Borja Marañes Mainar es un ejemplo de valentía, humildad y dedicación con una visión amplia que apunta al futuro. Tiene 29 años y desde muy pequeño empezó a ayudar a su padre en el campo. Ahora trabaja su propia tierra y cuida a su propio ganado en Herrera de los Navarros, el pueblo que lo vio crecer.
Borja siempre demostró una curiosidad innata y unas ganas de aprender que, sin duda, le han llevado a convertirse en el hombre que es hoy. “Yo era un poco liante, al principio venía al campo medio castigado. ‘Hala, vete con el papá y haz lo que te mande’, me decía mi madre… y cada vez me gustaba más, pero lo veía como un entretenimiento, no como un trabajo”.
Una de las cosas que más despertaron su interés inicial fue aprender a manejar tractores, cosechadoras, sembradoras… “Le empecé a coger el gustillo cuando probé a coger maquinaria, siempre acompañado de mi padre. Me empezó a gustar, a gustar a gustar… hasta que me enamoré”.
De ‘Caminos’ al campo
Años después se fue a Madrid para estudiar Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. “Muchos fines de semana venía aquí a Herrera para echarle una mano a mi padre. Y los veranos de los estudiantes, como no hacemos nada, pues me venía a cosechar. Iba cogiendo… tampoco mucha responsabilidad, pero le quitaba muchas horas de tractor a mi padre, que era lo importante”.

Tuvieron que pasar varios cursos para darse cuenta de que ‘Caminos’ no era lo que de verdad le llenaba y animarse a emprender un nuevo rumbo. “No era para mí, así que decidí dejarlo para estudiar Ingeniería Agrónoma, volver al pueblo y dedicarme a lo que disfruto”.
Una vez estuvo en Huesca estudiando este nuevo grado, «de jueves a domingo venía siempre aquí a trabajar en el pueblo. A labrar, a sembrar, a las ovejas o lo que tocara. Y entonces ya le empecé a coger mucho gusto», contó sereno.
Asegura que «lo más importante de todo» para tomar la decisión de volver a su pueblo y dedicase por entero a la tierra es que no lo ve como un trabajo, “lo considero como un hobby, no me ha costado nunca trabajar, llego a casa cansado pero satisfecho. No hay nada de este sector que me ponga triste, soy feliz haciendo lo que hago”, relató con seguridad este emprendedor.
Tecnología y agricultura, un combo perfecto
«Me gustan todas las labores, el hecho de subirme al tractor y estar en el campo, eso es lo que más disfruto. Es como… la unión de los dos mundos: la innovación y lo de toda la vida, que es la tierra como tal, el suelo. Puedes ver cómo se fusionan y vas por ahí probando cosas o añadiendo tecnología nueva al campo. Eso me encanta», relató Borja Marañés.
Con la Agricultura 4.0 han llegado nuevos avances como la tecnología Isobus que según explica «te permite calcular rendimientos de cereales, comprobar la compactación del suelo, los grados de humedad, el porcentaje de materia orgánica… y todo eso está muy chulo. Eso es lo que me mola. Pero somos una explotación pequeña y es una inversión muy grande la que habría que hacer, así que vamos poco a poco».
Conforme más conocimiento iba asimilando Borja en su nueva formación universitaria, más crecía el amor por sus raíces. “Entender algo con profundidad hace que lo aprecies más”, explicó. «Yo no me daba cuenta de que al venir al campo estaba adquiriendo ya tantos conocimientos, y al estudiar la carrera pude darle un grado de tecnicismo a lo que había aprendido por experiencia. Por ejemplo, ahora le he cogido mucho gusto a las labores, más aún; porque ahora entiendo cómo funciona el ciclo de la materia orgánica en el suelo, cómo se aportan los nutrientes, qué es lo que provocas a nivel biológico en una planta al fertilizar o cuándo la estresas».
El amor a su padre y continuar un legado
Borja no sólo se entrega a su faena por vocación, también lo hace por amor a su familia. Su padre, agricultor de toda la vida, padece una cardiopatía que le impide seguir el mismo ritmo de antes. Borja explicó que pensaba: “pues si además de que me gusta y que me quiero quedar, le quito a mi padre horas de trabajo….». Actuó de corazón, pensando en hacer lo mejor, «era una cosa que también me hacía tirar por aquí”, recordó.

Este joven agricultor siente que está continuando lo que labraron sus antepasados. “Es una forma de honrar todo lo que han hecho por nosotros”, afirmó. Aunque sabe que el campo exige esfuerzo y dedicación, no lo cambiaría por nada.
«Pienso en la gente de más atrás que se ha pegado auténticas palizas para que estos campos sean cultivables, para hacer las tierras fértiles. Y, dices: ‘quiero seguir con esto porque me parece un trabajo honrado. Es un oficio muy bonito, porque en el fondo estás criando alimentos para el mundo‘. Parece que es muy gordo lo que estoy diciendo, pero es la pura realidad», comentó ilusionado.
“Cada vez hay que trabajar más en el campo para ganar lo mismo”
El joven también denuncia las dificultades estructurales que afectan al sector agrícola y ganadero. Algunos de los problemas más graves, aseguró, son el incremento de los costes y la presión impositiva que soportan en el colectivo. “Los impuestos se calculan sobre los ingresos brutos, sin tener en cuenta los elevados costes que deben asumir hoy los profesionales del campo. Además, de todo lo que ingrese es que más de la mitad se va a tener que ir en sembrar. O sea, es la pescadilla que se muerde la cola. ¿Cuánto se te queda para el año siguiente que tienes que seguir sembrando?», planteó.
