Un nuevo estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y la Escuela Superior de Economía de Barcelona (BSE), han analizado los efectos de la Ley 27/2011, que elevó la edad de jubilación a los 67 años, a partir de los datos administrados por la Seguridad Social.
Según explica el informe, uno de los efectos que ya se están empezando a notar es que los autónomos y asalariados prolongan su vida laboral por encima de los ocho meses para poder jubilarse con la misma pensión.
Asimismo, casi dos tercios de los afectados –es decir, de aquellos contribuyentes que se ven obligados a alargar su carrera de cotización– son mujeres, lo que agrava la brecha de género existente en las pensiones.
- Los autónomos están cotizando ocho meses más al año para poder jubilarse
- La reforma recae principalmente en las mujeres
- Incrementa la mortalidad prematura, con mayor incidencia en los hombres
Los autónomos están cotizando ocho meses más al año para poder jubilarse
Según el documento, para el que se ha analizado una muestra de casi 180.000 jubilados de las cohortes 1943-1957, el incremento gradual de la edad de jubilación ya sitúa a los contribuyentes en dos grupos bien diferenciados: los que gozan de carreras largas de cotización y los que no.
Los primeros, mantienen el acceso a la jubilación a los 65 años, mientras que, los que no alcanzan el umbral de años necesarios, “afrontan una edad legal creciente” de retiro.
Así, en el caso de aquellos autónomos y trabajadores que no alcanzan la carrera de cotización necesaria, el informe aclara que están retrasando en promedio su jubilación efectiva por encima de los 8 meses.
El retraso, además, crece cada año de manera general conforme avanza el calendario. Como apunta Fedea, “cada mes adicional de edad legal se traduce, aproximadamente, en un retraso adicional de un mes en la jubilación efectiva para los que alcanzan los años requeridos” para jubilarse a los 65.

La reforma de la jubilación afecta principalmente a las mujeres
El estudio también destaca que la reforma recae principalmente sobre las mujeres. Debido a que la jubilación a los 65 pasa a estar condicionada a una carrera de cotización larga, las mujeres, que presentan con mucha mayor frecuencia carreras de cotización más cortas o interrumpidas, suponen la mayor parte de los contribuyentes afectados por la reforma.
En concreto, el 62% de los afectados por el retraso son mujeres, pese a que representan el 29% de los cotizantes con una carrera suficiente para jubilarse a los 65 años. Como consecuencia, también soportan un mayor retraso medio en la jubilación, de 10 meses. Además, el porcentaje de mujeres que retrasa su jubilación más allá de los 65 años aumenta en 34 puntos, frente a los 15 puntos de los hombres.
Debido a ello, Fedea concluye que la exención por contar con una larga carrera de cotización tiene incidencia de género regresiva, ya que “expone a la subida plena de la edad legal precisamente a quienes acumulan carreras más cortas”. Y estas son principalmente mujeres.

Aumenta la mortalidad prematura, con mayor incidencia en los hombres
Asimismo, otro de los efectos señalados por la entidad es que la reforma eleva la mortalidad de los cotizantes afectados por la reforma y que tienen que seguir trabajando pasados los 65.
Este efecto es, a su vez, “estadísticamente significativo para los hombres y de magnitud aproximadamente doble que el de las mujeres”, debido a la prolongación de la vida laboral para desempeñar puestos de trabajo que conllevan mayor desgaste físico. Así sucede en profesiones como la construcción, la industria y la minería, siendo esta consecuencia de la reforma un factor que amplía un 15% la brecha de mortalidad ya existente entre hombres y mujeres.
Además, la extensión del trabajo tiene un coste en salud, que “recae desproporcionadamente” sobre estos contribuyentes que deben mantener ocupaciones con un mayor desgaste físico. Por ello, la entidad aconseja “diseños alternativos” de la reforma que permitan elevar la edad efectiva de manera equitativa y teniendo en cuenta estas diferencias entre ocupaciones. Por ejemplo, mediante vías específicas de retiro por actividad laboral o ajustes por densidad de cotización.
Teniendo en cuenta que estos resultados escalan conforme aumenta la ejecución de la reforma, Fedea prevé que el impacto de la reforma, tanto en el retraso como en los costes en salud, será “sustancialmente mayor” una vez que los grupos de edad alcancen los 67 años y culminen su vida laboral.





