El euro digital llegará, si todo va según lo previsto, a finales de 2026 o comienzos de 2027. Y lo hará con condiciones muy distintas a las de los medios de pago actuales: no será una cuenta bancaria, sino una cartera digital con un límite de 3.000 euros por usuario; estará directamente gestionado por el Banco Central Europeo (BCE); y su aceptación por parte de los comercios podría llevar aparejada alguna comisión, como ya ocurre con las tarjetas.

De manera que, para los autónomos y pequeños negocios, esto supone una serie de incertidumbres que empiezan a generar debate en el sector: ¿habrá que actualizar los terminales de cobro? ¿Será obligatorio aceptarlo? ¿Tendrá realmente ventajas respecto a medios que ya están consolidados?

Para entender el impacto que puede tener esta nueva forma de dinero, este diario ha consultado a tres expertos: Jordi Nebot, CEO de la empresa tecnológica PaynoPain; y los profesores de escuela de negocios Joan Torras, de EADA, y Javier Rivas, de EAE. Pues bien, los tres expertos coinciden en que el diseño final del euro digital aún está por cerrarse, pero alertan de riesgos potenciales si no se plantea pensando también en quienes cobran, y no sólo en quienes pagan.

El BCE contempla un sistema en el que los usuarios finales no pagarán comisiones, pero los comercios sí

El euro digital podría ofrecer mayor rentabilidad directa, siempre que no se introduzcan nuevas barreras. “A diferencia de Bizum o las tarjetas bancarias, no requiere intermediarios, lo que podría reducir los costes por transacción para los comercios”, señaló Jordi Nebot. Para los pequeños negocios, esto es especialmente relevante, ya que muchas veces asumen comisiones elevadas que afectan a su rentabilidad.

Sin embargo, esa reducción de costes aún no está garantizada. En los documentos más recientes del BCE se contempla un sistema en el que los usuarios finales no pagarán comisiones, pero los comercios sí podrían tener que hacerlo. “La introducción de comisiones podría generar cierta reticencia inicial; en especial, si no están claramente por debajo de las tarifas actuales”, advirtió el Ceo de PaynoPain.

De izda. a dcha. Joan Torras, profesor de EADA Business School; Jordi Nebot, CEO de PaynoPain; y Javier Rivas, profesor de EAE Business School
De izda. a dcha. Joan Torras, profesor de EADA Business School; Jordi Nebot, CEO de PaynoPain; y Javier Rivas, profesor de EAE Business School.

En todo caso, el BCE ha dejado claro que quiere que el euro digital se integre con las aplicaciones móviles de pago actuales, como Bizum, y que los bancos actúen como intermediarios ofreciendo esta moneda. Pero eso no despeja otras dudas. “Seguramente habrá que hacer alguna actualización de los TPV de los comercios, con el fin de adaptarlos”, explicó Javier Rivas.

“Usar el euro digital tendrá costes adicionales: el uso de redes blockchain o similar implica un alto coste energético, mayor seguridad criptográfica y, en suma, costes adicionales que habrá que compensar a quien los asuma”, añadió el profesor de EAE Business School. Lo que podría implicar nuevas inversiones obligatorias que afecten a la caja de muchos negocios.

Además, subraya que muchas de las supuestas ventajas no tienen que ver con los pequeños negocios, sino con objetivos macroeconómicos. “Las ventajas del euro digital van más por el control de pagos y de la economía sumergida, que poco tiene que ver con los cobros de una pequeña empresa”, aseguró a este diario Javier Rivas.

Para los expertos es llamativo el límite de 3.000 euros por usuario, para evitar fugas masivas de depósitos bancarios

Una de las medidas más llamativas anunciadas por el BCE es el límite de 3.000 euros por usuario. Esa cifra busca evitar que se retiren grandes cantidades de los bancos tradicionales. El objetivo es evitar una fuga masiva de depósitos, pero plantea otras consecuencias.

“Efectivamente, el límite puede percibirse como una barrera, especialmente para negocios que manejan flujos de caja superiores”, señaló Jordi Nebot. Aunque se justifique como una medida de prudencia, podría generar desconfianza. “Este tope puede transmitir la idea de que el euro digital está pensado sólo para pagos pequeños”, argumentó.

Joan Torras coincide en que la utilidad puede verse afectada si no se comunica bien su funcionamiento. “Vamos a tener que abrir conceptos como las billeteras electrónicas, y esto requiere mucha formación”, indicó.

“La adopción del euro digital será asimétrica entre comercios y personas físicas”, añadió el profesor de EADA Business School. Mientras los comercios podrían asumirlo rápidamente, muchos consumidores necesitarán incentivos o formación para entender sus ventajas.

Las ventajas del euro digital van más por el control de la economía sumergida que por mejorar los cobros de las pymes
Las ventajas del euro digital van más por el control de la economía sumergida que por mejorar los cobros de las pymes.

En cualquier caso, se necesitará una infraestructura sencilla y accesible. “Será clave el desarrollo de campañas informativas y educativas, tanto para los usuarios como para los empresarios”, defendió Nebot. Sin esa base, el sistema podría quedar infrautilizado.

Y el BCE debe plantearse la necesidad de resolver bien los problemas que surjan. “Deben existir mecanismos ágiles y sencillos para resolver disputas”, apuntó Jordi Nebot, pensando en situaciones como compras no reconocidas o productos defectuosos.

En octubre de 2025 podría comenzar el despliegue, en función del consenso político y la tecnología disponible

En todo caso, los tres expertos coinciden en los plazos aproximados. El BCE ha anunciado que la fase de preparación termina en octubre de 2025. A partir de ahí podría empezar el despliegue, aunque todo dependerá del consenso político y la tecnología disponible.

“En principio, el plazo que se maneja es que esté preparado a finales de 2025, para posteriormente empezar a usarlo en 2026”, indicó Joan Torras. Aun así, insiste en que el futuro del euro digital sigue siendo incierto. “Dependerá mucho de la aceptación social y de cómo se gestione la implantación”.

Por su parte, Javier Rivas cree que el éxito dependerá en buena parte de la integración con medios de pago conocidos. “Para que triunfe el euro digital sería necesario que se emitan instrumentos de pago ya aceptados, como tarjetas, desde el inicio”, aseguró.

Joan Torras añadió que el objetivo del euro digital es también geoestratégico: “Se está intentando mantener la soberanía monetaria europea, protegiendo los sistemas de pago ante posibles criptomonedas que pudieran surgir”. Esa dimensión institucional, sin embargo, no siempre llega al pequeño comercio.

“Se explica poco la propuesta de valor que supone el euro digital”, alertó Torras. “Su uso dependerá en gran medida de la facilidad de transacción y almacenamiento”, resumió, señalando precisamente dos aspectos que están aún por definir.

En cuanto a su encaje frente a otros métodos, Jordi Nebot concluyó planteando una reflexión que resume el sentir general: “Si aceptar pagos conlleva comisiones elevadas, esto nos lleva a preguntarnos por el incentivo real para los negocios frente a las tarjetas tradicionales”.