“La explotación tiene que ser mucho mayor para que salgan los mismos números”. Un ejemplo lo ilustra bien: “Mi abuelo tenía 200 ovejas y de eso vivía una familia. Nosotros ahora tenemos 1.600 para conseguir unos rendimientos comparables”. Según sus cálculos, el número de animales se ha multiplicado por ocho y, aunque el aumento del volumen de trabajo no es proporcional, “al menos se ha multiplicado por cuatro”, observó.
A esto se suma la subida de los costes del combustible y de algunos materiales imprescindibles para muchas labores agrícolas. “Los precios del gasoil, del hierro, de los fertilizantes y la maquinaria suben, pero el kilo de carne o de cereal no lo hacen de manera proporcional”, lo que estrecha aún más los márgenes de beneficio. “Es verdad que se puede sacar rentabilidad, pero a base de echarle muchas horas. Ahora, por ejemplo, venimos por la mañana a eso de las ocho, si se puede antes vamos antes, con la fresca. Estaremos todo el día, hasta las nueve o las diez. En el campo viene todo un poco de golpe”, relató con total naturalidad.
Denuncia el “abandono digital” que sufren muchos agricultores
Borja también se fija en otros aspectos que afectan sobre todo a los más mayores dentro del sector. Se ha dado cuenta de que otro de los grandes retos para los ganaderos y los agricultores es el uso obligatorio de tecnologías impuestas por la Administración. Aplicaciones móviles, plataformas digitales o registros telemáticos son ahora necesarios para justificar la actividad ganadera y poder acceder a ayudas y subvenciones.
Lo cierto es que en un sector tan envejecido, termina siendo muy difícil extender el manejo generalizado de estas aplicaciones. “Muchos necesitan pedir ayuda a hijos, sobrinos o amigos para poder utilizarlas, y quienes no tienen a nadie se sienten completamente perdidos», denunció. Como parte de la solución a este problema, Borja cree que «la tecnología tendría que avanzar más rápido para que tanto las aplicaciones como la Administración fueran más eficientes».
Le resulta sencillo empatizar con esta situación, que no es tan diferente de la que sufren muchos mayores con el paso del tiempo. “Me recuerda a la soledad que sienten muchos abuelos en su vejez, pienso que muchos compañeros de profesión pueden sentir un ‘abandono tecnológico’ al enfrentarse a lo que les exige la Administración”.
Unas ayudas que dejan fuera a muchos
Para este joven agricultor comprometido, lo más preocupante es que el acceso a algunas subvenciones como la PAC (Política Agraria Común) depende de que se cumplan unas condiciones y que éstas se registren correctamente a través de una de las App que propone la Administración. «Si tienes un ligero fallo o no sabes utilizar la aplicación, sólo por eso dejan de pagarte parte de la PAC y tardan más en dártela. A una persona que necesita el dinero para sembrar el año siguiente no le puedes hacer eso».
Como contrapunto mencionó que, «ahora hay un montón de propuestas que son más ecológicas, a lo mejor, en las que al agricultor tampoco le sale rentable hacerle caso al cumplimiento de esos requisitos para recibir esa subvención». Borja alertó de la injusticia frente a aquellos agricultores que sí se esfuerzan para cumplir con lo exigido por el Gobierno para cobrar la PAC y que «con semejantes condiciones, que luego no te paguen la PAC cuando te tengan que pagar no es justo».
Borja lo tiene claro, desde una perspectiva que facilite los trámites a los agricultores y aportando soluciones coherentes se podrían evitar muchos problemas innecesarios. «Te están metiendo en unos ‘fregaos’ que no tienen sentido. El campo es muy sencillo: tú siembras una semilla y ella sola crece. La biología funciona así», aseveró.
El reto de producir ecológico sin arruinarse
La valoración que hace Borja Marañés sobre auge de la demanda de productos ecológicos es positiva, tanto en agricultura como en ganadería, y se encuentra al8neada con sus principios. Sin embargo, considera que no se está acompañando adecuadamente esta transición. “Yo soy el primero que no me quiero comer una carne contaminada, ni una carne ‘paliducha’ que no sepa nada, o que haya estado tratada con muchos medicamentos. Pero por eso mismo en mi ganadería no hacemos eso. Yo cuando un cordero está enfermo, no me paso de dosis a la hora de pincharle una medicina, y la gente no se va a comer ningún fármaco”, aseguró.
Desde su punto de vista, la situación es clara: «todo el mundo queremos comer un producto en el que el animal no sufra, esté limpio de patógenos y enfermedades y que no tenga medicamentos; y en el tema del cereal que no esté sometido a demasiados productos fitosanitarios que te puedan contaminar», pero para cumplir con todas las exigencias que requiere la certificación ecológica y el bienestar animal, hacen falta muchos recursos. “Si tienes 1.000 ovejas y se te enferman 500, ¿qué haces? ¿no las medicas y pierdes la mitad del rebaño?». Desde el sector lo que se reclama son «soluciones realistas”, reivindicó.
Según su buen criterio, el problema no es el objetivo, sino la velocidad. “Nos están pidiendo que hagamos en poco tiempo un cambio que necesita años. Hace falta una transición más gradual, con apoyos económicos y formación técnica”.
Salud mental en juego: “Muchos acaban dejando el campo porque no pueden más”
Borja cuenta que «en principio se quedan por amor a la tierra», pero «cada vez más gente se está replanteando si realmente es rentable esto». Con todos estos factores ejerciendo presión, para algunos, dedicarse a lo que han hecho durante toda su vida se está convirtiendo en una penitencia. “Puedo entender perfectamente que haya quien lo pase mal y llegue a deprimirse. La realidad es que la presión fiscal y la subida de costes lleva a alguno a la necesidad de renunciar. Y eso los que pueden hacerlo, porque hay quienes tienen que continuar por contar con otra opción”, expuso.





