Los autónomos españoles soportan una mayor presión fiscal que la mayoría de sus homólogos europeos. Así lo refleja el último informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo de los Estados) “Estadísticas de ingresos 1965-2023”. Según aparece reflejado, nuestro país no sólo es uno de los que ejercen una mayor carga impositiva a sus contribuyentes -calculado según el porcentaje de impuestos con respecto de la renta- sino que, además, en los últimos años ha aumentado considerablemente.
De hecho, un contribuyente medio español -especialmente un trabajador por cuenta propia, que tiene que hacer frente a impuestos y tasas también por su actividad, no solamente como ciudadano- destinaría casi la mitad de sus ingresos a pagar impuestos. La carga media de tributación en España, respecto del PIB, fue del 37,3% en 2023.
Así, nuestro país, de entre todos los desarrollados, es uno de los que más ha visto crecer la presión fiscal en los últimos trece años. Actualmente, según la OCDE, España es el quinto país en el que más impuestos se pagan de media, comparado con el resto de países de la unión, esto suponme una enorme presión fiscal para los autónomos y el resto de contribuyentes.
Según declaraciones en exclusiva para este diario del presidente de la Comisión general de Economistas (CGE), Valentín Pich “objetivamente se ha producido un incremento considerable de la presión fiscal en España en los últimos años». Y además, por encima del resto de los Estados.
Tanto es así que, como efeméride, alrededor de junio o julio (depende de cada año), se celebra un día llamado “día de la liberación fiscal”. Es calculado por la Fundación Civismo y su intención es representar de forma gráfica la fecha a partir de la cual toda la renta queda disponible para consumir y ahorrar, o, dicho de otra manera, en el que los beneficios comienzan a llegar al bolsillo de quien los genera. Esta fecha en 2023 fue el 30 de julio. Lo que quiere decir que un autónomo común en España está trabajando para Seguridad Social y Hacienda hasta más allá de mitad de año.
Los autónomos españoles soportan casi un 40% de presión fiscal, incluso más según la comunidad autónoma
En España, según la OCDE, se paga un porcentaje del 37,3%, respecto de los ingresos, en algunos de los principales tributos como IRPF, IVA o Sociedades. Pero además, asegura el estudio, la descentralización fiscal en nuestro país tiene como resultado que se paguen tasas de impuestos muy elevadas en algunas localidades como, por ejemplo, en el impuesto de plusvalía, el IBI, o el impuesto de transmisión de bienes.
El impuesto de plusvalía es el que se paga al vender una vivienda, y supone la diferencia entre lo que se pagó por esa vivienda y lo que –se supone- vale al venderla; el IBI, que es el impuesto de bienes inmuebles, lo que se abona cada año por tener simplemente una propiedad –por ejemplo, un autónomo que se haya comprado un local pagaría el IBI por su local y también por su vivienda-; y el Impuesto de Sucesiones, que es lo que se abona cuando se hereda una propiedad, por ejemplo. En este último caso, la descentralización hace que en comunidades como Madrid no se pague prácticamente nada, al estar bonificado casi al 100%, y en otras como Asturias llegue en algunos casos a superar el 30%. Lo que supondría que un autónomo que esté pasando por una crisis económica perdiese el derecho a heredar por no poder pagar este tributo.
Hay que tener en cuenta que los autónomos hacen frente a dos cargas: la del ciudadano y la de quien tiene actividades económicas a su cargo. Existen además, varios impuestos municipales que también elevan la presión fiscal para el colectivo.
Presión fiscal en España en comparación del resto de países
En cuanto al resto de países de la Unión Europea, el informe de la OCDE, no nos permite conocer los pormenores de sus políticas fiscales. “Éste, en concreto, da los datos de recaudación sobre PIB, la comparación entre tipos impositivos. No permite ver las tripas de cada país, como la existencia de regímenes especiales para colectivos concretos” aclaró el presidente de la CGE.
Sin embargo, sí podemos ver los datos que hablan del porcentaje de carga tributaria respecto al Producto Interior Bruto (PIB) de cada uno de los países. En este sentido, el organismo multilateral sitúa a nuestro país como el quinto en presión fiscal, comparándolo con los 38 que lo conforman, en concreto 37,3% del PIB, frente al 33,9% de media del conjunto de países que forman parte de la OCDE.
Y si atendemos a las cifras concretas, Francia aparece como uno de los países que más cargas fiscales tiene, por segundo año consecutivo, cerrando el año fiscal de 2023 en un 43,8% con respecto al PIB. Le siguen Dinamarca e Italia, con un 43,4% y un 42,8% respectivamente. A continuación estaría Austria, con una carga del 42,8%, seguida por Bélgica, con un 42,6 % y Finlandia (42,4 %).
Si no sólo tomamos en cuenta, no sólo a los países miembros, Estados Unidos encabeza la lista como el país con menores gravámenes (25,2% del PIB), le siguen Costa Rica (24,9%), Turquía (23,5%), Colombia (22,2%), Irlanda (21,9%), Chile (20,6%) y México (17,7%).
Evolución a lo largo de los años
El informe de la OCDE, publicado este jueves, analiza las estadísticas de ingresos fiscales en los últimos 60 años, aproximadamente, revelando importantes tendencias en los últimos trece años. En general, la presión fiscal ha aumentado en 29 países miembros durante este periodo, destacándose particularmente los casos de España, Portugal y Luxemburgo, donde se registraron incrementos cercanos a los cinco puntos porcentuales. Estos aumentos colocan a estos países en el foco del análisis, reflejando un cambio significativo en sus sistemas tributarios.
En contraste, el mayor descenso en la presión fiscal lo protagonizó Irlanda, que en 2010 tenía un nivel del 27,7% en tasas sobre el PIB, cayendo hasta un 21,0% en 2022. Este marcado retroceso posiciona al país como una excepción entre las economías de la OCDE, probablemente vinculado a sus políticas fiscales orientadas a atraer inversión extranjera y a una estructura impositiva menos gravosa. Estos datos no solo ponen de manifiesto los porcentajes por región, sino también que se han adoptado estrategias divergentes para gestionar los ingresos y equilibrar la economía.



