Cada año, los comercios en España sufren un problema que les ocasiona grandes pérdidas: el hurto. Según el último Barómetro del Hurto en la Distribución Comercial, presentado durante el 27º Congreso Aecoc de la Pérdida Desconocida, el sector minorista pierde unos 1.856 millones de euros anuales a causa de estos robos. Este impacto económico representa el 0,74% de la facturación total de los negocios de distribución en el país. Cifra que revela la magnitud de este problema y la urgencia de implementar medidas más efectivas para mitigarlo.
La investigación, llevada a cabo por NIQ y Checkpoint Systems, ofrece un análisis detallado de las causas, patrones y estrategias de prevención ante esta pérdida desconocida. Así, los análisis del barómetro dividen la pérdida desconocida en cuatro grandes categorías. Los hurtos externos representan un 57% del total, constituyéndose como el principal reto para el sector minorista. Por otro lado, los errores administrativos, una fuente menos visible de pérdida, suman un 23%, mientras que los hurtos internos –aquellos cometidos por empleados– alcanzan el 15%. El 4% restante corresponde al fraude de proveedores.
La mitad de los comercios ha notado un aumento en la agresividad de los delincuentes
La mayor incidencia de hurtos externos, especialmente por bandas organizadas, pone en jaque a los comerciantes, que ven cómo estos delitos se profesionalizan cada vez más. En concreto, el 55% de los hurtos externos son perpetrados por grupos organizados, que se enfocan en productos de alto valor con el fin de revenderlos en mercados alternativos. Según Checkpoint Systems, estos grupos criminales detectan oportunidades lucrativas en diferentes sectores, llevándose mercancías que, al venderse fuera de los canales formales, generan un doble perjuicio: la pérdida económica directa y la competencia desleal en el mercado.
Además de las pérdidas materiales, el estudio revela un problema de seguridad para los trabajadores del sector. La mitad de los comercios ha notado un aumento en la agresividad de los delincuentes, tanto verbal como física. Esta tendencia ha hecho que el personal de tienda y los equipos de seguridad se enfrenten a situaciones cada vez más peligrosas. Los expertos señalan que esta escalada de violencia podría tener consecuencias adicionales para el sector, al aumentar el estrés y la rotación laboral entre los empleados, lo cual afecta la calidad del servicio al cliente.
Otro dato relevante del barómetro es la multirreincidencia de los ladrones: el 64% de los hurtos son cometidos por personas que incurren en tres o más robos al año. El perfil más común es el de una persona menor de 30 años, lo que sugiere una tendencia preocupante entre la juventud hacia este tipo de delitos. Pese a que se han presentado denuncias en el 64% de los casos, sólo la mitad (el 52%) han tenido una resolución favorable, lo cual plantea la necesidad de mejorar los mecanismos de justicia y colaboración entre el comercio y las autoridades.
Tecnología, vino y licores y cremas faciales, entre los productos más codiciados por los ladrones
El estudio también proporciona un desglose de los artículos más hurtados por categoría, lo cual ayuda a comprender mejor el patrón de interés de los delincuentes. En el sector de alimentación y bebidas, los productos preferidos son el vino, los licores, los embutidos y las conservas. Además, el aceite se ha convertido en un objetivo cada vez más popular entre los ladrones, impulsado por su aumento de precio en el mercado. En el ámbito de cuidado personal y belleza, las cremas faciales encabezan la lista, seguidas de los productos de cuidado capilar.

La tecnología también es un blanco recurrente, y un 83% de los comerciantes identifica los modelos de teléfono móvil más recientes como los artículos más vulnerables en esta categoría. En el sector del bricolaje y hogar, las pilas y baterías, junto con las bombillas y herramientas, son los productos más hurtados. Por último, el sector moda enfrenta una situación similar, siendo el calzado, las camisetas, pantalones y vestidos los artículos más sustraídos, junto con accesorios como gafas de sol, que también se encuentran entre los diez productos más robados.
Un cambio reciente en la experiencia de compra ha sido el auge de las cajas de autopago, que han crecido un 19% en el último año. Sin embargo, éstas también se han convertido en un punto vulnerable para los hurtos. Según el informe, el 57% de los comercios cree que los hurtos en estas cajas son mayores en comparación con las tradicionales. Este dato refleja un desafío para la industria: la necesidad de equilibrar la comodidad y rapidez que ofrecen las cajas de autopago con la implementación de medidas de seguridad que limiten su uso indebido por parte de los delincuentes.
El 81% de los comercios usa elementos de protección contra los robos
Para combatir este problema, buena parte de los comercios emplea sistemas de seguridad, como cámaras de vigilancia y alarmas. Un 94% de los establecimientos cuenta también con antenas antihurto y el 81% usando elementos de protección, como collarines, chips araña y cajas de policarbonato. Sin embargo, sólo el 13% de los productos vienen protegidos con etiquetas antihurto desde su fábrica, lo cual representa un área de mejora en la cadena de suministro para reducir el riesgo de hurto desde el inicio.
Algunas tiendas han implementado tecnología avanzada, como la identificación por radiofrecuencia (RFID), que permite un control más preciso y una mejor recuperación de los productos robados. Esta tecnología está presente en el 19% de los comercios, según el informe, y aporta una capa de inteligencia a la gestión de inventario, permitiendo además optimizar la seguridad en tiempo real.
Dado que un 55% de los hurtos externos son cometidos por bandas organizadas, muchos comercios han adoptado medidas específicas para protegerse contra estos delincuentes. El 63% de los minoristas cuenta con protección adicional, utilizando cámaras de vigilancia, y algunos incluso han incorporado antenas capaces de detectar inhibidores de frecuencia y bolsas forradas de aluminio, un método común empleado por estos grupos para eludir los sistemas de seguridad.
La escalada de hurtos, junto con el incremento de la violencia y la profesionalización de los delincuentes, plantea un reto complejo para el sector minorista. Las pérdidas económicas, sumadas al impacto en el personal y los recursos invertidos en seguridad, dibujan un panorama en el que la protección parece pasar por seguir invirtiendo en tecnología avanzada, además de una mayor colaboración con las autoridades para mejorar la prevención y sanción de estos delitos.




