- Los autónomos chinos orientan sus negocios hacia los servicios y la especialización
- Reinventarse continuamente y una potente red de apoyo familiar, claves de su éxito
Primero fueron los restaurantes, luego y durante años, los bazares chinos, todo un símbolo del comercio de proximidad en España. Baratos, funcionales y con horario casi ininterrumpido, estos locales no tardaron en ser muy habituales en cualquier población, incluso algunas pequeñas. Sin embargo, en los últimos meses, el cierre de algunos de estos establecimientos han puesto de manifiesto un cambio de tendencia dentro de esta comunidad emprendedora.
Aunque el cese de este tipo de negocios no implica que este colectivo esté saliendo del país, sino que están reorientando su actividad hacia otros sectores de servicios. De hecho, la comunidad china en España, con más de 223.999 residentes según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), se distingue por su espíritu emprendedor. Es la población extranjera con mayor número de autónomos, con más de 60.000 afiliados al RETA, según datos oficiales.
Y a pesar de que, durante décadas, sus restaurantes o sus bazares han sido el exponente del emprendimiento chino, el auge del comercio electrónico, la inflación y las normativas han desafiado su modelo tradicional. Lejos de rendirse, los empresarios chinos están transformando sus negocios para adaptarse a las demandas del consumidor actual.
Fang Ji, presidente de la Asociación China de las Islas Baleares (Achinib), explicó a este medio que “los bazares tradicionales han sentido el impacto directo de la caída en las ventas y la presión de las grandes cadenas, pero nuestra comunidad no se ha quedado de brazos cruzados. Estamos modernizando espacios, incorporando sistemas digitales y fortaleciendo la atención personalizada”.
Los autónomos chinos orientan sus negocios hacia los servicios y la especialización
Estos comercios, reconocidos por ofrecer “de todo un poco” a precios muy bajos, están cediendo terreno a negocios más especializados y modernos. Una tendencia que les ha llevado a abrir tiendas de hogar y decoración con diseños contemporáneos, de regalos con un menor catálogo de productos, boutiques de moda e, incluso, comercios especializados en servicios de estética y cuidados.
“Estos nuevos modelos se diferencian por su imagen cuidada, su enfoque temático y una mayor digitalización”, señaló Fang Ji. “No sólo vendemos productos, sino que ofrecemos una experiencia moderna, alineada con lo que el consumidor de hoy espera”, añadió. De ahí que ahora puedan encontrarse tiendas de ropa o bisutería que dejan atrás la imagen de bazar en la que puedes encontrarlo todo para ofrecer productos “seleccionados”, aunque los precios continúen siendo muy competitivos.

Li Mei, una empresaria china que abrió hace tres meses un salón de belleza en el centro de Madrid, comparte su experiencia explicando que su negocio se centra en manicuras y diseños de uñas, como las de gel, con colores y filigranas decorativas. También comentó que decidió emprender porque tenía muchas conocidas que se habían aventurado a abrir peluquerías o centros de masaje y les estaba yendo muy bien.
“Estos negocios requieren mucha menos inversión inicial que un restaurante o un bazar. No necesitas cocina, ni grandes almacenes, ni logística de importación. Solo un buen local, productos de calidad y buenos profesionales”, expuso.
Mientras los nuevos emprendedores apuestan por negocios innovadores, otros mantienen la tradición, aunque no sin dificultades. Es el caso de María, una veterana empresaria china que regenta un restaurante de los de antes: con decoración tradicional de madera tallada, farolillos rojos, pecera con carpas y menú del día con rollitos de primavera y arroz tres delicias.
Ahora, admite, ese modelo se está agotando con restaurantes asiáticos especializados entre los que triunfan las gyozas o el sushi. Actualmente, lamentó, ni siquiera podría decorar su restaurante porque cada vez quedan menos artesanos especializados. Si cuando ella abrió el local ya eran muy pocos los que se dedicaban a ello, ahora prácticamente se han retirado todos.
Esta autónoma que castellanizó su nombre al llegar a nuestro país también conjeturó que el aumento de los precios ha sido otro de los factores que pueden haber contribuido a este cambio de tendencia, pues “resulta muy complicado mantener los precios de los platos y de los menús que esperan los clientes”. No obstante, en sus mesas cubiertas con manteles de tela, no faltan los comensales, y María reconoció que “es un desafío, pero seguimos adelante con la misma ilusión y la cercanía al cliente que el primer día que abrimos”.
Reinventarse continuamente y una potente red de apoyo familiar, claves de su éxito
Al fin y al cabo, la capacidad de reinventarse es una de las señas de identidad del comerciante chino. Fang Ji declaró que “no tenemos miedo a empezar de nuevo ni a transformar un negocio si el mercado cambia. Nuestra gestión familiar, el control de costes y la digitalización efectiva nos permiten mantener la sostenibilidad incluso en tiempos difíciles”.
Una competencia agresiva que proviene también de plataformas asiáticas de comercio online, pero con la que la comunidad china no ha dudado en aliarse, pues, según Ji, muchos empresarios ya venden a través de estas páginas e incluso a través de redes sociales, explorando nuevas formas de distribución que complementan a sus tiendas físicas.
¿Tienen futuro los bazares tradicionales? La respuesta de Fang Ji fue muy clara: “Creemos firmemente que sí, pero no pueden permanecer estáticos. La clave está en adaptarse sin perder la esencia”. La flexibilidad, la atención personalizada y la capacidad de respuesta rápida son ventajas competitivas que las grandes cadenas no siempre pueden igualar y que los autónomos chinos trasladan a sus negocios, sean bazares o salones de belleza.
En este sentido, este representante de comerciantes de la comunidad china aseguró que “si sabemos mejorar constantemente, seguiremos siendo un motor del comercio de barrio y de la economía local”.





