Los ganaderos españoles encadenan un año especialmente difícil. A los incendios, el incremento de los costes, los cambios en la Política Agraria Común (PAC), los aranceles y episodios recientes como la gripe aviar o la dermatosis nodular, se suma ahora una nueva crisis: la detección de un brote de peste porcina africana en la provincia de Barcelona.
Un contagio que, de momento, no afecta a las explotaciones ganaderas, sino a los jabalíes. Pero que reabre el debate sobre la falta de control de la fauna salvaje por parte de los poderes públicos. En contraposición a la fuerte inversión en bioseguridad que han hecho las pequeñas granjas en los últimos años.
Las fuentes consultadas coinciden en señalar que la combinación de riesgo sanitario y cierre de mercados internacionales tiene un impacto especialmente severo sobre los autónomos del medio rural, que cuentan con menos medios para absorber pérdidas prolongadas.
- Más de 400.000 empleos dependen de la exportación del porcino
- Las pérdidas pueden superar los 3.500 millones de euros
- Las pequeñas explotaciones, las más expuestas
- El campo español reclama más control sobre la fauna salvaje
- La crisis del porcino puede generar un efecto en cascada
Más de 400.000 empleos dependen de la exportación del porcino
España cuenta con más de 86.000 granjas porcinas y una cabaña que supera los 56 millones de animales. Lo que la convierte en el primer productor porcino de la Unión Europea y el cuarto a nivel mundial.
El sector representa alrededor del 14% del PIB agroalimentario y genera más de 400.000 empleos directos e indirectos, muchos de ellos vinculados a pequeñas explotaciones familiares.
Aunque por el momento los primeros casos detectados se circunscriben a animales salvajes, los mercados internacionales han empezado a cerrarse a la exportación del porcino español. China, principal comprador de carne porcina española, ha restringido por ahora las importaciones procedentes de Cataluña.
A esta decisión se han sumado otros países con vetos parciales, como Reino Unido, Corea del Sur o Filipinas, que limitan las compras a las zonas afectadas. Sin embargo, hasta 19 países han optado por una prohibición total a la carne de cerdo española. Entre ellos, Japón, México, Estados Unidos o Canadá, lo que eleva de forma significativa el impacto económico sobre el sector.
“El problema no es solo sanitario, sino económico”, advirtió Pere Roqué, presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) Catalunya, quien en una conversación con este medio subrayó que los primeros efectos ya se están dejando sentir en el bolsillo del ganadero autónomo.
Las pérdidas en el conjunto de los sectores pueden superar los 3.500 millones de euros
La reacción del mercado ha sido inmediata. Nada más conocerse la noticia del brote, la lonja de referencia nacional del porcino registró una bajada de 10 céntimos por kilo, lo que trasladado al volumen real de los animales supone entre 13 y 14 euros por cerdo, a lo que se suma un descenso de hasta cinco euros por lechón.
En Cataluña, las primeras estimaciones de las organizaciones agrarias apuntan a más de 13 millones de euros en pérdidas, mientras que a nivel nacional la factura podría superar los 3.500 millones, afectando a toda la cadena de valor agroalimentaria.
“El problema se agrava para los ganaderos orientados a la exportación, que se encuentran ahora con animales perfectamente sanos que no pueden colocar”, lamentó Roqué.

Las pequeñas explotaciones, las más expuestas
La crisis llega, además, en un momento delicado para el campo español. Según explicó Francesc Rufas, profesor de EAE Business School, el sector porcino venía de un crecimiento acelerado, impulsado por el descenso de producción en países como Alemania, Francia o Países Bajos debido a mayores exigencias regulatorias y medioambientales.
Una coyuntura que permitió a España aumentar su producción un 17,9% en el último año, cubriendo parte del vacío europeo. Sin embargo, ese impulso se ve ahora amenazado por la combinación de vetos comerciales, sobreoferta y caída de precios, una situación que tensa especialmente la situación de las explotaciones menos intensivas.
“El impacto será especialmente grave para las explotaciones con mayores costes y menos margen para resistir periodos prolongados de pérdidas”, detalló Rufas.
Este experto recuerda que, aunque la normativa europea permite aplicar restricciones solo a las zonas afectadas –como ocurre con la gripe aviar–, la reacción de los mercados internacionales será clave para la evolución del sector.
El campo español reclama más control sobre la fauna salvaje
Uno de los elementos que genera frustración entre los autónomos del campo es que el brote no se haya originado en explotaciones ganaderas, sino en la fauna salvaje sobre la que no tienen control.
Las organizaciones agrarias coincidieron en que las granjas españolas cuentan con los niveles de bioseguridad más altos de Europa, fruto de fuertes inversiones asumidas por los propios ganaderos. De hecho, hay que remontarse a 1994 para encontrar el último caso de peste porcina africana que afectó a la cabaña porcina.
“El sector porcino está en nivel cinco de bioseguridad, el máximo a nivel europeo. El ganadero ha hecho su trabajo”, subrayó Roqué, insistiendo en que el riesgo llega ahora “de fuera de las explotaciones”.
En la misma línea, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) calcula que muchas explotaciones han asumido inversiones de entre 135.000 y 240.000 euros por granja para implantar medidas de bioseguridad como dobles vallados perimetrales, sistemas de desinfección, control de accesos y protocolos sanitarios estrictos.
“Estos son datos reales, no estimaciones”, subrayó Jaume Bernís, responsable del sector porcino de COAG. “Cada ganadero invirtió lo que cuesta un piso en Barcelona para tener una explotación a prueba de amenazas externas” mientras que, a su juicio la administración “no ha hecho absolutamente nada en estos 20 años para protegernos de esas amenazas”.
Tanto Asaja como COAG mantienen su petición a que el Gobierno desarrolle un plan nacional efectivo de control de fauna salvaje, advirtiendo de que el descontrol cinegético se ha convertido en un vector sanitario y en una amenaza económica para un sector estratégico del campo español.
La crisis del porcino puede generar un efecto en cascada
Para muchos pequeños ganaderos, el porcino no es su única actividad, sino un complemento clave de renta dentro de explotaciones diversificadas. Por ello, un golpe a su exportación tiene efectos en cascada sobre otros cultivos, la alimentación animal y el tejido económico de las zonas rurales.
“No estamos hablando solo de ganadería, hablamos de producción de alimentos y de mantener vivos los pueblos”, concluyó Roqué, alertando del riesgo de abandono rural si no se adoptan medidas urgentes.
Mientras las autoridades sanitarias europeas analizan la situación sobre el terreno, los ganaderos reclaman rapidez en las negociaciones internacionales y apoyo efectivo para evitar que esta nueva crisis termine de ahogar a miles de autónomos del campo, que atraviesan uno de los periodos más complejos de las últimas décadas.





