Donald Trump ha cumplido su promesa —o amenaza— de campaña al imponer nuevos aranceles: un 20% general a productos de la Unión Europea, un 25% a sectores como la automoción y medidas aún más duras contra competidores como China. Para España, un país con 3,39 millones de autónomos y un tejido empresarial dominado por pymes, estas medidas no solo afectan a quienes exportan a EE.UU, sino que tienen un alcance mucho más amplio.
Una tormenta en el comercio internacional
«Los aranceles son un impuesto a las importaciones que incrementa el coste de los bienes consumidos en Estados Unidos, deprime el comercio internacional y perjudica al consumidor estadounidense con productos más caros«, explica el economista y analista financiero Ignacio Moncada. Pero el daño no se queda ahí. Si otros países, como la UE, responden con aranceles propios, «el consumidor europeo también se verá perjudicado al no poderse importar productos estadounidenses o al tener que pagarlos más caros», añade Moncada. España, con exportaciones a EE.UU. por 21,000 millones de euros en 2024 (5% del total), podría perder entre 2,600 y 4,300 millones, según la Cámara de Comercio.
Aunque las exportaciones directas a EE.UU. son las que son, los efectos indirectos preocupan mucho más. «Empresas españolas que suministran componentes a fabricantes alemanes de coches se verán afectadas si las ventas de estos caen en EE.UU.», señala Moncada a modo de ejemplo. Incluso un autónomo que presta servicios online a empresas extranjeras vinculadas a EE.UU. podría notar «la depresión de la economía mundial».
Autónomos en la mira: del aceite de oliva a los servicios
De los 3,39 millones de autónomos en España, 88.626 estaban vinculados al comercio internacional en 2024, según se desprende del último Informe Mensual de Comercio Exterior (número de trabajadores por cuenta propia y empresas que vendieron en los mercados internacionales por importe inferior a 50.000 euros). Más allá de los efectos directos sobre sus actividades, todos sentirán el impacto de forma indirecta. «La mayoría son pequeños comercios, talleres, hostelería… Recibirán el golpe de forma indirecta, porque el comercio se resiente y la gente gasta menos», asegura Claudio Aros, economista y profesor de OBS Business School. Sin embargo, hay excepciones. «En agricultura, como el aceite de oliva, el vino o las frutas, muchos autónomos exportan a través de cooperativas y se verán directamente afectados», añade.
Miguel Ángel Martín Martín, presidente fundador de la Asociación española de profesionales de comercio exterior (ACOCEX), matiza: «Los autónomos generalmente actúan importando más que exportando, porque es más sencillo ser intermediarios o revendedores». Los aranceles de Trump encarecerán los productos importados desde EE.UU., afectando especialmente a bienes «elásticos al precio», como los de consumo o alimentación no básica. «Esto se podrá compensar a costa de los márgenes del exportador, el intermediario y el detallista», advierte Martín.
Efectos en cadena: inflación y recesión
«Subir aranceles nunca ha mejorado la economía, salvo en casos muy concretos de posguerra», asegura Aros, recordando cómo políticas proteccionistas generaron industrias «poco competitivas, con productos caros y de menor calidad». Moncada coincide: «Intentar recuperar industrias de menor valor añadido en EE.UU. podría desplazar trabajadores de sectores más productivos, como la tecnología».
Para España, el riesgo es una inflación generalizada y un enfriamiento del mercado. «Cuando el comercio se enfría, la gente gasta menos, y en momentos de crisis, el consumo se paraliza», advierte Aros. Y añade: «Los trabajadores por cuenta propia y los pequeños empresarios tienden a no repercutir los incrementos; absorben inflaciones porque se resisten a subir precios por miedo a perder competitividad«.

¿Ayudas del Gobierno? Una solución a medias
El Gobierno español ha anunciado un plan de 14.100 millones de euros para apoyar a las empresas afectadas, pero los expertos son escépticos. «Se cubre a algunos, pero se repercute el coste al resto de los españoles a través de impuestos. No es una solución real», critica Moncada. Aros, por su parte, valora las intenciones, pero señala obstáculos: «Las ayudas, son buenas, pero la burocracia las hace difíciles. No es una solución completa».
¿Qué pueden hacer autónomos y PYMES ante una guerra comercial?
A pesar del panorama, hay salidas. «Las empresas tienden a reestructurarse y buscar nuevos mercados, aunque esto no evita una destrucción de riqueza», dice Moncada. Martín sugiere que los autónomos importadores podrían ajustar márgenes o buscar proveedores alternativos, mientras que Aros apuesta por el mercado interno: «Digitalización y productos con valor añadido son recetas clásicas, pero complicadas para autónomos con poca estructura». Solo el 25% tiene empleados, y la mayoría son familiares, lo que limita su capacidad de innovar.
«Es imposible prever la evolución de esta guerra comercial», concluye Moncada, aunque también reconoce que «si los índices bursátiles estuvieran descontando la aplicación de estos aranceles y una escalada global, las pérdidas en las bolsas habrían sido de una magnitud todavía mayor: del 20% en lugar del 4%».
Mientras Trump justifica los aranceles como una defensa del trabajador estadounidense, los expertos ven contradicciones: «Si su intención es reducir aranceles a largo plazo, sería bienvenido, pero parece más una herramienta para el déficit comercial, que no se resuelve así». Para autónomos y emprendedores españoles, el reto es sobrevivir al impacto directo e indirecto, adaptándose a un mundo donde, como dice Aros, «todo está tan internacionalizado que los costes acabarán subiendo por algún lado».





