En una ocasión, mientras presentaban su producto estrella en una feria internacional, un cliente potencia interrumpió a Conchi Nieto, hija del fundador de la firma leonesa Cecinas Nieto, con una duda ingenua: “¿Pero entonces esta carne… viene de verdad del león?”. Ambos sucesores, ella y su hermano José Luis, que dirigen hoy la empresa familiar fundada por su padre, aún se ríen al recordarlo. “No fue una broma. De verdad pensaban que provenía del animal, y no de la provincia de León”, aclaró la emprendedora a este diario.

Anecdotario aparte, lo cierto es que esta micropyme ha logrado algo al alcance de muy pocos negocios familiares: vender un producto artesanal, profundamente ligado a una tierra y una tradición, en los escaparates más exclusivos del mundo.

Hoy, es la única productora de esta carne de vaca curada y ahumada a fuego lento con hierbas aromáticas que han llegado a los emblemáticos almacenes londinenses Harrods, a los parisinos Galerie La Fallete y al Dubai Mall, entre otros destinos de lujo. Y lo ha hecho sin renunciar al origen ni a la autenticidad del producto.

Todo se hace de forma artesanal, como en la época de su fundador, hace 60 años

Conchi es hija de José Nieto Blas, el arriero maragato que fundó la empresa en 1965 con un pequeño obrador en Pradorrey, un pequeño pueblo que pertenece al municipio de Astorga. “Empezó él solo, elaborando cecina de vaca y jamón de cerdo. Todo completamente artesanal, como ahora. Nosotros mantenemos esa forma de trabajar, aunque hemos abierto el negocio a los mercados exteriores”, explicó. Nada se hace de forma industrial en Cecinas Nieto, salvo el transporte a base de carriles aéreos, que facilita el manejo de piezas en bruto. El resto sigue siendo manual: el corte, el salado, el ahumado, la aplicación de aceite de oliva en las grietas que surgen por la curación…

La clave de su evolución exitosa ha sido, al decir de sus sucesores, la fidelidad al producto y la apertura al mundo. “Nuestra mirada está puesta en el exterior, pero sin perder el mimo por la materia prima que nos inculcó nuestro padre”, insistió Conchi. Desde 2003 comenzaron a exportar gracias al Plan PIPE del ICEX, primero a Europa y luego a países como Marruecos, Hong Kong, Medio Oriente, Filipinas o Chile.

Pero no fue hasta 2019 cuando dieron un paso aún más ambicioso: abrir una nueva planta 100% vacuno con certificado halal, que garantiza que el alimento cumple con las normas alimentarias del Islam, desde el tipo de carne hasta el proceso de elaboración y sacrificio del animal.

“Nos dimos cuenta de que la cecina podía ser el jamón de los musulmanes”, resumió Conchi. “Sabíamos que era un producto que podía tener mucha salida en mercados donde no pueden consumir cerdo, así que decidimos hacer una fábrica específica para ellos”.

José Nieto Blas, en el centro, flanquedado por sus dos hijos, Cochi y José Luis, continuadores de su tradición artesana
José Nieto Blas, en el centro, flanquedado por sus dos hijos, Cochi y José Luis, continuadores de su tradición artesana.

La factoría no produce otra cosa que carne de vacuno, como exigen los estándares halal más estrictos. Y gracias a eso, han conseguido exportar a países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait o Marruecos.

“Fue un esfuerzo importante porque los requisitos son altísimos en calidad y seguridad alimentaria”, recuerda. En 2021 lograron la certificación IFS y con ella se abrieron las puertas a Japón. De hecho, en enero de 2024 comenzaron a vender en el país nipón, tras conseguir la homologación en octubre del año anterior.

En 2024 produjeron 250.000 kilos de cecina, y facturaron de 3,5 millones de euros

En la actualidad, Cecinas Nieto es una micropyme familiar, en la que Conchi y José Luis Nieto comparten la dirección. El buque insignia de la casa es la cecina de vaca vieja “El Abuelo Maragato”, una pieza con más de 18 meses de curación, que se vende en tiendas gourmet y que representa la esencia del producto que defienden: tradición, paciencia y calidad. “Marcamos el 100% de nuestra producción bajo el sello IGP Cecina de León. Podríamos hacerlo sólo con una parte, pero hemos decidido amparar toda la producción porque es un sello de garantía”, subrayó Conchi.

En 2024 produjeron casi 250.000 kilos de cecina, con una facturación de 3,5 millones de euros, de los cuales cerca del 25% proviene de las exportaciones. Sus principales mercados exteriores son Francia, Italia, Dinamarca y los países del Golfo Pérsico.

Proyecto de interiorismo y paisajismo en las nuevas oficinas de Cecinas Nieto
Proyecto de interiorismo y paisajismo en las nuevas oficinas de Cecinas Nieto.

A lo largo de este proceso de internacionalización, la empresa ha aprendido a moverse en escenarios exigentes. “Cuando conoces nuevos mercados, abres tu mente y aprendes mucho de otras culturas. Pero sobre todo entiendes que, aunque el producto pueda gustar, tienes que adaptarlo al formato, canal y calidad que mejor encaje allí”, contó la empresaria. Así, han ido ajustando su oferta a los requerimientos del canal Horeca en unos países y del retail en otros.

Pero si algo sorprende, incluso más que su éxito en el exterior, es la historia milenaria del producto que elaboran. “La cecina se elaboraba ya antes de que llegaran los romanos”, aseguró Conchi. “Sabemos que las tribus celtíberas ya curaban carne de vacuno con humo y hierbas. Es uno de los alimentos más antiguos que se elaboran en España”. En su caso, esa herencia se ha transmitido de generación en generación, con una fidelidad que ahora empieza a reconocerse fuera del país.

Sus responsables hablan de ganas, de tesón… y de búsqueda de importadores adecuados

No todo ha sido fácil. Las tensiones del mercado cárnico, con la subida constante del precio de la carne de vacuno desde hace un año, han obligado a la empresa a ajustar precios y hacer números. “El mercado está muy incierto. Si la evolución es positiva, sí que nos gustaría ampliar nuestras instalaciones para dar mejor servicio y llegar a más mercados”, reconoció. Mientras tanto, observan con atención los movimientos globales y se adaptan a lo que viene.

Aun con la mirada puesta en el exterior, la esencia del negocio sigue anclada en León. En Pradorrey, la nueva planta convive con la historia de la familia y con el legado de José Nieto Blas. “Él nos enseñó a trabajar con las manos, a cuidar el producto, a respetar cada pieza como si fuera única”, recordó Conchi. “No hay máquina que sustituya ese saber hacer artesanal”.

A veces, les preguntan cómo lograron que sus productos llegaran tan lejos. Conchi responde sin rodeos: “Con ganas, tesón y búsqueda imparable de los importadores adecuados que quisieran apostar por un alimento de origen y calidad garantizada”. Ni más ni menos.