En las últimas semanas, un fenómeno ha captado la atención de ciudadanos y redes sociales, tanto en Mallorca como en otros regiones regiones de España: la clausura de bazares chinos. Esos establecimientos que, durante décadas, han dinamizado el comercio de proximidad.
A diferencia de las especulaciones que circulan en internet –desde una supuesta preparación para una guerra aún sin declarar a información privilegiada de sus propietarios sobre la coyuntura mundial–, las razones detrás de estos cierres son más prácticas. Y están ligadas a desafíos económicos que afectan a autónomos y empresarios en todo el país.
Los bazares se ven afectados por la inflación y la escalada de costes
Tras las informaciones ¡difundidas en redes sociales sobre los motivos de estas clausuras o liquidaciones de existencias, la Asociación China de las Islas Baleares (Achinib) aclaró en un comunicado las verdaderas causas. Una de ellas es la inflación, que ha disparado los costes de alquiler y suministros, afectando especialmente a las tiendas locales. Esta patronal subrayó que estas dificultades no son exclusivas de los empresarios de origen chino, sino que impactan al conjunto del sector minorista.
Otro factor determinante para este colectivo es el cambio en los hábitos de consumo, impulsado por la creciente preferencia hacia el comercio electrónico. Muchas de las plataformas que ofrecen productos a precios competitivos con entrega a domicilio, han reducido la viabilidad de los comercios tradicionales. Esta tendencia, que se intensificó tras la pandemia, cuestiona un modelo basado en la venta física de artículos variados y accesibles, rasgo distintivo de estos negocios durante años.
Las normativas y la competencia ‘online’ añaden presión a los comerciantes
La Asociación China de las Islas Baleares añadió que el endurecimiento de normativas administrativas y fiscales ha supuesto un obstáculo adicional para algunos propietarios, quienes carecen de los recursos económicos para adaptarse a estos cambios.
A esto se suma la competencia de las grandes superficies, capaces de ajustar precios y lanzar promociones masivas, lo que resta clientela a los establecimientos minoristas.
En Mallorca, por ejemplo, el caso de un bazar en el polígono de Son Castelló –cuyos dueños decidieron regalar su mercancía tras no lograr venderla– refleja la presión económica que enfrentan estos pequeños empresarios.

El cierre de bazares de origen chino no es nuevo, ni exclusivo de Mallorca
Sin embargo, Fang Ji, presidente de Achinib, puntualizó en declaraciones a este diario que no es la primera vez que algunos de estos negocios cesan su actividad. Además, cuestionó la relevancia dada recientemente al tema, tras “el cierre de tres bazares y la venta de su mercancía a precio de saldo en otros tres”, cuando estos representan sólo “una pequeña fracción de las 200 o 300 tiendas existentes en las islas”.
Según Ji, este fenómeno no es nuevo y lleva ocurriendo desde hace años, tanto en Baleares como en la Península. De hecho, es posible identificar ejemplos significativos en otras regiones. En Málaga, los dos mayores bazares asiáticos cerraron en 2023; en Madrid, un local de más de 400 metros cuadrados en la calle Toledo, cerca de la Plaza Mayor, está disponible para alquiler desde que sus propietarios liquidaran su stock de productos el año pasado.
En esa misma zona, fruterías y tiendas de alimentación antes regentadas por personas de origen chino ahora son gestionadas por empresarios de otras nacionalidades. La Asociación de Comerciantes y Empresarios Chinos de España (ACECHIE) declinó responder a las preguntas que este medio le traslado sobre los cambios que atraviesan estos comercios.
¿Un cambio de rumbo o una adaptación?
A nivel estadístico, aún es pronto para determinar si algunos miembros de esta comunidad están abandonando sus negocios para buscar oportunidades en otros países. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran un aumento de la población china en España, desde las 186.031 personas en 2014 a las 223.999 registradas en 2022.
No obstante, aunque no se trate de una oleada repentina de cierres, la tendencia parece evidente. Como señaló Fang Ji, parte de estos empresarios podrían estar reorientándose hacia sectores como la hostelería, donde los precios también suben, si bien es posible trasladar los costes (inflación, regulaciones y alquileres) a los clientes.
Más allá de las informaciones virales que han recorrido las redes en las últimas semanas, los problemas a los que se enfrentan los autónomos y pequeños empresarios de origen chino son compartidos por el resto del sector. Este escenario pone de manifiesto un desafío mayor: la necesidad de reinventarse en un mercado dominado por la digitalización y los gigantes comerciales.
La desaparición de este tipo emblemático de negocios, además de suponer el fin de una era, pone en evidencia las dificultades del comercio físico de proximidad en España, y su lucha por sobrevivir en tiempos de transformación social y económica.





