Más de la mitad de las empresas que en 2024 incurrieron en impagos ya habían mostrado señales claras de riesgo un año antes. El último Análisis del Comportamiento de Pago Empresarial, de la consultoría Informa D&B, concluye que muchos de estos casos venían precedidos de retrasos continuados en el abono de facturas, un patrón que los expertos consideran una de las alertas tempranas más fiables de que el impago está por llegar.

El estudio constata que los retrasos prolongados no afectan por igual a todos los sectores, ni a todas las regiones. Algunas actividades económicas y territorios registran plazos medios de pago sensiblemente más altos que la media, lo que incrementa el riesgo para los proveedores que trabajan con ellos. También el tamaño del cliente influye: las microempresas pagan con más puntualidad que las grandes, pero concentran un mayor porcentaje de deudas que superan los 120 días.

Para autónomos y pequeños negocios, que disponen de una cartera de clientes limitada y menor margen para absorber pérdidas, identificar a tiempo estas señales es clave para evitar problemas de liquidez o incluso el cierre. Leticia Bisignano de AGM Abogados, recordó que revisar el historial de pagos, fijar límites de crédito y reforzar las garantías contractuales puede marcar la diferencia entre cobrar una factura o engrosar la lista de acreedores en un procedimiento judicial.

Los retrasos previos: el patrón que anticipa gran parte de los impagos en España

El Análisis del Comportamiento de Pago Empresarial 2025 confirma que los retrasos prolongados en el abono de facturas no son un simple contratiempo administrativo, sino un indicador fiable de un problema mayor.

Según el estudio de Informa D&B, el 52,3% de las empresas que incurrieron en impagos en 2024 ya habían presentado pagos con más de 30 días de demora en 2023. La tendencia se acentúa en el 69,1% de los casos, donde las demoras superaban los 90 días, lo que, a efectos prácticos, multiplica las probabilidades de que la factura termine sin cobrarse.

Para Leticia Bisignano, abogada de AGM Abogados, este patrón es tan fiable porque el retraso sistemático suele reflejar problemas estructurales de liquidez, gestión de tesorería o voluntad de pago, y no hechos puntuales.

“En la práctica, cuando un cliente paga con más de 30 días de retraso, el proveedor, en este caso, el autónomo, está financiando gratis su circulante durante un mes o más, con un coste real en intereses y pérdida de liquidez. Y si la demora supera los 90 días, muchas veces estamos ya ante situaciones de preinsolvencia”, advirtió la experta.

Desde el punto de vista jurídico, añadió, esta información es valiosa porque justifica medidas preventivas como la revisión de condiciones, la reducción de crédito o la solicitud de garantías, todo ello con base en hechos objetivos.

Además, encaja con la Ley 3/2004, que fija plazos máximos de pago (60 días entre empresas y 30 con administraciones) y reconoce el derecho a intereses de demora e indemnización desde el primer día de mora. También puede servir como prueba de diligencia si más adelante surge un conflicto: el proveedor podrá acreditar que actuó basándose en un patrón comprobado y documentado.

El informe también revela que, aunque no todos los retrasos desembocan en morosidad, del riesgo crece forma significativa cuando las demoras son recurrentes y se extienden en el tiempo.

Este tipo de comportamientos pueden anticipar problemas de liquidez o gestión en el cliente, y para un proveedor autónomo o una microempresa, que dispone de menor capacidad para absorber impagos, supone un factor de riesgo que conviene vigilar de cerca.

El tamaño del cliente sí que importa

El comportamiento de pago varía de forma notable según la dimensión de la empresa. El informe muestra que las microempresas son, en promedio, más puntuales que las compañías de mayor tamaño, registrando plazos de pago más cortos que la media nacional.

Sin embargo, estos micronegocios presentan un rasgo que las convierte en un perfil de riesgo distinto: concentran un mayor porcentaje de deudas con más de 120 días de retraso, lo que en la práctica puede derivar en impagos definitivos.

En el caso de las pequeñas, medianas y grandes empresas, los plazos medios de pago son más largos, pero el peso relativo de las deudas extremas -aquellas que superan los cuatro meses de mora- es menor. Esto significa que, aunque su puntualidad sea menor, el riesgo de impago total puede ser relativamente más bajo si el retraso no se prolonga demasiado en el tiempo.

Microempresas concentran un mayor porcentaje de deudas con más de 120 días de demora
Las microempresas concentran un mayor porcentaje de deudas, con más de 120 días de demora.

Para autónomos y pequeños negocios, esta información es clave a la hora de evaluar a un cliente potencial. No basta con fijarse en si paga tarde o pronto: es igual de importante conocer la probabilidad de que una deuda acabe enquistándose en plazos que hagan inviable su cobro.

En definitiva, el tamaño de la empresa influye no sólo en cuándo paga, sino en la probabilidad real de que acabe sin pagar.

Sectores y territorios con mayor riesgo para los proveedores

El informe señala que no todos los sectores económicos presentan el mismo nivel de riesgo en los plazos de pago. Administración Pública, Transportes, Hostelería y Agricultura se sitúan entre las actividades con los retrasos medios más elevados, superando en todos los casos la media nacional.

Estos plazos, que oscilan entre los 20 y casi 29 días de demora, incrementan la presión financiera sobre los proveedores, especialmente en negocios con menor capacidad de maniobra.

Las diferencias geográficas también son significativas. Ceuta, Melilla y Canarias encabezan la lista de territorios con mayores retrasos medios, que superan ampliamente los 22 días.

En el extremo contrario, Navarra, La Rioja y País Vasco registran demoras sensiblemente más bajas, lo que reduce el riesgo para sus proveedores.

