1. La falta de accesibilidad digital supone pérdidas para las pymes
  2. La brecha se agranda con la edad y condiciona el mercado
  3. Cumplir la ley no garantiza una experiencia usable

La brecha digital sigue teniendo efectos directos sobre la facturación de autónomos y pequeños negocios que dependen de una web o de un ‘ecommerce’ para captar clientes. Según el European Web Accessibility Monitor, el 97% de las páginas web del sector privado europeo no cumple los estándares de accesibilidad exigidos por la normativa europea vigente.

Ese nivel de incumplimiento convive con un marco legal ya en marcha. El monitor citado señala que menos del 3% de las webs privadas analizadas cumple plenamente los criterios, pese a la entrada en vigor de la Ley 11/2023, que transpone la Directiva Europea de Accesibilidad y amplía obligaciones sobre diseño y usabilidad digital.

El problema también se ve por el lado de la demanda. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares, del Instituto Nacional de Estadística, más del 30% de las personas entre 65 y 74 años tiene dificultades para realizar tareas digitales básicas. Y a partir de los 75 años el porcentaje supera el 50%.

Según advierte la startup catalana Bleta, especializada en tecnología accesible, la falta de adaptación digital ya tiene consecuencias económicas directas para pequeños negocios online.

La falta de accesibilidad digital supone pérdidas para las pymes

Para los pequeños ecommerce, la falta de accesibilidad no es solo una cuestión normativa, sino un freno directo a la facturación. Procesos de compra complejos, registros largos o pasarelas de pago poco claras provocan abandonos antes de finalizar la venta, especialmente entre usuarios con menores competencias digitales, lo que se traduce en ventas que no llegan a materializarse.

Diversos informes independientes advierten de que muchas webs incorporan medidas de accesibilidad de forma superficial. En la práctica, cumplen algunos requisitos técnicos, pero siguen siendo difíciles de usar para una parte relevante de los clientes, lo que convierte la accesibilidad en un factor de exclusión silencioso.

Este impacto resulta especialmente sensible para los negocios de menor tamaño. A diferencia de las grandes plataformas, los pequeños ecommerce cuentan con menos margen para absorber carritos abandonados, devoluciones por errores de uso o un aumento de consultas al soporte, lo que termina generando un coste económico difícil de cuantificar.

La brecha se agranda con la edad y condiciona el mercado

Los datos de uso digital muestran que la brecha no se reduce con el tiempo, sino que se intensifica a medida que aumenta la edad. Más de tres de cada diez personas entre 65 y 74 años reconocen dificultades habituales en el manejo de entornos digitales, una realidad que refleja una barrera creciente en el acceso online.

Solo el 3% de las webs cumple normas de accesibilidad lo que frena las ventas de los pequeños 'ecommerce'.
Solo el 3% de las webs cumple normas de accesibilidad lo que frena las ventas de los pequeños ‘ecommerce’.

Para los autónomos y pequeños negocios, este contexto supone un cambio en el perfil del cliente. No adaptar una web o una tienda digital implica renunciar a un segmento de población que mantiene una elevada capacidad de gasto y una fuerte fidelidad hacia quienes les facilitan la experiencia, lo que supone perder una parte relevante del mercado.

Además, el envejecimiento de la población convierte la accesibilidad en un factor competitivo. Las tiendas online que simplifican la navegación, reducen pasos innecesarios y priorizan la claridad ganan terreno frente a quienes mantienen procesos complejos, lo que termina marcando diferencias reales en captación de clientes.

Cumplir la ley no garantiza una experiencia usable

Uno de los puntos clave es que la normativa no asegura por sí sola una experiencia accesible. Muchas páginas cumplen requisitos técnicos mínimos, pero siguen presentando barreras en el uso cotidiano, como menús confusos, textos poco legibles o procesos de pago excesivamente fragmentados, lo que genera dificultades reales en la navegación diaria.

En este sentido, Bleta, advierte de que la accesibilidad suele abordarse como una capa añadida al final del desarrollo y no como un principio de diseño. Lo que explica por qué muchas soluciones terminan siendo poco funcionales para el usuario real y provocan problemas persistentes en la experiencia digital.

La experiencia demuestra que el problema no es tanto la falta de herramientas como su enfoque. Diseñar pensando en cómo interactúan realmente las personas con la tecnología resulta determinante para que una web o un ecommerce sea usable para todos, lo que convierte la accesibilidad en una variable económica cada vez más relevante.