La Agencia Tributaria cerrará 2025 con un nuevo récord histórico de recaudación, que llegará hasta los 325.000 millones de euros. En la práctica, esto significa que la factura fiscal media ha pasado de unos 3.900 euros por español en 2015 a más de 6.500 euros en 2025.
Sin embargo, según los economistas consultados, este incremento “no tiene precedente desde los años 90”, y no se debe tanto al aumento de la actividad económica como a la “subida encubierta de los impuestos” por no ajustarlos a la inflación. Es decir, por no deflactar los tipos de IRPF.
Una situación que distorsiona la economía real, dificultando que autónomos y pymes “asuman más riesgos e inviertan más”.
- La presión fiscal no aumentaba tanto desde los años 90
- La inflación, más que el crecimiento del PIB, explica la subida de la recaudación tributaria
La presión fiscal a las pymes no aumentaba tanto desde los años 90
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, adelantó recientemente que 2025 será un año histórico en términos fiscales. El Estado ingresará por impuestos más de 325.000 millones de euros, una cifra que no solo supera las expectativas sino que gana magnitud si se compara con los 182.009 millones de euros que se recaudaron en 2015.
En solo 10 años, la recaudación ha aumentado en más de 140.000 millones de euros. Esto significa que el bolsillo de cada ciudadanos la factura fiscal pasará de unos 3.900 euros por habitante de media a superar los 6.500 euros. Lo que equivaldría a un incremento del 67% en una década.
Diego Martínez, investigador del think tank Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), detalló a este medio que «incluso descontando la inflación sobre estos datos, aparece un incremento de la recaudación muy importante” pues en términos reales, “la presión fiscal habría aumentado todavía entre un 30% y un 40% en la última década”.
Sin comparar con la Transición, cuando se configuró el sistema tributario moderno, Martínez consideró que el aumento de la presión fiscal vivido en la última década es el más intenso desde los años 90.
Este Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla recordó que, desde entonces, ha habido fases de crecimiento en las que la recaudación aumentaba de forma mucho más gradual, e incluso periodos de alivio fiscal.
“La diferencia ahora es la rapidez y la acumulación del incremento”, advirtió. A su juicio, el margen para seguir elevando la presión fiscal al ritmo actual es muy limitado.
Según los economistas, la subida de la recaudación fiscal se debe sobre todo a la inflación
El informe publicado por la Agencia Tributaria la última semana de noviembre ha confirmado que entre enero y octubre de 2025, los ingresos tributarios crecieron un 9,3% interanual y un 10,8% en términos homogéneos.
Sin embargo, el propio organismo reconoce que una parte relevante de ese aumento no se explica por el crecimiento de la actividad, sino por cambios normativos y de gestión, que han aportado 6.575 millones de euros adicionales. Sin esos ajustes, la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) admite en el documento que la recaudación habría crecido a un menor ritmo.

El experto de Fedea coincidió asegurando que el aumento de la recaudación “no puede atribuirse únicamente a que la economía vaya mejor”.
Para Martínez, las causas hay que buscarlas en “una combinación de factores” y no solo en la expansión económica. Los precios más altos que generan automáticamente más IRPF, más IVA y más impuestos especiales, estarían entre estas causas.
En este sentido, hizo referencia a las estimaciones del Banco de España que ha calculado que entre un 35% y un 40% del aumento de la recaudación de los últimos años se debe directamente a la inflación.
En su último informe, Hacienda detalló que “las bases imponibles crecen», pero también aumentan los tipos efectivos, tanto en IRPF como en IVA, “impulsados por el encarecimiento generalizado de precios y la recuperación de tipos reducidos en energía y alimentación”.
Para el economista, la clave del fenómeno está en el funcionamiento del propio sistema tributario ya que “seguir recaudando con el IVA, que lleva incorporado el incremento de precios que ocurre en la economía, es una forma encubierta de recaudar”.
Como ya han advertido los economistas en este medio, a ello se suma que no se hayan deflactado los tramos del IRPF, que provoca que “muchos autónomos acaben pagando más impuestos aunque su poder adquisitivo apenas mejore”.
No adaptar los tramos de la renta al aumento de los precios “genera una subida encubierta en un impuesto muy equitativo, pero muy distorsionante”, advirtió Martínez.
Según el análisis de este experto, a medio y largo plazo, esto tiene consecuencias sobre el crecimiento porque “si a los autónomos les suben los impuestos más de la cuenta, va a tener menos incentivos para trabajar, asumir riesgos, ahorrar y, por consiguiente, invertir”. Todo ello le llevó a reflexionar que, aun en un contexto de aumento del PIB, “podríamos estar creciendo más”.
Las subidas de la cotizaciones sociales también han contribuido al aumento de los ingresos públicos, aunque en este caso el investigador de Fedea recomendó tener prudencia al examinarlas como causa principal por que si bien “han aportado, no han sido el factor central”.
En este punto Martínez quiso recalcar que es importante que las cotizaciones se incrementen “dentro de unos límites” debido al “déficit estructural del sistema de pensiones”.
Con todo, incluso descontando la inflación, los autónomos y las pymes soportan hoy una presión fiscal real hasta un 40% mayor que hace 10 años, un aumento intenso y acumulado que ayuda a explicar la creciente sensación de asfixia fiscal entre quienes generan actividad y empleo.