Aunque el informe no vincula directamente la ubicación o el sector con un impago seguro, sí establece que operar en entornos donde los plazos de pago son más largos aumenta la exposición al riesgo.

Para autónomos y pequeños negocios, este dato resultaría clave a la hora de fijar condiciones contractuales o decidir con qué tipo de clientes trabajar, especialmente si su actividad depende en gran medida de un sólo sector o región.

Cómo reducir los autónomos y pymes el riesgo de quedarse sin cobrar

Prevenir es la mejor estrategia frente a la morosidad. Aunque no siempre es posible evitar un impago, sí se pueden minimizar sus posibilidades tomando medidas preventivas y actuando con rapidez ante las primeras señales de alarma.

Señales de alerta a vigilar

Los impagos rara vez ocurren de la noche a la mañana. Suelen ir precedidos de señales que, si se detectan a tiempo, pueden evitar un agujero de liquidez.

El Análisis del Comportamiento de Pago Empresarial 2025 demuestra que los retrasos recurrentes son un indicador sólido de riesgo. Detectar cambios en los hábitos de pago de un cliente, como los aumentos progresivos en los días de demora o excusas frecuentes para posponer transferencias son señales que conviene tomar en serio.

Según explicó a este medio Leticia, Bisignano, para un autónomo o pequeño negocio, las señales más relevantes -y muchas veces visibles antes del impago- son:

a) Financieras (objetivas y medibles)

  • Retrasos recurrentes superiores a 30 días.
  • Aumento progresivo del retraso medio de pago en los últimos meses.
  • Retrasos superiores a 90 días (altísima correlación con impago según el informe).
  • Pagos parciales o fraccionados que antes no existían.

b) Contractuales y operativas

  • Solicitud de ampliar plazos sin justificación sólida.
  • Cambios unilaterales en la forma de pago (p. ej., pasar de transferencia inmediata a pagarés o cheques posdatados).
  • Negativa a firmar o devolver contratos y albaranes.

c) Comportamentales

  • Comunicaciones evasivas o retrasos en responder sobre facturas vencidas.
  • Dificultad para localizar al responsable de pagos.
  • Información incoherente sobre su situación o excusas repetitivas.

d) Fuentes externas

  • Consultar ficheros de morosidad y registros públicos (RAI, ASNEF Empresas, BOE por concursos de acreedores).
  • Cambios recientes en el órgano de administración, domicilio social o actividad principal.

Medidas preventivas y contractuales

Prevenir un impago comienza mucho antes de que se firme un contrato o se emita la primera factura. Según la abogada consultada, la clave está en combinar un análisis previo riguroso de la solvencia del cliente con cláusulas contractuales que refuercen el derecho de cobro.

Este enfoque permite a autónomos y pymes reducir su exposición al riesgo, establecer límites claros y contar con herramientas legales eficaces si el retraso o el impago se materializa.

En la práctica, combinar estas medidas reduce el riesgo: se detecta antes el deterioro del cliente, se ajustan plazos, se pide garantía y, si es necesario, se actúa rápido con burofax y juicio monitorio.

Medidas preventivas

  • Analizar historial de pagos antes de conceder crédito comercial (puedes usar datos de informes de pago como el que nos ocupa).
  • Limitar el importe y plazo del crédito a clientes nuevos o con patrón de retrasos.
  • Solicitar pago anticipado parcial o total en encargos a medida o de alto importe.
  • Revisar periódicamente el comportamiento de pago de clientes activos y ajustar condiciones.

Medidas contractuales

  • Plazo de pago por escrito conforme a la Ley 3/2004: máximo 60 días entre empresas y 30 días con administraciones.
  • Cláusula que incluya:
    • Intereses de demora automáticos al tipo oficial (10,15 % anual en 2.º semestre de 2025).
  • Indemnización mínima de 40 € por factura impagada o pagada tarde, más costes de cobro reales.
  • Cláusula de resolución automática por impago o retraso grave.
  • Reserva de dominio o retención de titularidad en ventas de bienes hasta pago completo.
  • Posibilidad de cesión de crédito (factoring) sin necesidad de consentimiento del cliente.
  • En sectores como transporte, recordar que superar 60 días puede suponer sanción administrativa.

Actuar rápido ante el impago

El plazo máximo para abonar una factura en España está fijado en 30 días naturales, ampliable a 60 días si ambas partes lo acuerdan, según la Ley 11/2013. Sin embargo, la realidad dista mucho de este límite: el periodo medio en el que los proveedores pagan a los autónomos sigue en 80,2 días, según datos de CEPYME.

En caso de impago, los expertos recomiendan agotar todas las vías amistosas antes de acudir a los tribunales, dado que los procedimientos judiciales implican costes y plazos prolongados. Como aconsejó en declaraciones anteriores Gregorio River, Socio del área de Civil y de Litigación y Arbitraje del bufete AGM Abogados, es recomendable prevenir pidiendo provisiones de fondos por adelantado a clientes de solvencia desconocida o contratando seguros de crédito y caución.

Si el impago ya se ha producido, River propuso tres pasos clave:

  1. Reclamar la deuda y, si no hay respuesta, emitir una factura rectificativa y remitirla por burofax para dejar constancia.
  2. Con esa documentación, solicitar la devolución del IVA a la Agencia Tributaria.
  3. Si persiste la falta de pago, interponer una demanda mediante procedimiento monitorio ante el juzgado del domicilio del cliente, uno de los procesos más ágiles para reclamar deudas líquidas.

No obstante, si el deudor no responde y no se localizan bienes, la ejecución puede complicarse y prolongarse más de un año, tal y como advirtieron tanto River como Alberto Velasco, del Consejo General de Economistas.