La inestabilidad política y económica vuelve a golpear a los autónomos. Según el Barómetro ATA del tercer trimestre de 2025, nueve de cada diez trabajadores por cuenta propia consideran que la incertidumbre que atraviesan España y el contexto internacional afecta directamente a sus negocios. El 38,3% asegura que su facturación ha caído respecto al año pasado y uno de cada tres admite que su situación es más crítica que en 2024.
El pesimismo cala hondo entre los pequeños negocios. A pesar de que los indicadores macroeconómicos no reflejan una recesión, el 94,1% de los autónomos percibe un clima de inestabilidad política y económica que limita sus decisiones de inversión, contratación o ampliación. Esa falta de confianza se traduce en una menor petición de crédito: sólo el 30,2% acudió a una entidad bancaria en busca de financiación. La oferta existe, pero la demanda se retrae porque los autónomos no ven claro el futuro inmediato.
A ello se suma la carga fiscal. El 83,5% de los encuestados por la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) señala los impuestos como su principal problema, seguido muy de cerca por las cuotas a la Seguridad Social.
- El enrarecido clima político desanima a los pequeños negocios
- Más gastos y menos márgenes
- Ahora que hay oferta, falta demanda de crédito por miedo al futuro
- Morosidad y otras trabas añadidas
El enrarecido clima político desanima a los pequeños negocios
La federación que preside Lorenzo Amor advierte de que el entorno político nacional e internacional está minando la confianza de los trabajadores por cuenta propia. “Hay demasiados frentes abiertos y eso impide la estabilidad que necesita la economía real”, señaló Amor durante la presentación de la encuesta. El 90% de los autónomos cree que la inestabilidad influye directamente en su actividad o en la economía en general.
Comparado con el barómetro de junio, el deterioro es evidente: en apenas tres meses, el porcentaje de autónomos que considera negativa la situación del país ha pasado del 73% al 94,1%. La tendencia también se refleja en los ingresos. El 33% afirma que su negocio ha descendido frente a un 23,6% que dice haber crecido. El resto, un 42,6%, asegura que se mantiene igual, aunque sin perspectivas de mejora.
La caída de la facturación no sólo es más generalizada, sino también más profunda. Entre quienes facturan menos, el 41,3% calcula que su descenso supera el 11%. Y entre los pocos que mejoran resultados, casi ocho de cada diez lo hacen con incrementos inferiores al 15%. La brecha entre los grandes y medianos negocios y los pequeños se amplía trimestre a trimestre.
Más gastos y menos márgenes
El alza de los costes continúa sin dar tregua. Tres de cada cuatro autónomos (77,5%) reconocen que sus gastos han aumentado durante el último año. De ellos, uno de cada cinco cifra el incremento por encima del 15%. Apenas el 4,5% ha conseguido reducirlos.

Ante esa presión, el 65,1% ha tenido que subir los precios de sus productos o servicios, y otro 52,1% prevé hacerlo antes de que acabe el año. Aun así, muchos temen que los consumidores no puedan absorber nuevas subidas y se resienten las ventas.
El estudio también refleja que el 16,6% de los autónomos con empleados ha reducido plantilla en el último año. Un 19% la ha aumentado y la mayoría, el 64,4%, ha conseguido mantenerla. Las previsiones son prudentes: el 73,3% confía en conservar el empleo actual, mientras un 13,5% se plantea contratar.
Ahora que hay oferta, falta demanda de crédito por miedo al futuro
La financiación vuelve a resentirse. Aunque los tipos de interés han bajado, la petición de crédito se estanca. El 30,2% de los autónomos ha solicitado financiación, frente al 31,6% de hace un año. Entre quienes no lo han hecho, el 43,2% asegura que no la necesita, pero un 25,1% reconoce que no puede endeudarse más. La consecuencia es clara: ahora que hay oferta, falta demanda de crédito por falta de confianza.
Los datos del barómetro apuntan a un círculo vicioso. La incertidumbre política frena las expectativas, el miedo al futuro reduce la inversión, y el menor dinamismo limita la capacidad de crecimiento. A esto se suman las cargas fiscales, los seguros sociales y la inflación, que ahogan el margen de muchos negocios.

Morosidad y otras trabas añadidas
La morosidad sigue siendo otro de los grandes lastres del trabajo autónomo. El 45,3% asegura verse afectado, frente al 41,3% de hace un año. En la mayoría de los casos, las deudas proceden de entidades privadas, aunque también hay impagos de administraciones públicas.
A las tensiones financieras se añaden las burocráticas. El 89,7% de los autónomos considera que las cargas administrativas han aumentado en los últimos tres años. Un problema que, según Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), “consume horas de trabajo y resta productividad a los negocios”.
El nuevo registro horario que prepara el Gobierno y la próxima revisión de las cuotas sociales previstas para 2026 son, a juicio de Amor, “nuevas zancadillas” para un colectivo que representa más del 90% del tejido empresarial español.
Los autónomos no sólo se enfrentan a los vaivenes del mercado, sino a un entorno normativo y político cada vez más inestable. El resultado se mide en datos: más incertidumbre, menos crédito y más gastos. Un cóctel que amenaza con seguir frenando la actividad de los pequeños negocios en lo que queda de año.





