- Miles de negocios están perdiendo ventas a causa de la alarma por la peste porcina
- Trabajo recuerda que los ERTE por fuerza mayor se pueden activar en cualquier momento
- ¿Para qué sirven los ERTEs de fuerza mayor en las empresas?
Los autónomos y negocios con productos vinculados a la carne de cerdo, desde explotaciones ganaderas hasta carnicerías y exportadores, están viendo caer sus ventas en cuestión de días, tras declararse una alarma sanitaria por la peste porcina. El frenazo en la demanda preocupa especialmente a los pequeños productores, que ya observan un descenso en ingresos mientras tratan de mantener su actividad y a sus plantillas.
El foco de la enfermedad se ha detectado en nueve jabalíes dentro del parque natural de Collserola, en Barcelona. La vigilancia se ha reforzado con controles, desinfección de vehículos y prohibición de caza para evitar que los animales silvestres se desplacen fuera del perímetro. Aunque no se han observado síntomas en las granjas porcinas de la zona, la reacción del mercado ha sido inmediata: las compras han caído en picado y varios países han limitado la entrada de productos españoles.
El Ministerio de Trabajo asegura que la evolución de esta situación se sigue “con atención”, y recuerda que la enfermedad continúa limitada a jabalíes y, por ahora, no tiene impacto en explotaciones ganaderas. En caso de que las dificultades económicas se mantengan, la Ministra de Trabajo y Economía Social Díaz anunció en su perfil de Bluesky que los ERTE de fuerza mayor «podrían activarse de inmediato para proteger a empresas y personas trabajadoras mientras dure la situación».
Estos expedientes, forman parte del mecanismo estructural introducido en la reforma laboral de 2022, y permiten a las empresas suspender contratos o reducir jornadas temporalmente, sin recurrir a despidos y con el apoyo de la Seguridad Social. Una herramienta conocida por pymes y trabajadores por cuenta propia desde la pandemia, que podría convertirse de nuevo en una vía de protección si la incertidumbre persiste.
Miles de negocios están perdiendo ventas a causa de la alarma por la peste porcina
La confirmación de estos casos de peste porcina africana ha provocado una reacción inmediata en el mercado, que ha afectado de lleno a miles de trabajadores por cuenta propia.
Aunque las autoridades subrayan que no se han detectado síntomas de la enfermedad en granjas porcinas, la alarma sanitaria ha hecho caer el consumo en carnicerías, secaderos, exportadores y otras actividades vinculadas a la carne de cerdo.
Los servicios veterinarios han delimitado un perímetro de vigilancia de 20 kilómetros alrededor del foco, donde se han prohibido las batidas de caza y se han desplegado equipos de control y desinfección con apoyo de la Unidad Militar de Emergencias. La medida busca impedir movimientos de jabalíes fuera de la zona para evitar la expansión del virus.
Esta caída de ventas, en unos sectores ganaderos, carnicerías y empresas de exportación de jamón, que dependen tanto de la demanda interior como de las exportaciones.
Este patógeno no supone un riesgo para la salud humana, ni se transmite por consumo de productos derivados. Pero la respuesta del público ha sido prudente, generando inquietud entre pequeños productores y negocios que necesitan liquidez para cubrir gastos y salarios.

Ante esta situación, en Trabajo insisten en que están siguiendo atentamente la evolución, y recalcan que el contagio continúa limitado a animales silvestres (concretamente jabalíes) y permanece, “por ahora, sin impacto en las explotaciones ganaderas.”
Con un mercado en descenso y medidas de control desplegadas en la zona afectada, los autónomos afectados siguen muy pendientes de cómo avance la alerta sanitaria en los próximos días.
Trabajo recuerda que los ERTE por fuerza mayor se pueden activar en cualquier momento
El Ministerio de Trabajo ha recalcado que sigue “con atención la evolución de la peste porcina” en Collserola y recordó que, si la situación afectara a la actividad económica, los autónomos y pymes afectadas podrán activar los expedientes de regulación temporal de empleo por fuerza mayor.
Estos mecanismos permiten a los negocios suspender temporalmente contratos o reducir jornadas sin recurrir a despidos, de modo que la plantilla pueda ser recuperada cuando se restablezca la normalidad. La Seguridad Social cubre la prestación por desempleo durante el tiempo que dure el expediente y se aplican exoneraciones significativas en las cotizaciones.
Desde el departamento dirigido por Díaz subrayan que la peste porcina “sigue limitada a jabalíes”, pero que la caída del consumo ya está generando dificultades para los negocios más dependientes de la carne de cerdo. Por este motivo, Trabajo recordó que “si fuera necesario», los ERTE por fuerza mayor podrían utilizarse para aliviar a los negocios afectados y proteger el empleo mientras dure esta situación.
La activación no exige una declaración de zona catastrófica ni un acuerdo previo del Consejo de Ministros: basta con que la Autoridad Laboral y la Inspección de Trabajo constaten la existencia de la causa de fuerza mayor para que la empresa pueda acogerse al mecanismo.
¿Para qué sirven los ERTEs de fuerza mayor en las empresas?
Los ERTE por fuerza mayor se consolidaron como un instrumento estructural con la reforma laboral de 2022. Desde entonces, continúan disponibles para que las empresas puedan afrontar situaciones extraordinarias sin recurrir a despidos. En pleno 2025, todavía hay miles de empleados acogidos a estos expedientes porque permiten a los negocios reducir costes laborales en momentos de dificultad.
En caso de activarse, el autónomo puede paralizar temporalmente los contratos o disminuir las horas de trabajo de los empleados. Durante ese tiempo, los trabajadores pasan a cobrar la prestación por desempleo y mantienen su puesto para cuando la actividad vuelva a la normalidad. Esto permite evitar cierres o pérdidas definitivas de empleo mientras dure la bajada de ingresos.
Otra de las principales ventajas de este mecanismo son las exoneraciones en las cuotas a la Seguridad Social, que pueden llegar a ser elevadas. Además, el procedimiento es más ágil que en otros tipos de ERTE, ya que no exige negociación previa con los trabajadores. Simplemente se remite la solicitud a la Autoridad Laboral y a la Inspección de Trabajo para corroborar que efectivamente existe la situación de fuerza mayor.
Una vez aprobada, la empresa puede aplicar la suspensión o reducción de jornada de forma inmediata. Cuando la situación se normaliza, se recupera al personal y se cierran los expedientes. Esta herramienta ya fue clave durante la pandemia o tras episodios extraordinarios, como los daños por la Dana en Valencia, y sigue vigente para casos en los que la actividad se vea afectada por causas externas.





