Los pequeños agricultores del cereal están al límite, pese a obtener una de las mejores cosechas de los últimos años. A mediados de campaña, con 25,2 millones de toneladas previstas (un 15% más que en 2024), lo que impera en el campo no es la celebración, sino el malestar. Aseguran que las cuentas no salen y que, aunque el grano abunda, venderlo a los precios actuales supone directamente la ruina.

La principal causa, según denuncian las tres organizaciones agrarias consultadas por este medio, es la caída de los precios en origen por la entrada masiva de cereal barato desde Ucrania. “Hemos visto cómo el grano se vendía en el interior más barato que en puerto”, explicó a este diario Javier Fatás, responsable de cereales de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). “La presión de traer mucho desde fuera ha servido para tirar el precio aquí, y eso nos ha hecho caer por debajo de los costes de producción”.

Por su parte, David Erice, técnico de cultivos herbáceos de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) recordó a este medio que las importaciones europeas de trigo blando se han multiplicado por siete en sólo dos años. Erice considera que los agricultores europeos están “soportando en solitario” el impacto de la guerra. “La UE dice que no hay distorsión, pero claro que la hay”, afirmó.

  1. Las asociaciones agrarias afirman que la medida adoptada por la UE llega tarde
  2. El cereal en España ha perdido más de un millón de hectáreas en diez años
  3. Las organizaciones piden reforzar los instrumentos de ayuda pública ya existentes

as asociaciones agrarias afirman que la medida adoptada por la UE llega tarde

El sector reconoce que España necesita importar parte del cereal para alimentar al ganado, pero reclama límites. “Somos conscientes de esa necesidad, pero deben establecerse cupos”, insistió Erice. Las tres organizaciones coinciden en que la medida recién adoptada por la UE, que reinstaura cuotas para el segundo semestre del año, llega tarde y no resuelve el problema de fondo.

“Ojo, que aún hay que ver cómo se aplica”, advirtió a AyE Arsenio García Vidal, agricultor y presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) en León. “Lo que entra y cómo entra es lo que importa”. Y reclama que el cereal importado cumpla con los mismos requisitos fitosanitarios, medioambientales y laborales que el producido en España.

Tampoco basta, dicen, con limitar la competencia exterior si no se hace cumplir la normativa nacional. “La Ley de la Cadena Alimentaria se incumple de forma sistemática”, aseguró García Vidal. “Fue aprobada por el PP y ampliada por el PSOE; así que ninguno tiene excusa. Deben aplicarse los mecanismos para que sea cumplida”.

Javier Fatás, responsable de cereales de COAG
Javier Fatás es responsable de cereales de la Ejecutiva de COAG.

UPA se expresa en la misma línea y pide “inspecciones de oficio por parte del Gobierno y las comunidades autónomas”. Y COAG también reclama compensaciones directas cuando el mercado no cubre los costes: “No podemos estar jugándonos la viabilidad cada año al precio del cereal”, concluyó Fatás.

El cereal en España ha perdido más de un millón de hectáreas en diez años

Las consecuencias ya son visibles: el cultivo de cereal en España ha perdido en las últimas décadas más de un millón de hectáreas; una cifra que coincide en las respuestas de los tres portavoces y que equivaldría, para hacerse una idea, casi a la superficie de la provincia de Salamanca. “En los últimos 10 años se han perdido 600.000 hectáreas”, concretó García Vidal. “Y esta tendencia se está acelerando”, advierte.

Por eso David Erice califica de “alarmante” la caída de superficie de cultivos herbáceos anuales, y añade que muchas de estas hectáreas han pasado a leñosos. Por su parte, Fatás vincula directamente esta evolución a la falta de rentabilidad: “La gente que se incorpora, se va a los cinco años, porque no le salen las cuentas”.

Más allá del abandono, las explotaciones que permanecen activas siguen operando bajo pérdidas. “Estamos hablando de entre 800 euros por hectárea en secano y 2.200 en regadío”, calculó UPA. “Hace apenas cuatro o cinco campañas los costes eran mucho más bajos: 600 y 1.700, respectivamente”. Los márgenes son tan estrechos que cualquier bajada en el precio de venta tira abajo todo el equilibrio económico.

Arsenio García Vidal, agricultor y presidente de Asaja en León
Arsenio García Vidal es agricultor y presidente de Asaja en León.

Ante esta coyuntura, ¿qué opciones tiene el pequeño agricultor para salir adelante? Fatás es directo: “Muy complicado”. Aseguró que cada vez más tierras están pasando a manos de fondos de inversión y grandes empresas, que compran las fincas más grandes, las que tienen regadío o las que están en zonas húmedas. “La única manera de sobrevivir ha sido crecer en superficie, tractor más grande, maquinaria más grande; pero cuando los precios son tan bajos, cuanto más grande sea tu explotación, más puedes perder”.

En UPA, Erice plantea que es necesario activar líneas de apoyo para fomentar la concentración de productores, tanto para la venta como para la compra de insumos. “El sector cerealista está muy atomizado y las estrategias de concentración no están funcionando”.

Y Asaja, por su parte, reconoce que el margen de maniobra es muy limitado: “Si no siembras, si no abonas, no produces”, señaló García Vidal, quien recomienda prudencia con las inversiones y aprovechar al máximo el potencial de cada tierra: “Cultivar cereal en las tierras más productivas y optar por girasol o veza en las más difíciles”.

David Erice es técnico de cultivos herbáceos de UPA.
David Erice es técnico de cultivos herbáceos de UPA.

Las organizaciones piden reforzar los instrumentos de ayuda pública ya existentes

UPA propone aprovechar el Real Decreto de nutrición de suelos, los ecorregímenes de la PAC y otras medidas agroambientales mediante asesoramiento técnico que ayude a los agricultores a reducir costes. Además, insisten en que las ayudas de la PAC deben tener una atención especial hacia las pequeñas y medianas explotaciones, que son las que conforman la verdadera agricultura profesional en España.

El impacto de esta crisis también está minando el relevo generacional. “La media de edad está en 62 años”, apunta Fatás. “Muchos aguantan como pueden hasta la jubilación y los que se incorporan, si no tienen rentabilidad, abandonan en cuanto terminan el compromiso de incorporación”. David Erice coincide en que se trata de una crisis estructural que amenaza la viabilidad de los cultivos tradicionales. “Si hoy España mantiene cierta producción cerealista es gracias al esfuerzo de los agricultores y a la innovación, pero eso no basta frente a un mercado desregulado que nos deja vendidos”.

El mensaje a los jóvenes que piensan incorporarse no es fácil de dar. “Me gustaría decir otra cosa, pero ese riesgo existe”, admite García Vidal. “Nadie quiere que su hijo herede un negocio que no da beneficios”. Pide a los jóvenes que estén bien asesorados y que cuenten con un estudio de viabilidad serio antes de lanzarse.

Fatás también recomienda entrar en la agricultura, pero diversificando: “Que no lo juegue todo al extensivo, porque en muchas zonas es muy difícil sobrevivir solo con cereal”. Añade que “hay que tener un plan claro y que no puede depender de un solo cultivo”. Porque, concluye, “con precios tan ajustados, cuanto más grande seas, más puedes perder”.