El tamaño medio de los pequeños y medianos negocios españoles es uno de los grandes desafíos económicos del país. La estructura empresarial en España se caracteriza por una altísima proporción de pequeñas empresas, muchas de las cuales encuentran barreras para crecer y consolidarse. Este problema tiene un impacto directo en la economía, limitando la capacidad de innovación, la competitividad y la generación de empleo.
Gerardo Cuerva, secretario general de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME), lo expresó con claridad el pasado lunes, durante una comparecencia pública: “No se trata de que todas las empresas sean grandes. Logrando simplemente que el tamaño medio de las pymes españolas se asemejase al de las europeas, se crearía un millón de puestos de trabajo, se incrementaría nuestro Producto Interior Bruto (PIB) en un 5,6% y se reduciría el déficit fiscal en un punto y medio”. Estas palabras ponen de relieve una de las grandes asignaturas pendientes del tejido empresarial español: el crecimiento de sus pymes.
Las ventas de las pymes europeas son un 33% superiores a las de las españolas
El 99,8% del tejido empresarial de España está compuesto por pequeños y medianos negocios. Sin embargo, a diferencia de otros países europeos, las pymes son significativamente más pequeñas. Según datos de CEPYME, la plantilla media de una empresa española es de apenas seis empleados, mientras que en Europa el porcentaje es de casi diez trabajadores por negocio Además, el número de medianas empresas en España, 19.280 en 2024, debería aumentar un 36% para equipararse con la media europea.
En cuanto a la facturación, las medianas empresas españolas presentan también cifras inferiores a las de sus homólogas europeas. Según datos del Ministerio de Industria, sólo alrededor del 0,6% de los negocios españoles superaron los 10 millones de euros en ingresos anuales, mientras que en Europa este porcentaje es notablemente superior, con ventas promedio por empresa un 33% superiores a las españolas.
Una diferencia aún más pronunciada en algunos países, como Irlanda o Alemania. Mientras que en otros, como Dinamarca y Austria, las ventas duplican las de la empresa media española. En todo caso, esta diferencia en la facturación media refleja la necesidad de impulsar el crecimiento y la competitividad de las pymes españolas para alinearse con los estándares europeos. “El reto de escalabilidad resulta evidente, puesto que el tamaño influye en su acceso a financiación, en su capacidad para innovar y en la posibilidad de internacionalizarse, por citar sólo algunas claves para aumentar su facturación”, explicó a este diario Nador Aguirregabiria, profesora del Instituto Europeo de Innovación y Negocios (IEIN).
Este menor tamaño tiene consecuencias directas sobre la economía nacional. Las empresas más pequeñas, a menudo, también son las que pagan salarios más bajos, lo que dificulta atraer y retener talento. Ello impacta en la productividad, en la competitividad y, en última instancia, en la sostenibilidad del tejido empresarial.
El crecimiento de un negocio no siempre es rentable, según los expertos
No obstante, no se trata sólo de superar barreras, sino de hacerlo de manera sostenible. Precisamente, entre los economistas, el término “progresión funesta” se refiere a una situación en la que el crecimiento de un negocio, más allá de un determinado punto, comienza a generar efectos negativos en su rentabilidad. Un concepto ampliamente documentado, relacionado con el crecimiento descontrolado o mal gestionado, que lleva a desequilibrios financieros o estructurales.
Entre las posibles causas de la progresión funesta de un negocio, Nador Aguirregabiria apuntó los siguientes:
- Economías de escala decrecientes. A medida que una empresa crece, puede enfrentar dificultades para mantener la eficiencia operativa, lo que incrementa los costos por unidad producida.
- Problemas de gestión interna. El aumento del tamaño puede complicar la coordinación y cohesión interna, afectando la productividad y aumentando los costos administrativos.
- Inversiones excesivas. Un crecimiento acelerado puede requerir inversiones desproporcionadas en infraestructura o personal, generando problemas de liquidez o endeudamiento.
- Pérdida de enfoque estratégico. Al intentar abarcar más mercados o productos, el negocio podría diluir sus recursos y perder competitividad.
Como señalaron desde CEPYME, el crecimiento empresarial no puede depender exclusivamente de la voluntad de los empresarios. Se necesita un entorno más favorable, con regulaciones que faciliten la escalabilidad de las empresas, con mejores opciones de financiación y con políticas que fomenten la innovación y la digitalización.
“En resumen, las empresas necesitan estabilidad regulatoria y un entorno fiscal que recompense el crecimiento y la inversión en innovación”, recordó Aguirregabiria. “Si realmente queremos que nuestras pymes compitan con las europeas, entre todos debemos eliminar los obstáculos que limitan su desarrollo”.
Así, potenciar programas como CEPYME 500, con incentivos para que las pymes superen las barreras del crecimiento, podría incluir, según concluyó la experta, “incluir medidas fiscales que premien la reinversión en crecimiento, mayor acceso a fondos de inversión y una reforma administrativa que simplifique trámites para los negocios en expansión”.
Las pymes ayudadas por CEPYME han tenido un 15% más de ventas de media en los últimos cuatro años
Para abordar este problema, la patronal de los pequeños y medianos negocios desarrolla, desde 2017, el programa CEPYME 500. Su objetivo es identificar y dar visibilidad a las 500 pymes españolas con mayor potencial de crecimiento, clasificándolas por sectores y comunidades autónomas.
Las empresas seleccionadas deben cumplir criterios de solvencia, crecimiento, innovación y proyección internacional. Según los datos presentados en la última edición, las empresas que han formado parte del programa han tenido un crecimiento medio del 15% anual en sus ventas durante los últimos cuatro años, muy por encima del promedio del sector empresarial.
“Identificar y apoyar los negocios con más capacidad de crecimiento es clave para transformar nuestro tejido productivo”, señaló Aguirregabiria. “Y programas como este son un paso en la buena dirección, aunque necesitamos más iniciativas para garantizar que este crecimiento sea sostenible”.

Estas pymes reciben apoyo en áreas clave como la internacionalización, la digitalización y la captación de talento. Además, tienen acceso a una red de networking y colaboración con grandes empresas y entidades financieras que pueden facilitar su expansión.
En todo caso, si el crecimiento empresarial es tan crucial para la economía española, cabe preguntarse por qué no hay más pymes dando el salto a medianas empresas. La experta señaló varios factores estructurales que dificultan este proceso:
- Carga burocrática y regulatoria. Un 15% de las pymes en España reconoce que la burocracia es uno de sus principales frenos. La complejidad de los trámites administrativos y la rigidez normativa desincentivan el crecimiento.
- Acceso a financiación. A pesar de los esfuerzos por ampliar el acceso al crédito, muchas pymes encuentran dificultades para obtener financiación en condiciones favorables. “El acceso a financiación es una de las barreras más recurrentes que enfrentan las pymes. A menudo, carecen de avales suficientes o de un historial financiero que les permita acceder a créditos en igualdad de condiciones con empresas más grandes”, advirtió Aguirregabiria.
- Costes laborales y fiscales. El salto de un pequeño negocio a uno mediano implica afrontar mayores costes salariales y tributarios, lo que en ocasiones desincentiva la expansión.
- Dificultad para atraer talento. Empresas más pequeñas tienen menos recursos para ofrecer condiciones competitivas que retengan a los mejores profesionales.
- Barreras a la internacionalización. Las pymes españolas exportan menos que sus homólogas europeas. Sólo un 5% de las pequeñas empresas está presente en mercados internacionales.





