Las pescaderías tradicionales, en su mayoría propiedad de autónomos y pequeñas empresas, enfrentan una crisis que pone en riesgo su futuro. Con unas 10.000 tiendas activas que emplean a 20.000 personas, el sector lidia con una caída drástica del consumo, la falta de relevo generacional, horarios extenuantes, la competencia de la gran distribución y una formación profesional casi inexistente. La Federación Nacional de Asociaciones Provinciales de Empresarios Detallistas de Pescados y Productos Congelados (Fedepesca), que representa a 6.200 pescaderías, abordó estas cuestiones en su asamblea anual y el Congreso sobre Modelos de Abastecimiento, celebrados en Bilbao entre el 6 y el 7 de abril, reclamando medidas urgentes para salvar un oficio fundamental, pilar de la dieta mediterránea.
Los pescaderos quieren ser reconocidos por su labor esencial para mantener una alimentación saludable
Pese a su rol clave en la alimentación saludable, las pescaderías no reciben el reconocimiento de comercio esencial, lo que agrava sus problemas estructurales, según denunciaron los representantes del sector. José Feijoo, presidente de la Asociación de Minoristas de Productos Pesqueros de Bilbao, lo expresó con contundencia en la asamblea: “Somos los minoristas quienes damos valor al pescado de nuestros puertos. Queremos ser reconocidos como un comercio esencial, fundamental para la salud”. Esta falta de prestigio social, que contrasta con su esfuerzo durante la pandemia –cuando garantizaron el suministro con entregas a domicilio y atención personalizada–, deja al sector desprotegido.
El trabajo en las pescaderías es particularmente duro. “Es un sector muy exigente en cuanto a horarios, trabajo nocturno, agua y humedad”, explicó María Luisa Álvarez Blanco, directora general de la patronal Fedepesca, a este medio. Estos minoristas enfrentan frío, jornadas largas y exposición constante a condiciones adversas, sin que se reconozcan enfermedades profesionales específicas. Feijoo añadió otra demanda crítica: “Reclamamos que se reconozca la baja incidencia de los autónomos en las bonificaciones por jubilación, así como las enfermedades profesionales y la penosidad de nuestra labor”. Esta carencia de incentivos económicos y laborales desmotivaba a los trabajadores actuales y ahuyentaba a los jóvenes en comparación con otros sectores, donde la jubilación real se producía antes.
El abastecimiento nocturno es otro factor que intensifica esta penosidad. “Trabajamos contra el tiempo. Los abastecimientos suelen ser nocturnos porque ganamos un día de frescura”, señaló Álvarez. En grandes mercados como Mercamadrid, los pescaderos madrugan a las 4 o 5 de la mañana para competir por los mejores productos, un esfuerzo similar al de las lonjas costeras con subastas a horas intempestivas. Este ritmo, esencial para garantizar calidad, desaienta a las nuevas generaciones. “El comercio en general tiene un problema, pero en nuestro sector el abastecimiento es nocturno. La gente no quiere trabajar en el comercio por los horarios. El relevo generacional es un gran problema”, enfatizó Álvarez. Feijoo vinculó esta crisis directamente al reconocimiento oficial: “Quizá así logremos garantizar el relevo generacional”.

Fedepesca denunció que sin formación adecuada no habrá relevo profesional
La formación, crucial para atraer talento joven, constituye otro punto débil. Aunque en 2018 se aprobó un programa formativo para la comercialización de alimentos, su implementación ha sido prácticamente nula. “La hostelería tiene formación profesional pública desde los años 60, pero la distribución alimentaria, que emplea a más de un millón de personas, no”, lamentó Álvarez. La Comunidad de Madrid intentó ofrecer el título, pero la falta de promoción dejó las aulas vacías. “Si no haces una promoción de los oficios, los alumnos no saben casi ni que existe ese título”, criticó.
