En España, los festivales de música llenan recintos pero también reactivan la economía de miles de autónomos y pequeños negocios en los municipios que los acogen. Desde técnicos de sonido y camareros hasta alojamientos rurales o bares de barrio, muchos trabajadores por cuenta propia encuentran en estos eventos una oportunidad para salvar el año.

Según el último informe de OBS Business School, la música en directo batió en 2024 un récord histórico con más de 725 millones de euros de facturación, un 25% más que el año anterior. El sector supera así por primera vez los niveles prepandemia, impulsado en buena parte por el auge de los festivales.

Pero más allá de los grandes números, lo que realmente marca la diferencia en el terreno es el impacto económico directo y local: en muchos pueblos, una semana de conciertos puede convertirse en el motor económico de todo un año. 

Los festivales permiten a muchos negocios facturar en una semana lo que ganarían en tres meses

Festivales como el Arenal Sound (Burriana), Viña Rock (Villarrobledo) o el Granca Live Fest (Gran Canaria) generan miles de contratos y un volumen de negocio que desborda el recinto para atender a cientos de miles de asistentes.

“Hay municipios donde algunos negocios pueden facturar el 20 o 25% del año solo durante los días del festival. En una semana ingresan lo mismo que en tres o cuatro meses”, afirmó Albert Guivernau, economista y autor del informe.

En Burriana, por ejemplo, el Arenal Sound movilizó a más de 60.000 personas diarias, generó más de 4.700 empleos directos e indirectos y tuvo un impacto económico estimado de 42 millones de euros. 

En municipios como Bueu (Pontevedra), el ciclo SonRías Baixas atrajo a 26.000 personas y generó 2,3 millones de euros en retorno económico local.

“Muchos de estos municipios multiplican por diez su población durante los días del festival. No es solo lo que mueve el evento, sino todos los negocios a su alrededor: alojamiento, restauración, transporte y comercio”, señaló Guivernau.

En este sentido el informe subraya que los festivales constituyen un estímulo económico real y directo allí donde se celebran. Para ejemplificarlo recoge más ejemplos como el de Palencia Sonora, con solo 18.000 asistentes, generó 2,1 millones de euros; o el de Tomavistas, con 25.000, generó 2 millones.

¿Qué actividades hay detrás de los festivales?

Detrás de cada escenario, carpa o proyector, hay un ejército de profesionales desconocidos para el público pero sin cuyo trabajo nada de lo que ocurre ante sus ojos sería posible. Son autónomos de sonido, técnicos de luces, diseñadores gráficos, operadores de drones, especialistas en pirotecnia, limpieza, escenografía o montaje.

“El grueso de los servicios asociados a la organización de un festival se contrata a profesionales independientes”, afirma el informe.

El estudio apunta también a sectores que pueden traer oportunidades para emprendedores especializados, sobre todo en áreas emergentes como sostenibilidad, escenografía 360º, ticketing inteligente, experiencias inmersivas o tecnologías aplicadas al espectáculo.

Toda una industria paralela que, según Guivernau es “invisible para el espectador, que depende directamente de este circuito de festivales y que en su mayoría está compuesta por pequeñas empresas y trabajadores por cuenta propia”.

A esto se suman nuevas actividades paralelas (exposiciones, microteatro, espectáculos visuales…) que amplían la demanda de servicios más allá del ámbito musical.

En muchas localidades, los propios organizadores prefieren contratar talento local no solo por proximidad, sino por una razón menos evidente: la normativa.

Detrás del escenario de cada festival decenas de autónomos trabajan para que todo funcione correctamente
Detrás del escenario de cada festival decenas de autónomos trabajan para que todo funcione correctamente.

Los burocracia entorpece la actividad de los festivales y dificulta la contratación de profesionales

Uno de los grandes retos del sector es la fragmentación normativa ya que según el autor del informe “cada comunidad autónoma tiene su propia normativa, y muchos municipios también” de forma que los promotores buscan personas que ya han trabajado en ese lugar y conocen sus exigencias.

En la práctica, esto favorece a los autónomos experiencia sobre el terreno y complica la movilidad de profesionales de otras zonas. “La ausencia de un marco regulador común en España complica la movilidad de profesionales y empresas del sector”, destaca el informe.

A veces, esta complejidad genera situaciones de riesgo como cancelaciones de festivales por permisos mal gestionados o entregados fuera de plazo.

En 2024 se registraron varios casos de cancelaciones por motivos administrativos. Uno de los más destacados fue en Sant Adrià del Besòs, donde un festival no se celebró porque el permiso de los bomberos se presentó unos días tarde. No es que no fuera incompleto, es que los organizadores pensaban que sí estaban dentro del plazo porque venían de otros municipios con ordenanzas que marcaban requisitos diferentes.

“Una cancelación a pocos días del evento, incluso por causas ajenas a los organizadores, arrastra consecuencias económicas para toda la cadena de proveedores”, advierte el informe.

Esto afecta especialmente a los autónomos y pequeñas empresas que ya han asumido gastos anticipados en logística, personal o materiales con “márgenes tan ajustados que una cancelación puede comprometer la viabilidad de la campaña para empresas pequeñas”.

Por todo ello, Guivernau alertó de la arbitrariedad política en algunos municipios en los que “los alcaldes responden a los vecinos que votan, no a los asistentes que vienen de fuera. Y eso hace que a veces frenen festivales para no molestar, aunque eso perjudique a los negocios locales”.

La concentración de eventos en pocos días dispara la demanda de autónomos

Pero el éxito de la música en vivo ha supuesto también que los profesionales cualificados no sean suficiente para atender todos los picos de demanda en las fechas que se concentran muchos festivales. Durante esos días los técnicos de sonido, personal de producción, expertos en montaje, iluminación o audiovisuales tienen su agenda completa.

“Uno de los principales cuellos de botella del sector es la falta de técnicos disponibles para tantos eventos. Hay una cierta pelea por los buenos profesionales”, reconoció Guivernau.

Para Guivernau, los festivales son mucho más que ocio. Son cultura, turismo y, sobre todo, economía local pues, tal y como destaca el estudio, “el gasto de los asistentes revierte en alojamientos, restauración, transporte, comercios y otras actividades conexas”.

Una red de pequeños negocios y trabajadores por cuenta propia que, en muchos municipios, encuentra en los festivales su mejor semana del año. Y que, con una regulación más clara y menos trabas, podría generar aún más dinamismo económico y oportunidades para emprender.