Según las autoridades, más del 90% de los dominios aparcados de internet (esto es, aquellas direcciones sin una página web propia activa) dirigen las visitas a portales fraudulentos de estafas, que envían mensajes alarmistas para asustar al usuario y empujarlo a descargar software falso o malicioso (scareware). Considerando que hablamos de cerca de 60 millones de dominios, según las estimaciones más actualizadas, el riesgo para los comercios online, sin importar su tamaño, resulta patente: se encuentran en el punto de mira de ciberdelincuentes que intentan suplantar su identidad.

Esta práctica, conocida como cybersquatting o ciberocupación, aprovecha nombres de dominio muy parecidos al de una tienda real para engañar a sus clientes. Así se desprende de pruebas realizadas a gran escala realizadas por la compañía especializada en ciberseguridad y gestión de redes Infoblox, cuya investigación subraya que esos nombres de dominio, tradicionalmente inofensivos, han pasado a funcionar como canales para obtener beneficios del tráfico de forma opaca y, en muchos casos, fraudulenta.

Aunque la principal preocupación no es solo dicho volumen, sino el grado de sofisticación de esta estrategia de fraude. Ya que buena parte de estos dominios están programados para detectar ciertos parámetros del visitante (como su país de origen, idioma, navegador, si es cliente real o un bot…) y redirigirlo a contenidos distintos según el perfil. Lo que permite esquivar controles automáticos y prolongar el fraude durante semanas.

  1. Dado que estos dominios revenden el tráfico de visitas varias veces, resulta difícil responsabilizar a alguien
  2. Cómo afecta este fraude a los pequeños ‘ecommerce’
  3. Medidas prácticas para que los negocios afectados actúen en caso de duda
  4. Protocolo de respuesta ante un dominio fraudulento

Dado que estos dominios revenden el tráfico de visitas varias veces, resulta difícil responsabilizar a alguien

El análisis de Infoblox describe un fenómeno que ha escalado en complejidad. Tanto es así que existe un mercado de dominios sin uso. De tal forma que existe un tráfico de compra y venta entre plataformas publicitarias y sistemas de distribución de visitas, lo que convierte cada acceso en un activo que puede ser dirigido a terceros.

Además, los operadores muestran una página “inocua” cuando el visitante parece un escáner o una máquina, pero ofrecen anuncios o redirecciones distintas a los usuarios reales, de manera que los intentos de detección automáticos no reflejan la experiencia real del cliente.

Por otra parte, la cadena de intermediarios reduce la trazabilidad: al revenderse el tráfico varias veces, resulta difícil responsabilizar a un actor concreto. El resultado es un ecosistema donde proliferan las estafas vinculadas a nombres de dominio que, a simple vista, pueden parecer neutros o irrelevantes, pero que sirven como punto de entrada para campañas masivas de fraude.

Cómo afecta este fraude a los pequeños ‘ecommerce’

En particular, el impacto para los pequeños negocios que venden por internet no es solo teórico. Los atacantes aprovechan variaciones mínimas de un nombre comercial (ya sea cambiar una sola letra, añadir un pequeño guion o usar otra extensión: .net .org…) para crear dominios muy semejantes que no levantan sospechas.

Cuando un cliente llega a una de esas páginas, si no está lo suficientemente atento, puede terminar por facilitar sus datos e incluso realizar pagos al delincuente. De hecho, en muchos casos la estafa pasa desapercibida hasta que varios clientes avisan al negocio legítimo o aparecen reclamaciones públicas.

En este sentido, las “señales de alarma” más comunes cuando existe uno de estos dominios maliciosos abarcan síntomas como:

  • Aparición de variantes del nombre de la tienda en búsquedas, publicidad o redes sociales, que llevan a dominios diferentes.
  • Clientes que informan de cobros o compras en web que no coinciden exactamente con el dominio oficial.
  • Caídas inexplicables del tráfico en la web legítima, sin motivo técnico evidente.
  • Correos o avisos de pago procedentes de direcciones que imitan la marca, pero no usan el dominio oficial.
  • Comprobaciones que devuelven páginas “vacías” o aparcadas, mientras existe evidencia de usuarios que han sido redirigidos a estafas.

Medidas prácticas para que los negocios afectados actúen en caso de duda

Teniendo claro que las grandes marcas no son las únicas en las que se fijan las redes de fraude, los pequeños comercios tienen a su alcance varias estrategias de prevención, medidas proactivas y actuaciones a posteriori con las que estar protegidos. Al menos, hasta cierto punto. Estas son las principales recomendaciones de los expertos:

Registro defensivo de dominios

En primer lugar, al registrar las variantes más obvias de la marca se impide que terceros las puedan emplear con fines maliciosos. Esto se conoce como registro defensivo. Como mínimo, se recomienda adquirir el dominio .es, si la actividad se centra en España, además del .com.

El ciberfraude emplea sitios web en desuso para engañar a los clientes de pequeños ‘ecommerce’
El ciberfraude emplea sitios web en desuso para engañar a los clientes de pequeños ‘ecommerce’.

Si se realizan ventas a nivel internacional en mercados concretos, no es descabellado registrar también las extensiones de esos países. Así como variaciones del nombre que puedan resultar lógicos. Todo esto siempre dentro de un orden, ya que comprar las opciones posibles es inviable económicamente.

Ahora bien, siempre es más barato registrar por adelantado un dominio (que suele costar una decena de euros al año) que tener que recuperarlo luego por vías legales. Además, registrar estas variantes aumenta la visibilidad de la página legítima.

Vigilancia activa y alertas

Dado que los usuarios serán los primeros afectados por un intento de fraude, una opción para saber si surge algún dominio o página web usando un nombre de un negocio de forma no autorizada es configurando alertas en Google (que son gratuitas) con la denominación de la empresa combinada con términos como “estafa” o “falso”.

También existen herramientas sin coste disponibles para realizar búsquedas de variantes de dominios que permiten saber cuáles están registrados alrededor del nombre de la marca. Es el caso de DNSTwister o Axur Watchdog. Si bien solo ofrecen una instantánea, lo que no advierte sobre futuros registros salvo que se acuda a los servicios de pago.

Protocolo de respuesta ante un dominio fraudulento

En el caso de que se detecte un dominio de internet que trate de suplantar un negocio, la forma de actuar incluye los siguientes pasos:

  • Reunir evidencias. A través de capturas de pantalla, cualquier correo relacionado y datos de los afectados.
  • Comunicarlo en los canales oficiales advirtiendo del sitio falso.
  • Contactar al proveedor de alojamiento y al registrador del dominio fraudulento para pedir la suspensión por abuso, y reportar la URL a los mecanismos de bloqueo de buscadores (Google, Bing) y navegadores (Chrome, Firefox, Safari…) así como a la Oficina de Seguridad del Internauta del Incibe.
  • Acompañar al cliente afectado para facilitar la comunicación con la entidad financiera y la denuncia pertinente ante las unidades de delitos tecnológicos de la Policía Nacional o Guardia Civil.