- La paradoja de España: crece el emprendimiento, pero baja la intención de emprender
- Las trabas clásicas frenan a los nuevos aspirantes
- Más mujeres emprenden, aunque con más obstáculos
España presenta en 2024 una de las fotografías más singulares del emprendimiento de los últimos años. Según el Informe GEM España 2024-2025, la tasa de actividad emprendedora (TEA) ha crecido por cuarto año consecutivo. En 2024 se situó en el 7,2% de la población adulta, frente al 6,8 % registrado en el año anterior. El dato muestra que nunca hubo tantas personas implicadas en la creación de un negocio en el país.
Ese aumento se percibe también en los registros de la Seguridad Social. El número de afiliados al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) supera los 3,4 millones y suma más de 35.000 nuevos en un año. Del total, 491.563 autónomos tienen asalariados, frente a 2.938.750 que trabajan sin empleados. La fotografía estadística confirma que cada vez son más quienes se ponen por cuenta propia.
En paralelo, la intención de emprender no acompaña esa tendencia. El porcentaje de adultos que se plantean crear una empresa en los próximos tres años se encuentra estancado. En 2024 la intención se mantuvo en el 11,2 %, exactamente el mismo nivel que el año anterior. La paradoja está servida: hay más emprendedores activos, pero menos candidatos dispuestos a dar el paso.
Este contraste también estuvo presente en la reciente celebración del Al Andalus Innovation Venture, donde se presentó el informe. Allí se habló de la evolución del ecosistema emprendedor con especial atención a los datos regionales. Al igual que en el resto de España, el crecimiento sostenido de la actividad y el freno en la intención se convierten en los ejes de la radiografía andaluza.
La paradoja de España: crece el emprendimiento, pero baja la intención de emprender
La TEA (por sus siglas en inglés: Total Early-stage Entrepreneurial Activity) mide a quienes ya están emprendiendo, con proyectos en sus primeros tres años y medio de vida. La intención mide a quienes planean hacerlo a corto plazo. El desfase entre ambas curvas explica por qué una puede crecer, mientras la otra se congela.
El crecimiento de la actividad se debe en parte a un efecto arrastre. Los proyectos nacidos en los últimos años siguen vivos y cuentan como emprendedores activos. Como aclaró Javier González Navarro, director general de Fomento del Emprendimiento y Formación Continua de la Junta de Andalucía, “se cierran o abandonan menos negocios, y eso ayuda a que se consolide un mayor número de emprendedores”.
En esta dinámica entran en juego también los cambios en la calidad de lo emprendido. Cada vez son más los negocios que superan la fase estrictamente unipersonal. Muchos autónomos empiezan a contratar empleados, diversificar servicios o ampliar su mercado.
Esto no quiere decir que la inmensa mayoría de las pymes españolas hayan dejado de ser micro. Pero sí que una parte de los proyectos logra consolidarse en el tiempo y ganar tamaño. La TEA crece porque no solo aumenta la cantidad, sino también la duración de las iniciativas.
El informe también recoge que la tasa de empresas consolidadas alcanza el 6,2 %, un nivel similar al que se registraba hace una década. Este dato refleja que más negocios logran superar la franja crítica de los primeros años. Y confirma que la consolidación también explica el crecimiento de la actividad emprendedora.
Las trabas clásicas frenan a los nuevos aspirantes
Si se observa la intención, el panorama es distinto. El miedo al fracaso y la percepción de riesgo siguen presentes en la sociedad española. Como explicó González Navarro, “las personas que tienen la intención de crear una empresa han caído respecto al año anterior”.

El informe destaca los obstáculos habituales para quienes piensan en emprender. La burocracia sigue siendo lenta y compleja en comparación con otros países europeos. El acceso a financiación continúa siendo uno de los grandes problemas, sobre todo para quienes no tienen avales.
A estos factores se suma la falta de red de seguridad del autónomo. Las cotizaciones, la presión fiscal y la dificultad de compatibilizar el emprendimiento con la vida personal son argumentos disuasorios. Todo ello se traduce en que menos ciudadanos declaren querer crear una empresa.
La diferencia entre lo que ocurre y lo que se espera a futuro es clara. España suma más emprendedores en activo porque se mantienen los proyectos de los últimos años. Pero faltan nuevos aspirantes dispuestos a dar el salto.
Más mujeres emprenden, aunque con más obstáculos
De no revertirse, la consecuencia llegará con cierto desfase. Si la intención no se recupera, la TEA podría estancarse en los próximos años. El flujo de nuevos negocios sería insuficiente para reemplazar a los que salgan de la estadística.
El Informe GEM analiza también la evolución del emprendimiento femenino. En España aumenta la presencia de mujeres en la actividad emprendedora, lo que reduce la brecha con los hombres. La TEA femenina alcanza el 6,3%, frente al 8,1% masculina, lo que sitúa la ratio mujer/hombre en 0,78, una de las más altas de los últimos años. Se trata de un dato positivo, dado que las dificultades de acceso a recursos siguen siendo más altas para las mujeres.
Las mujeres, sin embargo, tienden a crear proyectos de menor tamaño. Sus expectativas de contratar personal o crecer a gran escala son más bajas. La falta de referentes y las limitaciones culturales aún pesan en sus decisiones.
En comparación con los hombres, los negocios femeninos tienen más dificultades para acceder a financiación. Esto explica en parte la menor ambición de crecimiento. Aun así, el aumento de su participación es uno de los puntos más destacados del informe.
El emprendimiento femenino gana terreno en el país, aunque sin eliminar del todo las barreras. González Navarro apuntó que, tras la pandemia, “la situación de los trabajadores ha mejorado y parece que hay una cierta normalización del mundo del emprendimiento”. Y esa tendencia contribuye a sostener el aumento general de la TEA.





