El 23% de las empresas creadas en España desde 2020 ya ha cerrado, según el informe Radar Empresarial de Informa DB. Un dato que refleja con nitidez la fragilidad del tejido productivo más reciente y que golpea de lleno a autónomos y pequeños negocios. En la práctica, casi una de cada cuatro iniciativas nacidas tras la pandemia no ha logrado consolidarse, pese a la recuperación económica posterior y al aumento sostenido del número de altas empresariales.
El impacto de esta elevada mortalidad es especialmente significativa entre las micropymes, que suponen la mayor parte de los nuevos negocios creadas en este periodo. Muchas de estas actividades surgieron como salida laboral tras la crisis sanitaria, en sectores con baja barrera de entrada, pero también con márgenes estrechos y una alta exposición a cualquier cambio en los costes o en la demanda.
El cierre de estas empresas no se ha producido de forma uniforme, ni por sectores, ni por momentos del ciclo, pero sí dibuja un patrón claro: los primeros años de actividad siguen siendo decisivos. Para los pequeños negocios, el dato que recoge el Radar Empresarial de Iberinform vuelve a poner sobre la mesa las dificultades estructurales para sobrevivir más allá de los tres primeros ejercicios.
La supervivencia empresarial tras la pandemia no remonta el vuelo
El ritmo de creación de empresas se aceleró a partir de 2021, impulsado por la reapertura de la economía y por el crecimiento del autoempleo como alternativa al trabajo asalariado. Sin embargo, ese impulso inicial no se ha traducido en una consolidación generalizada y una parte relevante de esos proyectos ha terminado desapareciendo.
La tasa de cierres acumulada desde 2020 es superior a la registrada en etapas anteriores, lo que apunta a que muchas de estas empresas nacieron en un contexto especialmente complejo. A la incertidumbre sanitaria se sumaron después el fuerte repunte de la inflación, el encarecimiento de la energía y la subida de los tipos de interés.
Para los autónomos, esta situación ha significado operar con mayores costes fijos y una menor capacidad financiera para absorber imprevistos. En numerosos casos, la falta de colchón económico ha reducido el margen de maniobra ante caídas de ingresos o retrasos en los pagos.
El comercio y la hostelería concentran el mayor número de cierres
El comercio y la hostelería concentran una parte significativa de los cierres entre las empresas creadas desde 2020, según los datos analizados en el informe. Se trata de actividades muy dependientes del consumo interno y especialmente sensibles a la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.
También destacan los servicios a empresas y determinadas actividades profesionales, donde la competencia es intensa y la diferenciación resulta más complicada para los negocios de menor tamaño. En estos ámbitos, muchos proyectos no han logrado alcanzar una cartera de clientes suficiente para garantizar su viabilidad.
Por el contrario, las actividades vinculadas a la tecnología y a los servicios digitales presentan una mayor tasa de supervivencia relativa, aunque parten de un volumen menor de nuevas empresas. Aun así, tampoco han sido ajenas a los cierres, sobre todo en proyectos con escasa financiación inicial.

El impacto de los costes y la financiación
Uno de los factores que más ha pesado en el cierre de empresas jóvenes ha sido el incremento de los costes operativos. La subida de la energía, de los suministros y de los alquileres ha aumentado la tensión sobre las cuentas de muchos pequeños negocios con márgenes muy ajustados.
A este escenario se ha añadido el endurecimiento de las condiciones de financiación, que ha afectado con mayor intensidad a las empresas de menor tamaño. El acceso al crédito se ha vuelto más caro y más restrictivo, limitando la capacidad de invertir o de refinanciar deudas acumuladas.

En el caso de los autónomos, esta situación se ha traducido en una mayor dependencia de recursos propios y en una menor capacidad para aguantar periodos prolongados de baja facturación. Para muchos, el cierre ha sido la única salida posible ante la falta de alternativas.
Diferencias por antigüedad y tamaño
La probabilidad de cierre es notablemente más alta entre las empresas más jóvenes, especialmente durante los dos primeros años de vida. Este patrón, que vuelve a aparecer en el Radar Empresarial de Informa DB, se repite en la mayoría de sectores y afecta sobre todo a los negocios sin empleados.
Las micropymes con uno o dos trabajadores muestran una mayor resistencia que los autónomos sin asalariados, aunque también han sufrido el deterioro del entorno económico. A medida que aumenta el tamaño, la tasa de supervivencia mejora, pero sin eliminar el riesgo de desaparición.
Estos datos refuerzan la idea de que el tamaño y la estructura financiera son determinantes para superar los primeros ejercicios. Para muchos pequeños negocios, crecer o diversificar se convierte en una estrategia defensiva frente a un contexto volátil.
Un tejido empresarial con alta rotación
El hecho de que el 23% de las empresas creadas desde 2020 haya cerrado evidencia una mayor inestabilidad del tejido empresarial reciente. Aunque el número total de empresas activas sigue siendo elevado, la rotación es intensa, con altas y bajas constantes.
Para los autónomos, esta dinámica implica competir en mercados cada vez más saturados y con menor previsibilidad. La entrada continua de nuevos proyectos presiona los precios y dificulta consolidar una base de clientes estable.
El dato también tiene un impacto directo sobre el empleo, ya que muchas de estas empresas generaron puestos de trabajo en sus primeros meses de actividad. Su desaparición supone una pérdida de actividad económica que no siempre es absorbida de inmediato por otras iniciativas.





