- Una necesidad cotidiana convertida en oportunidad de negocio
- Un negocio que arranca con 250.000 euros y varios miles de unidades vendidas
- El reto de hacer crecer una ‘startup’ con un producto físico en una categoría exigente
- Ya se plantea el salto al exterior, con control directo sobre la marca
Kristina Lileeva desarrolló la primera parte de su carrera profesional en diversas multinacionales, cuando una necesidad cotidiana, surgida tras convertirse en madre, le llevó a replantearse su situación y a lanzar un negocio propio como autónoma en un sector poco explotado en España: el baby tech.
De modo que, en 2024, fundó Cybele Star con una inversión inicial de 250.000 euros y, en apenas un año y medio, su calienta biberones y su esterilizador UV portátiles interesan ya a cerca de 3.000 familias; lo que equivale a casi el 1% de los nacimientos anuales en el país.
Esta emprendedora ha desarrollado un negocio de hardware centrado en el cuidado del bebé fuera de casa, con un tique medio de unos 125 euros por cliente y una estrategia basada en la venta online. Donde marketplaces como Amazon ya canaliza una parte relevante de los pedidos. Su objetivo es alcanzar el 5% del segmento premium en 2026.
Y es que, aunque estos dos productos existían ya en el mercado, estaban pensadas para un uso doméstico o resultaban poco prácticos fuera del hogar. Su innovación ha sido replantearlos con un enfoque más funcional y compacto, orientado realmente a su uso fuera de casa, con dispositivos ligeros, autónomos y diseñados para integrarse en la rutina diaria sin depender de enchufes ni soluciones improvisadas.
Una necesidad cotidiana convertida en oportunidad de negocio
“Después de años en multinacionales, la decisión no vino de un impulso empresarial, sino de una necesidad muy cotidiana”, explicó a este diario Kristina Lileeva, quien asegura que detectó un problema recurrente en la crianza. “Al convertirme en madre vi que algo tan básico como dar un biberón o esterilizar un chupete fuera de casa seguía siendo poco práctico, aparatoso o directamente incómodo e inseguro”.
A partir de esa experiencia, la fundadora decidió analizar si se trataba de una dificultad generalizada y no de un caso aislado, lo que terminó de impulsar el proyecto empresarial. “Lo que hice fue comprobar si esa fricción era compartida. Y lo era, como puede hablar con otras familias: vi que la logística de la crianza fuera de casa se repetía una y otra vez como problema”.
Esa validación inicial se apoyó también en cambios demográficos y sociales que, según explica, están transformando la forma de cuidar a los hijos. “Hoy el 20% de los padres primerizos se estrena ya pasados los 40 años, cuando tienen estilos de vida muy consolidados”, señala, lo que incrementa la demanda de soluciones portátiles y prácticas.
Por ese motivo, Cybele Star se centra en resolver dos momentos clave de la rutina del bebé, la alimentación y la higiene, mediante dispositivos compactos que funcionan sin depender de enchufes. El catálogo se articula en torno a un calienta biberones y un esterilizador UV, ambos portátiles, diseñados para facilitar el uso en desplazamientos, viajes o actividades fuera del hogar.
Un negocio que arranca con 250.000 euros y varios miles de unidades vendidas
Esta emprendedora ha tenido que asumir desde el inicio las exigencias propias de un negocio de hardware, que implican mayores costes y riesgos que otros modelos digitales. “En cuanto al esfuerzo económico inicial, al tratarse de un producto tecnológico físico, bien diseñado y orientado a un uso tan sensible como el cuidado del bebé, fue importante, especialmente en desarrollo, certificaciones, producción y logística”, explicó Lileeva.
Esa inversión ha alcanzado los 250.000 euros, destinados principalmente a garantizar que el producto cumpla con los estándares de seguridad y calidad exigidos en el ámbito infantil. A diferencia de otros sectores, cualquier error en esta categoría puede afectar directamente a la experiencia del usuario y a la confianza en la marca.
Aunque la empresa no desvela aún su facturación por estrategia, sí ofrece algunas referencias sobre su actividad en este primer año. “Ese casi 1% de los nacimientos equivale a cerca de 3.000 bebés o familias alcanzadas”, indica la fundadora de Cybele Star. Quien añade que ya han vendido “varios miles de unidades en un año, que para una marca que acaba de llegar al mercado es una señal muy positiva de aceptación”.
El tique medio de sus productos se sitúa en torno a los 125 euros, dependiendo de la combinación de dispositivos que adquiere cada cliente, lo que permite hacerse una idea del posicionamiento del negocio dentro del segmento premium.
El reto de hacer crecer una ‘startup’ con un producto físico en una categoría exigente
El modelo de Cybele Star se apoya principalmente en la venta online, “tanto en nuestra propia web como en los principales marketplaces, lo que nos permite mantener una relación directa con el cliente y recoger información sobre su comportamiento”. Una estrategia que le permite acelerar la distribución en esta fase inicial, sin asumir los costes y exigencias del retail físico.

Así las cosas, Amazon se ha convertido en uno de los principales canales de distribución, al concentrar aproximadamente una tercera parte de las ventas. Mientras que el canal directo ofrece mejores márgenes y mayor control sobre la experiencia de compra.
A medio plazo, la empresa prevé ampliar su presencia en tiendas físicas y grandes superficies, una decisión que responde tanto a la necesidad de ganar visibilidad como a consolidar su posicionamiento en el mercado. Esta diversificación de canales será clave para alcanzar sus objetivos de crecimiento en los próximos años.
El desarrollo del producto ha sido uno de los mayores desafíos del proyecto, especialmente por las exigencias técnicas y regulatorias del sector. “La mayor barrera ha sido combinar innovación con seguridad y fiabilidad en una categoría tan sensible como la infantil”, afirma Lileeva.
Ya se plantea el salto al exterior, con control directo sobre la marca
La experiencia de lanzar un negocio de hardware ha dejado aprendizajes relevantes para la emprendedora, que subraya la importancia de controlar cada fase del proceso. “Uno de los principales aprendizajes ha sido entender lo exigente que es desarrollar y escalar un producto físico, especialmente en una categoría como la infantil”.
En este tipo de negocio, el margen de error es mínimo; porque cualquier incidencia puede traducirse en devoluciones, sobrecostes o pérdida de confianza en una fase temprana. Además, trabajar con productos físicos obliga a coordinar tiempos de producción, almacenaje y entrega, algo que complica especialmente el crecimiento.
“Todo suma: diseño, fabricación, logística, y cualquier detalle impacta en la experiencia final, así que hay que trabajar con mucho rigor desde el inicio”, concluyó esta emprendedora, quien prepara ya su salto a otros mercados europeos tras consolidar su presencia en España. Eso sí, con una estrategia que pasa por mantener el control directo sobre la marca y la experiencia de cliente. “Queremos dar el salto de forma ordenada, empezando por mercados europeos con hábitos de consumo similares al español”, explica.






