1. Los pequeños negocios no están suficientemente protegidos en actividades cotidianas
  2. Las prestaciones del seguro profesional también generan confusión
  3. Contratar un seguro adecuado sigue siendo una asignatura pendiente

Siete de cada diez pymes españolas no saben con certeza qué cubre su seguro de responsabilidad civil. Una carencia que afecta de lleno a autónomos y pequeños negocios, que operan a diario con clientes, proveedores y terceros. Y claro, esta falta de claridad incrementa el riesgo económico ante cualquier reclamación inesperada.

Los datos proceden del informe Hiscox Gap Report 2025: la brecha aseguradora en las pymes españolas. Un estudio elaborado a partir de encuestas a pequeños negocios de entre uno y 50 empleados, que analiza el nivel real de aseguramiento de las pymes y el grado de conocimiento que tienen sobre las coberturas que contratan, especialmente en responsabilidad civil, responsabilidad profesional y riesgos digitales.

El problema no se limita al desconocimiento conceptual, sino que se traduce en percepciones erróneas muy extendidas sobre las coberturas reales. Una amplia mayoría de pequeños negocios cree que este seguro cubre daños por incendios o inundaciones. Y más de seis de cada diez asumen que también protege los bienes propios del asegurado; cuando se trata de riesgos que corresponden a otras pólizas distintas.

A esa confusión se suma un dato especialmente relevante para el tejido productivo: solo algo más de una cuarta parte de las pymes dispone realmente de un seguro de responsabilidad civil general, mientras que una parte nada desdeñable considera que no lo necesita. En la práctica, miles de autónomos y micropymes desarrollan su actividad sin una cobertura básica frente a daños a terceros.

Los pequeños negocios no están suficientemente protegidos en actividades cotidianas

La responsabilidad civil general está diseñada para cubrir los daños personales o materiales causados a terceros en el desarrollo normal de la actividad. Esto es, desde una caída en un local hasta un desperfecto provocado durante un servicio. Sin embargo, su baja contratación contrasta con la frecuencia real de este tipo de incidentes en sectores como comercio, hostelería, servicios personales o pequeñas actividades profesionales.

La combinación de escasa contratación y elevada confusión genera un doble riesgo para los pequeños negocios. Por un lado, muchos operan sin cobertura suficiente; por otro, creen estar protegidos frente a supuestos que, llegado el momento, quedarían fuera de la póliza. En ambos casos, el impacto económico de una reclamación puede ser difícil de asumir.

Esta situación se agrava en negocios con pocos recursos financieros, donde una indemnización o un litigio prolongado puede comprometer la continuidad de la actividad. Para un autónomo o una micropyme, una reclamación relevante puede suponer un golpe directo a la liquidez.

Las prestaciones del seguro profesional también generan confusión

Más allá de la responsabilidad civil general, el seguro de responsabilidad civil profesional presenta un patrón muy similar. Aproximadamente tres de cada diez pymes cuentan con esta póliza, pensada para cubrir errores, negligencias u omisiones en la prestación de servicios profesionales, pero el grado de desconocimiento sobre su alcance sigue siendo muy elevado.

Según el estudio de Hiscox, una mayoría de los pequeños negocios que dispone de este seguro cree que cubre daños físicos personales o a los equipos de la empresa, cuando su finalidad es distinta. Además, cerca de tres cuartas partes piensan que incluye automáticamente la protección frente a pérdida, robo o acceso no autorizado a datos personales, un riesgo más propio de otras coberturas específicas.

Miles de autónomos operan sin saber qué cubre el seguro de su negocio y si su protección es adecuada
Miles de autónomos operan sin saber qué cubre el seguro de su negocio y si su protección es adecuada.

Esta confusión resulta especialmente relevante en actividades de asesoramiento, consultoría, formación o servicios técnicos, donde el riesgo principal no es material, sino económico o de reputación. Un error profesional puede derivar en reclamaciones cuantiosas si no existe una cobertura adecuada.

Percepciones sobre el ciberseguro

El ámbito digital no escapa a este problema de interpretación. Una parte relevante de las pymes identifica correctamente el ciberseguro como una protección frente a ataques informáticos, violaciones de datos o episodios de ransomware, pero aun así persisten errores importantes sobre lo que realmente cubre.

Casi tres de cada diez pequeños negocios creen que este tipo de póliza incluye automáticamente fraudes por transferencias de fondos o interrupciones de la infraestructura tecnológica, cuando no siempre es así. Esta falsa seguridad puede dejar sin protección a negocios que dependen cada vez más de sistemas digitales para facturar, cobrar o comunicarse con sus clientes.

En un momento como el actual, en el que los ataques informáticos afectan también a negocios de muy pequeño tamaño, el desconocimiento de las coberturas reales puede amplificar las consecuencias económicas de un incidente tecnológico.

Contratar un seguro adecuado sigue siendo una asignatura pendiente

Pese a la confusión generalizada sobre las coberturas, una parte mayoritaria de las pymes sí tiene claro cuándo debería contratar sus seguros. Algo más de la mitad considera que lo adecuado es hacerlo antes de vender el primer producto u ofrecer el primer servicio, una visión alineada con la lógica de la prevención.

Sin embargo, casi la mitad de los pequeños negocios retrasa esa decisión hasta alcanzar determinados niveles de ingresos, generar beneficios o dedicarse a tiempo completo a la actividad. Este retraso implica operar durante meses, e incluso años, sin una protección básica frente a riesgos habituales.

El resultado es que muchos autónomos asumen exposiciones significativas en las primeras fases del negocio, cuando la capacidad financiera para afrontar imprevistos es más limitada. La brecha entre percepción del riesgo y protección real sigue siendo uno de los puntos débiles del tejido de micropymes en España.