- Los pequeños negocios y autónomos que cierran por la subida del SMI «no son los peores»
- Los economistas advierten del riesgo de tomar decisiones políticas sin evaluar su impacto en la economía real
La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) presentó el pasado martes 14 de mayo un informe que confirma empíricamente las denuncias que llevan tiempo realizando diferentes analistas y representantes de pymes y autónomos: las empresas más pequeñas, especialmente las de hasta cinco trabajadores, fueron las más afectadas por la histórica subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) aprobada en 2019. El Gobierno se negó a implementar medidas que mitigaran este impacto.
Ese año, el salario mínimo se incrementó un 22,3%, pasando de 736 a 900 euros mensuales. El estudio, firmado por Jorge Casanova, David Catalán, Florentino Felgueroso y Marcel Jansen, analiza por primera vez las consecuencias de esta medida en función del tamaño de las empresas y de los autónomos con personal contratado.
“Más de la mitad de las micropymes con hasta cinco empleados tenían a toda su plantilla por debajo del nuevo mínimo, lo que supone una carga significativa para negocios con márgenes muy ajustados”, explicó Jansen en declaraciones a este medio. En esas empresas, el salario medio creció un 11,4% durante 2019, pero el crecimiento del empleo cayó en 4,5 puntos porcentuales cuando la economía crecía a un ritmo del 3%. “Eso significa que el aumento del SMI prácticamente eliminó el crecimiento de las pequeñas empresas”, señaló el economista, que también es profesor en la Universidad Autónoma de Madrid e investigador de Fedea.
Los pequeños negocios y autónomos que cierran por la subida del SMI «no son los peores»
El estudio desmonta el argumento –en ocasiones utilizado desde sectores gubernamentales– de que sólo las “malas empresas” sufren cuando sube el SMI. “Nuestro análisis confirma con datos lo que se percibía como una especie de leyenda urbana: las micropymes son las más vulnerables”, afirmó Jansen. Y no se trata sólo de destrucción de empleo: los trabajadores despedidos no acaban encontrando trabajos mejores pues “no pasan a sectores más productivos; muchos terminan en el paro durante el año siguiente”.
En empresas más grandes, con más de 50 trabajadores, el impacto fue diferente y los investigadores certificaron que éstas ajustaron márgenes, modificaron la composición de sus plantillas o los tipos de contrato. Así, aunque desde entonces las cifras de crecimiento del empleo a nivel global han enmascarado estos cambios, internamente el mercado laboral ha sufrido una precarización con más contratos a tiempo parcial, especialmente dentro de las grandes empresas.
En contraposición, “las pequeñas no tienen ese margen de maniobra. En muchos casos, son comercios de barrio o autónomos con empleados, que se ven obligados a reducir plantilla o incluso cerrar”, lamentó Jansen. No porque sean malas empresas sino por una imposición brusca de los poderes públicos, que se centran en los salarios sin impulsar otras medidas que permitan crecer a las empresas más pequeñas.
Para Marcel Jansen, la subida del SMI no es el único frente abierto para los pequeños empresarios ya que “las políticas laborales del Gobierno, como la cotización por ingresos reales para autónomos o la propuesta de reducir la jornada laboral, impactan más en las pymes, que están sobrerepresentadas en los sectores más afectados”, aseguró.
En el caso de los autónomos con personal a su cargo, la situación es especialmente paradójica pues “las subidas del SMI pueden incluso reducir su renta personal para costear el aumento salarial de sus empleados mientras que ellos mismos no están cubiertos por esa protección”, según este experto en economía laboral.

Los economistas advierten del riesgo de tomar decisiones políticas sin evaluar su impacto en la economía real
Uno de los aspectos más criticados por el economista que también fue resaltado durante la presentación del estudio, es la falta de evaluación rigurosa antes de aplicar estos cambios. “Actualmente, la comisión de expertos del Gobierno se limita a calcular el 60% del salario medio como objetivo del SMI, pero no analiza su incidencia real por sectores, colectivos o tamaño de empresa. Eso es un problema. Tomar decisiones sin datos es gobernar a ciegas”, advirtió.
Por eso, desde Fedea proponen un cambio de enfoque: recopilar y cruzar datos procedentes de distintas fuentes públicas para evaluar los efectos de cada subida, y pactar sendas a medio plazo. “El aumento de 2019 fue una sorpresa para muchas empresas, rompió acuerdos previos y generó incertidumbre. No se pueden tomar decisiones así, sin análisis previo”, insistió Jansen, quien también espera poder continuar analizando el impacto de las siguientes subidas del SMI “cuando haya datos disponibles”.
El economista también cuestiona la idea de fijar por ley que el SMI debe alcanzar el 60% del salario medio, una propuesta que ha cobrado fuerza en los últimos años. “Una regla así elimina flexibilidad. En una crisis como la de 2008, el salario medio sube porque se destruye empleo poco cualificado, y eso podría llevar a subidas automáticas del SMI que serían contraproducentes”, explicó. Además, subrayó que el SMI no es una herramienta eficaz para combatir la desigualdad pues “el coste recae en las empresas, no en el Estado. Eso distorsiona el mercado laboral y penaliza a quienes tienen menos capacidad de adaptación: las pymes”.
“Queremos destacar que las subidas del SMI tienen efectos negativos significativos, especialmente en las micropymes, donde se concentran las caídas de empleo”, resumió Jansen. “España tiene una tasa de paro muy alta y un tejido empresarial compuesto en gran parte por pequeñas empresas. Diseñar políticas sin tener en cuenta esta realidad puede tener consecuencias graves”.
Por todo ello, desde Fedea insistieron en pedir al Ejecutivo que facilite a los investigadores universitarios el acceso a los datos, evaluar el impacto de cada medida y fomentar un debate público basado en la evidencia, no en la ideología. Porque, como concluyó el propio Jansen, “la buena voluntad no basta; hay que mirar las consecuencias reales y no las intenciones”.