El certificado de profesionalidad, pensado para desempleados, también fracasa por su rigidez. “Son tantas horas, las aulas exigen unos requisitos… el sistema no funciona, es muy rígido”, relató la directora general de la patronal. Desde Fedepesca proponen una solución práctica: cursos de 100 horas (60 de práctica con pescaderos profesionales y 40 de teoría sobre seguridad alimentaria, sostenibilidad y cadena de valor). “Por la experiencia que tenemos, van a encontrar trabajo”, afirmó. Sin embargo, la falta de apoyo público perpetua la exclusión del sector, que no hab recibido fondos para formación como otros gremios.
Los españoles comen cada vez menos pescado: 18 kg por persona en lugar de los 27 kg recomendados
La caída del consumo de pescado fresco amenaza la viabilidad de las pequeñas tiendas de barrio y los puestos en mercados. “El último dato que manejamos es de unos 18,2 kg por persona, y va bajando”, alertó Álvarez. Fuera del hogar, el consumo era de solo 6,3 kg por persona, insuficiente para compensar el retroceso. Los especialistas recomiendan consumir 27 kg por persona. Los hábitos han variado: “La gente ha cambiado la prioridad en el uso del tiempo y del presupuesto. Se dedica más al ocio, a vivir experiencias. Se está penalizando muchísimo la cocina”, precisó Álvarez, ejemplificándolo con una encuesta de julio de 2024 que mostraba que el 70% de los españoles cocinaba menos por un “estilo de vida acelerado”, aunque el 93,4% prefería alimentos frescos, evidenciando una contradicción.
La percepción de que el pescado es caro agrava la situación. “No hemos sido capaces de transmitir el enorme valor nutricional y para la salud que tienen los productos pesqueros. La gente dice ‘es que es caro’, pero en cada pescadería hay de media 60 especies. Siempre vas a encontrar una que se adapte a tu bolsillo”, afirmó Álvarez. La gran distribución, que había crecido mientras las pescaderías pasaron de 15.000 en 2007 a 10.000, y los platos preparados (16,5 kg por persona al año) competían ferozmente, reduciendo la cuota de mercado del sector al 31% en pescado fresco.
Además, los minoristas ofrecen un valor añadido a través de recomendaciones y la preparación del producto que no se encuentra en otros canales de venta. Incluso la falta de tiempo no es excusa, puntualiza María Luisa Álvarez, pues la mayoría de pescaderos aceptan pedidos por teléfono o aplicaciones.
“Bajar el IVA es barato y justo. Ayudaría a todas las familias, especialmente a las más vulnerables”, defendió Álvarez, quien también recordó que esta excepción está contemplada por la normativa comunitaria de la Unión Europea. En Bilbao, se reiteró esta demanda histórica, destacando que eliminar el IVA podría aumentar el consumo en 100 millones de kilos al año, según estimaciones del sector. Otras soluciones incluyen campañas de concienciación, como las promovidas por el marketplace La Pescadería Artesanal, y hacer la nutrición obligatoria en colegios. “El mensaje que se debe lanzar es que el producto tiene que estar en tu dieta. Prescindir de él es una barbaridad”, afirmó Álvarez.
De los 100.000 empleos de la cadena pesquera, 20.000 pertenecen a la venta minorista
Las pescaderías tradicionales, que sostienen una cadena de valor pesquera de 100.000 empleos, desde la pesca hasta la distribución, son un orgullo nacional, capaces de llevar especies frescas a cualquier rincón en tiempo récord y crean 20.000 puestos de trabajo. Sin embargo, sin reconocimiento como comercio esencial, sin formación adecuada y con un consumo en caída libre, su supervivencia está en juego, como denunciaron los minoristas.
En Bilbao, el sector mostró su apuesta por la innovación –con proyectos como la digitalización a través de La Pescadería Artesanal–, pero insistió en la necesidad de políticas valientes: desde bonificaciones para autónomos que reconozcan las dificultades de su trabajo hasta una fiscalidad saludable. “La gente no valora lo que tiene hasta que lo pierde”, advirtió Álvarez. Proteger estas tiendas no es solo preservar un oficio, sino garantizar un legado culinario y saludable que define a España.





