El turismo es uno de los pilares fundamentales de la economía española. Es una de las principales fuentes de ingresos para todo tipo de empresas y autónomos cada año, imprescindible para su supervivencia. Es un sector que genera riqueza, empleo y que actúa como un potente dinamizador del tejido productivo, especialmente para los autónomos y los pequeños negocios. Y que funciona según una especie de círculo virtuoso favoreciendo a miles de actividades diferentes.
Según el reciente informe “Impacto de la actividad turística en el conjunto de la economía española” de Cámara de España, el turismo genera un efecto multiplicador que se extiende a toda la economía. En 2023, esta industria fue la responsable de más del 15% de la producción nacional, aportando 430.987 millones de euros, y sostuvo 2,9 millones de empleos, lo que equivale también al 15% del total nacional.
- El efecto multiplicador del turismo en la economía real
- El turismo está creando nuevas oportunidades para emprender
- Todavía hay margen para innovar y captar nuevos mercados turísticos
- El turismo y el pequeño comercio se necesitan mutuamente
El efecto multiplicador del turismo en la economía real
Este peso se entiende mejor si se observa su triple impacto: directo, indirecto e inducido. De forma directa, millones de viajeros llenan hoteles, restaurantes y aviones. Indirectamente, toda esa actividad arrastra a proveedores de alimentos, transporte, servicios legales, comercio minorista o incluso industrias culturales.
Por último, el efecto inducido se manifiesta cuando el salario de quienes trabajan en turismo se convierte, de nuevo, en consumo: una rueda que alimenta desde la panadería del barrio hasta la tienda de zapatos local.
Daniel Fernández, profesor de la Universidad de las Hespérides, subrayó cómo se traduce este principio económico en la vida cotidiana: “El turismo genera ingresos que, a veces, la gente no percibe. Muchos creen que no tienen relación con él porque no trabajan en hostelería; pero todo está conectado. Hay barrios donde los comercios de proximidad sólo sobreviven porque hay turistas gastando”.
El informe de la Cámara corrobora esta visión: sectores como el comercio minorista y los servicios culturales, donde los pequeños negocios tienen un peso significativo, se benefician directamente del gasto turístico. En 2021, el 23% de la producción de las industrias turísticas (74.387 millones de euros) estuvo vinculada al turismo, mientras que el 77% restante (248.469 millones) correspondió a otras actividades económicas, muchas de ellas gestionadas por autónomos.
El turismo está creando nuevas oportunidades para emprender
De hecho, para los pequeños negocios, el turismo no es una cuestión anecdótica: es, en muchos casos, una cuestión de supervivencia. Tanto comercios tradicionales como nuevas propuestas, viven del flujo constante de visitantes que buscan algo único, auténtico y diferente.
Eduardo Irastorza, profesor en OBS Business School, explicó esta tendencia: “El turista actual no se conforma con lo exigido o lo esperado. Busca lo excelente y lo exclusivo. Y ahí los pequeños negocios tienen su gran oportunidad: ofrecer algo que no puedan encontrar en una gran superficie ni pedir por internet”.
El pequeño comercio no puede competir en precio, pero sí en calidad y en atención personal a través de un servicio único que el turista sólo podrá disfrutar en su viaje mientras que en su lugar de residencia podrá visitar grandes almacenes muy similares a los de aquí o hacer las mismas compras a través de una plataforma online.
Irastorza se refirió al conjunto de negocios que ofrecen “valor añadido” al turista, más allá del alojamiento y su manutención. Es, precisamente, ese valor añadido el que permite que ciudades como Madrid ofrezcan experiencias a los visitantes que, evidentemente, nada tienen que ver con el tradicional “sol y playa”.
Y es ahí donde entran en juego miles de autónomos y pequeños negocios que aportan valor y autenticidad. Desde artesanos del cuero en Ubrique, que ofrecen talleres para turistas; hasta enólogos que organizan catas privadas en bodegas familiares; guías especializados que muestran el Madrid sefardí o la historia negra de Barcelona; balnearios boutique que convierten un baño árabe en Córdoba en una experiencia sensorial con hierbas locales y guitarra flamenca; o cafeterías de autor que convierten cada sorbo en un ritual único.

Todavía hay margen para innovar y captar nuevos mercados turísticos
La recuperación del turismo tras la pandemia ha demostrado la resiliencia de este sector y su capacidad para reconstruir empleo y tejido económico. Pero también ha puesto de manifiesto su fragilidad ante la dependencia excesiva de un único tipo de visitante o temporada.
“España se ha convertido, además, en un destino para estancias largas y jubilaciones, gracias a su clima y servicios. El turismo se está desestacionalizando y diversificando, lo que abre ventanas a negocios que sepan adaptarse a la demanda de experiencias personalizadas durante todo el año”, añadió Irastorza.
Eduardo Irastorza advirtió también sobre la vulnerabilidad de España ante la competencia de destinos emergentes o reactivados como Marruecos, Túnez, Egipto o Turquía. “España vive una circunstancia especial porque todo el Mediterráneo está en tensión por sus conflictos, pero en cuanto se estabilicen, volverán a captar visitantes europeos que hoy prefieren España por seguridad y servicios”, explicó.
Frente a ese riesgo, surgen oportunidades en mercados como China e India, donde las clases medias crecen de forma imparable, ofrecen un potencial inmenso. El turista asiático es exigente, planifica estancias largas y valora la exclusividad. Y, precisamente, estos son los puntos fuertes de los servicios que ofrecen los negocios de los autónomos.
Pero para captar a esos viajeros hace falta estrategia, digitalización y colaboración. El pequeño comercio debe adaptarse a los nuevos canales de reserva, marketing y Gestión de Relación el Cliente (CRM), además de cuidar la atención postventa para fidelizar al cliente internacional. “No basta con ser eficaz trayendo turistas; hay que ser eficiente generando experiencias memorables”, recalcó Irastorza.
En paralelo, Fernández se mostró preocupado por el auge de la “turismofobia” y el riesgo de “matar la gallina de los huevos de oro” con políticas restrictivas mal enfocadas, especialmente en destinos como Canarias o Baleares, donde la vivienda turística se ha convertido en el blanco de las críticas.
Para el profesor de la Universidad de las Hespérides, la clave está en gestionar mejor la oferta, sin demonizar un motor que sostiene miles de empleos indirectos y permite que familias enteras mantengan su poder adquisitivo.
El turismo y el pequeño comercio se necesitan mutuamente
En definitiva, el turismo sigue siendo una de las palancas esenciales para la economía española, pero especialmente para el pequeño comercio y los autónomos que reinventan la experiencia de viajar. El desafío para los expertos es claro: aprovechar el tirón turístico para crear un valor añadido que no pueda deslocalizarse, ni imitarse en una página web con descuentos.
España, que va camino de recibir a 100 millones de turistas este 2025, mantiene una posición privilegiada. Pero conservar su liderazgo dependerá, cada vez más, de la capacidad de innovar, de personalizar y de cuidar esa red de pequeños negocios que convierten cada visita en una historia que contar. Y en un ingreso que, multiplicado, alimenta buena parte de la economía del país.





