechos fundamentales, añade el experto de RSM.

En negocios pequeños, cualquier conflicto laboral puede tener un efecto directo en la actividad. “Lo que se implanta como herramienta de control puede convertirse en el argumento más sólido de la defensa del trabajador”, concluyó Otero Fernández, reflejando el riesgo de que una mala decisión tecnológica acabe volviéndose en contra del propio empresario.